Una caminata por rio sena

El lunes de esta semana tuve que estar en la CDMX para cobrarle a un cliente, mientras alguien estaba en mi casa del Edomex. El asunto tuvo sus complicaciones, principalmente porque la idea era salir, después de ver al cliente, ir a hacer tres pagos y regresar a mi casa. Desde 2010 tengo la costumbre de, aunque tenga la reserva de dinero, jamás pagar con días de anticipación (es decir, más de un día) servicios de sistemas o de facturación electrónica, porque nunca sabes lo que pasa con el proveedor.

El caso es que mi prioridad era pasar a dos bancos diferentes, pero coincidió que era lunes en horario de carga de cajeros de dinero o ATM. Mi cliente está en la Condesa, por el parque España, y el metro más cercano es Chilpancingo. Normalmente lo veo a eso de las 10 a la 1 de la tarde, pero en esta ocasión quedé de verlo a las 9, así que ya estaba en su edificio, en el penthouse mencionado. Ya cobré y me comentó lo mismo que he dicho: que la IA no le está funcionando, que está desvariando mucho, y palabras textuales: “ya me desesperé”. Y estamos hablando de una persona que, como yo, estuvo varios meses, casi un año, obteniendo resultados, y lo que vemos ahora es basura.

Salí de su oficina y me dediqué a ir a los bancos, con tan mala suerte que estaban cargando los cajeros y tuve que hacer fila, lo cual no me desesperó, y pasé a sucursal. Por un error, tuve que pasar a tres sucursales de banco por un pago incompleto, y como tuve que caminar bastante, en realidad hice dos horas caminando y haciendo fila en bancos, en los cajeros humanos.

Empecé más o menos por metro Chilpancingo (línea café) y acabé por metro San Cosme (línea azul) dos horas después. La única parada fue en unos tacos de milanesa que he comentado que son muy buenos, y me tomé tres, pero tampoco voy corriendo; siempre camino normal, respeto el semáforo y no tomo riesgos innecesarios. Así que dos horas para seis kilómetros y medio, más o menos entre las dos estaciones de metro, en dos horas no está tan mal. Un banco fue en Reforma, otro en Niza, y el tercero, el Banamex de Sullivan, por río Rhin.

Pero este mensaje se llama Una caminata por el río Sena. ¿Por qué?

Desde 4to año de primaria empecé a regresarme solo a mi casa, y era una escuela particular llamada Instituto Boston, en río Sena, a la altura de la plaza Necaxa. Y el camino de ayer, saliendo del banco de Niza, hacía que lo más sensato fuera usar Río Sena en vez de Rhin por los cruces complicados, y seguía buscando un tercer banco que nunca vi, aunque ese pago no era urgente; las dos sucursales del primero no tenían sistemas, así que no lo cuento como parada.

Caminando por río Sena, desde la glorieta de los Insurgentes, al pasar la avenida Reforma entra una zona de la ciudad que conozco bien. Fui mucho durante años y viví allí unos tres o cuatro años por lo menos.

En 1980 específicamente empecé a caminar por esa calle para llegar a mi casa en río Niagara. Recuerdo muy bien el tiempo porque fue la visita del papa Juan Pablo II a México, y mi padre diseñando la campaña publicitaria impresa, así como la compra en Liverpool de Los Pardaillan de Zevaco. Eso fue la primera parte de 1980, y el tiempo coincidió con el Instituto Boston, una primaria pretensiosa que, por problemas de despotismo, tuvo que cambiar de nombre y decir “nueva administración”.

Estoy muy seguro de que fue en 1980 o 1981 lo que escribo, debido a que 1981 también fue un año atareado para mi papá, y lo habría visto menos si hubiera sido Turandot (que fue de 1980). Así que asumo que los hechos mencionados son de 1980 a 1981. El nombre de la escuela lo tengo claro, pero el «Instituto Boston» y el nombre actual y los de en medio tuvieron muchísimas quejas; sin embargo, el sitio web ya no está en línea. Otra cosa por conexión: caminar del Boston, en río Sena, a mi casa eran unas diez cuadras, como un kilómetro. Seguramente nos cambiamos allí y al Boston para que yo pudiera ir y regresar solo; en Polanco era imposible por la distancia y por lo cafres.

