He comentado que en mi caso personal nos tomamos muy en serio la pandemia de coronavirus, porque el 19 de marzo de 2020, el día antes de que se declarara alerta, quedamos en el trabajo que yo iba a trabajar de manera remota y una persona se murió.
Siguiendo en contexto: mi esposa iba a quedarse ese último día ahí, así que me esperé. Ella llevaba dos meses más o menos de haber reingresado al cliente, y su estancia anterior fue de 2014 a 2018, salió unos dos años antes debido a que habían personas insufribles del cliente con las que no tenía caso tratar. En enero del 2020, cuando la de Recursos Humanos no podía llenar el puesto, me dijo: «¿qué hago?», y le dije: «lo que necesitas es a mi esposa por tal, tal, tal».
Finalmente ella entró para hacer reportes a dirección y otras cosas, y como los de sistemas no hacían nada, y yo estaba por facturas de mi empresa y no por nómina, lo que hicimos fue ponerla en mis facturas. Sí, no hay seguro social, pero no nos afecta. Y en 2026 sigue allí todavía conmigo.
El caso es que el 19 de marzo de 2020 me quedé ese día y hablamos con algunos a uno o dos metros sobre cómo íbamos a funcionar de manera remota, incluyendo al jefe de cobranza, Mario, una persona decente de unos 40 años y 140 kilos de peso.
Al día siguiente nos enteramos de que Mario estaba muerto. Los hechos fueron: la hija fue a la tienda, cuando regresó ella, el empezó a ponerse mal, y en dos horas estaba muerto.
Como es de esperarse, todos lo tomamos en serio a la pandemia. Un detalle curioso es que uno de los mejores fierreros o expertos en hardware que he conocido, tocaba en un grupo musical en sus ratos libres, y después de una discusión con el jefe de sistemas en febrero de 2020, renunció. La lógica supongo que fue que es fácil entrar como soporte técnico experimentado, y que andar en un grupo musical era otro ingreso, pero la pandemia frenó todo eso. El reemplazo, por cierto, llegó antes de la pandemia, resultó ser un bueno para nada, y creo que no duró ni siete meses.
La empresa en cuestión ya tenía ciertos problemas, no graves pero sí dignos de ser tomados en cuenta, y la pandemia provocó muchísimos líos. Creo que se perdieron el 60 por ciento o más de los clientes que quedaban. Varios de mis clientes tuvieron problemas también y estaban en control de daños a su manera.
En mi empresa con empleados, Tuve un empleado que mataron en un oxxo por error en 2020 y dos que les dio CoronaVirus. Preferí dar liquidaciones a todos, dejar de manejar nóminas y me descapitalicé, pero era lo mejor en las circunstancias.
- En el Imss existe una prima de Riesgo de Trabajo se hace el calculo anual de porcentaje variable aplicado sobre el Salario Base de Cotización (SBC) de los empleados. Se ajusta cada año con base en la siniestralidad o historial de accidentes y enfermedades de la empresa.
- 2020 fue un año brutal: a uno de mis colaboradores lo mataron por error en un OXXO debido a la delincuencia de la ciudad, y otros dos con complicaciones de coronavirus. Además del factor humano y emocional, como rebasaba los 10 trabajadores, era posible que la Prima de Riesgo del IMSS se disparara a niveles imposibles. Con clientes en cartera vencida que simplemente no estaban pagando, la presión financiera era un riesgo real. Tomé la decisión más sensata y humana, aunque me descapitalizara: asumir el costo y otorgar las liquidaciones de ley a todo mi equipo antes de que cambiara la prima del IMSS. Era la única salida sensata.
La decisión que tomamos en casa fue que mi esposa salía con todas las precauciones al mandado, y rara vez salía yo. Como teníamos perros chicos, una vez cada 20 días yo iba por el costal de comida de perro, pero fuera de eso rara vez salía. ¿Por qué? Pues porque los clientes me hablaban mucho y esperaban una respuesta inmediata. Ese era nuestro producto: limpieza digital y planes de contingencia. Fue lo que tuve que hacer dos años, además del trabajo del cliente principal. A mí me dio covid hasta diciembre de 2021, pero ya vacunado, y aunque varios conocidos murieron y otros quedaron con secuelas porque les dio antes, yo solo noto OCASIONALMENTE problema para encontrar una palabra, pero puede deberse también al curso de la edad, o porque no como demasiado atún y sardina porque tienen efecto secundario en la tiroides como hipertiroideo, y la falta de selenio puede tener efectos como esos. Pero empezó a pasar justo la semana que tuve COVID.