Las escuelas particulares de clase media alta en México tienen, de todos modos, precios sorprendentes y a veces inaccesibles, pero ahí exageraban. Sin embargo, para mí leer Las aventuras de Juan de Pardaillan en París y el río Sena me hacían sentir un poco así, porque también yo me movía por el río Sena, y el arroyo vehicular.

Era una escuela donde nos daban unas cuatro horas de español y unas tres de inglés. La maestra de inglés se llamaba Miss Martina, y eran 22 alumnos, solo hombres. Veíamos a las damas/compañeras a la entrada y salida; en el recreo no.

Me acuerdo el número 22, no por relacionado con el Tarot, sino que mi número de lista era 22 y pasaban lista por número.

Hay dos partes interesantes en el manejo del Boston: la lectura y la comida.

La lectura:  Mis compañeros de grupo estaban mucho mejor en inglés que yo; cuatro horas de inglés diarios los hacía mejores, y teníamos gramática, spelling, etcétera… pero NO SABÍAN LEER EN INGLÉS. No me estaban probando. Simplemente no podían leer varios de ellos. Teníamos unos libritos caros y estúpidos, y el más representativo era de un señor de 60 años, cazador, que salía de su casa a matar a un mapache. Yo les leía en voz alta el libro y ya lo contestaban en ejercicios, o cuando nos decían la tarea, yo se los leía y ellos contestaban así mismo. Pero creo que de 22 solo dos o tres leíamos en inglés. Y yo estaba leyendo en español Los Pardaillan y algo más. Probablemente El capitán Tormenta de Salgari, pero de eso sí no me acuerdo gran cosa; sí del libro rojo que llevaba en la mano, que no era la mochila. Por lo menos nos hubieran dado versión en inglés de Los tres mosqueteros o de Sherlock Holmes.

La comida : Tenían un servicio de comedor caro y malo. Como parte del uniforme hubo un saco de los lunes, muy caro en proporción; ahora calculo que debía ser de unos 450 USD, pero de muy alta calidad. Tal calidad que al ir a Bellas Artes a ópera con mi papá, solía ponerme eso y le preguntaban a mi padre dónde lo había comprado.

Mientras mis compañeros estaban en babia, yo estaba en Bellas Artes con mi papá los viernes y domingos, que eran los días de ópera. Parado afuera del Palacio de Bellas Artes, con la maleta de cosas de mi papá mientras él firmaba autógrafos. Probablemente nos íbamos siempre que era función, a eso de las 11 de la noche, por lo general a un restaurante donde solían hacer comida después varios de los cantantes, más bien cena. Y eso duró de 1980 a 1981. Por ejemplo, en 1980 mi padre cantó Don Carlos (sinfónico, no había escenografía), TurandotTosca y Madame Butterfly. En 1981, que también estuve en el Boston, probablemente fue la primera Carmen en Bellas Artes, pero sí me acuerdo de que en dos de las tres temporadas de ópera anuales fueron Madame Butterfly, y no me extrañaría que una Aida y una Tosca. En 1980 además fueron Las traviatas en Chihuahua, pero…

El caso es que en 1980 yo estaba metido en un mundo de adultos: leyendo, pensando, escribiendo notas simples para preguntarle a mi papá, yendo a la ópera, y mis compañeros no sabían leer en inglés.

El segundo incidente era la comida de la escuela. Mi padre no regateaba ni discutía por dinero, pero no dejaba que le vieran la cara. Cuando se contrató ese año y se pagó la colegiatura, inscripción y demás, y los 9 libros más o menos entre inglés y español, le dijeron que había servicio de comedor y mi papá les dijo que no era necesario. La persona con la que hablábamos era la directora, y se puso pedante, y mi papá dijo: “No voy a discutir con usted; eso me lo gasto en libros. Así que ponga el comedor completo, pero la comida que describió no la come mi hijo. No es que le haga daño, sino que él come sano”.

Así que todo el tiempo allí desayuné en mi casa avena y un montón de vitaminas, llevaba dos sándwiches preparados bien servidos, uno de jamón y otro de pastel de pollo, y a veces un medio sándwich de crema de cacahuate. Jamás pasé hambre.

Mis compañeros comían huevos estrellados con frijoles, arroz, calabacitas; molletes era lo típico. Yo conocía los molletes de “La Escondida”, así que tengo presente que eran molletes mal preparados, sin carne ni nada. Llegué a tener enfrentamientos o discusiones porque me llegaron a pedir que les vendiera uno de mis dos sándwiches y medio. Y mi papá todo el tiempo pagó el comedor completo. Lo que hice a veces fue pedirme mi comida, a la que tenía derecho, y dejar que los compañeros se comieran los huevos estrellados o molletes.

Me acostumbré a comer sin líquidos por dos razones: mi padre decía que la gente se llenaba de agua, y lo que les daban era un vaso chico de leche.

Mientras ellos comían, mi comida estándar eran mis dos sándwiches y leer. Ya entonces había leído La Eneida, y me llamaba la atención que la gente tuviera tanta hambre que, en un lugar de la Eneida, hasta los platos de pan se comían.

Ahora, en mi caminata del lunes, pasé por el Boston. Ahora se llama Instituto EMMA Manuel Acosta. El comedor completo vale 3600, la comida de un día 350. Uff… ¿esa mierda?

No conocía yo el costo, pero en su momento sí le pregunté a mi papá por qué pagaba la comida si no la iba a comer, y dijo: “Para que no te ataquen, y no tiene caso discutir con el director”.

Y ahora que lo pienso, hubo ocasiones en que éramos muy pocos los que íbamos a clases, porque estaban enfermos del estómago varios.

Una escuela olvidable.

Conozco varias personas de escuelas particulares, y yo estuve mucho en particulares. Incluso ahora, mientras escribo en mi casa en el Edomex, hay unos volantes impresos de escuelas que no se ven mal, con 7 mil de inscripción a secundaria y mensualidades de 5200, pero me consta que la escuela tiene alberca y talleres de arte, que ya en su momento recomendé a unos vecinos porque dio la casualidad que conozco el lugar por la alberca. Hay siempre otros; por ejemplo, estoy seguro de otro volante la semana pasada de 2500 de inscripción en promedio, desde preescolar a secundaria, y colegiaturas de 3200 a 3500.

Sí, conozco personas de nivel alto que pagaron durante años, a lo menos, en 2017, 9 mil mensuales de escuelas pretenciosas, y del único que conozco calificaciones de secundaria en las Lomas de Chapultepec, sacó 7. Así que, si pagando más de 20 mil al mes sacabas eso, pues hay un problema. No hubiera pasado la escuela normal.

En mi caso particular, mis hijos estuvieron en una particular hasta que la mamá hizo una de sus estupideces del 2011, y luego por meses no fueron a la escuela y no pude verlos. Cuando me los regresaron en 2017 Luego solo hubo cupo en una pública por Marina Nacional, y a la vuelta de mi casa hay una secundaria pública, así que allí estuvieron la secundaria. No tiene caso ir a otra que te queda a menos de dos cuadras, y estaba yo allí en entrada y salida.

Pero regresando al río Sena hoy: 3600 comedor completo de lo que hace años era basura. ¿Y las críticas del Boston? Lo que vi no era de buenas personas. Si adulabas a personas déspotas, sobrevivías. El Pardaillan que se movía en el río Sena, en las aventuras, hacía lo que debía hacer e iba confiando en su espada y diciendo: ¡Por Barrabás!

En 1996 tuve una relación con una doctora, que también vivió cuatro días en río Sena, justamente a una cuadra del Boston. Esa historia fue rara. Cuando la traté antes de mis heridas, me comentó que estaba pensando en qué hacer si tenía un problema por su tía. En 1992 ella estaba terminando la carrera de Medicina en Guadalajara, ya con internado y todo; me llevaba unos cinco años. Sí, siempre les he gustado a las mayores que yo. En México me acuerdo que esta dama estaba en un consultorio o torre médica por Guadalupe Inn, y que después de un problema de su tía, que me contó una vez que la vi en 1992 en México, le comenté de cierto tipo de suites amuebladas, seguras. Justamente una era en la esquina de Plaza Necaxa y río Sena; todavía siguen existiendo, y otras, unos edificios muy decentes por río Ebro.

Cuando empezamos la relación de pareja, yo trabajaba en Polanco y ella pasó a vivir como una semana en las suites amuebladas de río Sena, que no eran demasiado caras, y calculo que debían ser como una renta actual de 12 a 14, y el gasto habrán sido unos 5 mil de ahora por una semana, pero como doctora y con papás que le dan dinero, pues no estaba mal. Así que para mí fue raro caminar este lunes mezclando tres épocas: las aventuras de Pardaillan en los 1980s y mis propias andanzas en la primaria; la etapa de joven de 27 con trabajo fijo y novia profesionista; el río Sena eran mis rumbos.

Ahora pasando por allí veo que el lugar va teniendo varios problemas, y creo que la última vez que pasé fue hace dos años. ¿Comedor completo de 3600?

Todo el tiempo en esa escuela y en mis caminatas pensaba en los Pardaillan. El tiempo con esta dama explicado como personas abusivas en el trabajo y el esposo del que estaba separada: eran personas que trataban de quitarle a uno su libertad, y que además de abusivos trataban de imponer sus problemas en uno.

Y si lo pensamos bien, lo mismo: mi padre no discutía por dinero, no se iba a discutir con una directora. Lo que sí me acuerdo es que pagó el año por adelantado; cuando pagó los útiles, le descontaron uno o dos meses y eso pagó el comedor de sobras, literalmente, el comedor era sobras.

Desde esa época he tenido la mente libre.

Ahora, a mis 54, solo pude ver la zona, leer los anuncios o tablones que ni precios decían, excepto el del comedor y actividades de verano mal hechas. Hasta las escuelas del Edomex de mi casa se ven mejor. Conozco personas que sí llevarían a sus hijos allí, pero el problema no son las cuatro horas diarias de inglés o la comida asquerosa.

Era mucho mejor alimento: mis dos sándwiches y mis Pardaillan. Y yo me veía obligado a leerles a varios de mis compañeros, pero hablaban el idioma y no lo podían leer en complejo. Literalmente leían cosas como “Mary had a little lamb”, pero las aventuras del señor estúpido que salía a cazar al mapache, de noche, en pijama, con perro y con el clima de USA, pues no podían.

Los que metían a sus hijos allí pensaban protegerlos, y los metían en esa prisión. Para mí, en los tiempos muertos de clase pensaba en lo siguiente que pasaría en los Pardaillan, o las próximas historias por salir, o si iba a ir a Nuevo León o Guadalajara, sin problemas para leer. Ninguno de mis compañeros tenía paciencia. Presunciones.

No sé si me dio la paciencia el estar afuera del teatro mientras mi padre firmaba autógrafos o leyendo, pero desde entonces vivo libre.

El río Sena es como el Viaje a Ixtlán: si caminas de manera rápida y confiada con tu espada y tu caballo, o si simplemente no puedes ni leer en inglés las desventuras de un viejo estúpido mientras pagas molletes a precio de oro.

Prefiero mil veces una escuela como las otras escuelas particulares de cdmx y Guadalajara que fui o las de mi casa de Edomex, aprecio la sabiduría de mi padre al ver el menú primero. En su momento no pude darles a mis hijos los Pardaillan, pero algunos sabemos que sándwiches de pastel de pollo y de jamón bien servidos son mejor alimento que el comedor completo de 3600 al mes.

Lo simple y bien hecho vale mas que lo caro y vacío.