La prueba del Covid de 2021 fue de churro, es decir, no era necesaria en apariencia, debido a que por alguna razón el 29 o 30 de diciembre mi hija necesitaba una y yo me la hice; ella salió bien y yo salí con coronavirus. El miedo de la del centro de salud era notorio. Y yo me di medio cuenta cuando dijeron los primeros positivos. Creo que ese día eran 100 pruebas y 13 o 14 dimos positivo, pero los nombres que dijo de los primeros siete ya se veían enfermos. Yo, afortunadamente, no. Como resultado pasé desde el 30 y 31 en aislamiento hasta el 5 o 6 de enero.
Otros detalles interesantes de la pandemia:
- Con el cliente grande descubrimos a uno nuevo de compras borrando todos los correos: sabotaje. Inmediatamente tomamos medidas, se le corrió y dos personas aislaron el equipo y lo pusieron aislado, porque además él tenía coronavirus. Ese creo que no se murió. Tuve que hacer muchas cosas para recuperar su correo de un respaldo sin recuperar el de todos los demás. Recargar a un dominio nuevo el respaldo, borrar todo lo demás, y fusionar el correo respaldado. Fueron como dos días. Hay que recordar que cada correo es un archivo, así que rápido no es y sobre todo cuando importas desde Thunderbird / Outlook y en plena pandemia que el internet estaba saturado, se usaba más y era menor la capacidad a la que tenemos ahora.
- El jefe de sistemas estaba terco en que todos debíamos en marzo de 2020 hacer que nos diera coronavirus para inmunidad de rebaño. No sé cómo no le pasó nada; probablemente su desidia y falta de movimiento lo salvaron, porque lo veía yo por el edificio del cliente una o dos veces al mes antes de la pandemia.
Algo curioso es que con la pandemia el director (que es mi jefe actual y que conozco desde 2003) se dio cuenta de que para fines prácticos, en abril de 2020, mi esposa y yo hacíamos solos todo lo de cobranza y facturación, además de los reportes, y yo todo lo que tenía que ver con servidores de doce razones sociales. En junio fue más obvio, y por decirlo bonito, dejaron ir al jefe de sistemas, y en noviembre mi esposa y yo éramos de los únicos siete que se quedaron en la empresa; la mayoría muertos o corridos por no hacer nada. A la fecha, en ese momento, éramos de oficinas: la tesorera que ya estaba por jubilarse y su ayudante que se murió de cáncer acabando la pandemia; una secundaria de Recursos Humanos pero capaz de hacer todo sola; el de compras nuevo que funcionaba bien vía remota y que además era pariente político del director; el personal restante era el responsable de almacén que igual se murió, y el chofer del director pasó a llenar los zapatos; el responsable del CEDI de Central de Abastos que se jubiló dos años después, más sus choferes que siempre eran medio variables; y el responsable de planta. Eso si Sí, sin contabilidad, no es error. Eso se resolvía desde principios del 2020 por un despacho contable al que yo le pasaba un montón de incidencias. Pasamos de ser unos 47 a 8 personas. Mi esposa y yo dos de ellos.
Acabé pues el 2020 con un trabajo cómodo, una disminución de ingresos porque el cliente estaba en las últimas, y la promesa de que después me iba a reponer el dinero. A mí me quedó a deber 240 a 260 mil pesos, pero sigo vivo y he recibido más que eso desde 2022.
No me puedo quejar. Sí, mi vida se vio afectada un poco por la pandemia, que personalmente creí que se iba a tardar un año más en enderezarse. Como dije, tenía 48/49, pero no entra tanto en la edad, sino que fue un evento, como diría mi hija, «canónico de desarrollo de personaje». A mí en cierto modo me benefició porque aunque el cliente me pagaba una parte y no era constante, y los otros ingresos bajaron, el trabajo remoto tiene sus ventajas y mi plus siempre ha sido responder rápido.
Incluso ahora que estoy escribiendo desde una casa sin internet, ayer le resolví en menos de 20 minutos a ese jefe de compras un problema usando acceso remoto desde mi celular en el jardín de la casa, en menos de 20 minutos, incluyendo el webmail, pero el problema era su Outlook local.
Muertos varios
Sin entrar a una relación exhaustiva, me parece que en enero de 2021 murió uno de mis tíos más importantes porque hizo fiesta de fin de año con todos sus hijos, y el 15 de enero estaba muerto, y eso que tenía todo el dinero del mundo. Dos malos jefes que tuve también murieron y hubo esquela. Uno en las gaseras donde lo contrataron de nuevo a pesar de todos los problemas que causó y no tener título, incluyendo ser el gerente cuando la explosión de la pipa en el hospital infantil; y el otro, un gerente déspota de 2003 de una empresa del sector eléctrico. Malas personas.
Dos conocidos medianamente cercanos quedaron muy dañados por las secuelas: uno sordo y el otro con cáncer y otras cosas. Su trabajo lo obligaba a convivir con mucha gente y le dio Covid como cinco veces.
Varios de mis clientes secundarios murieron, los clientes de ellos murieron, o decidieron ellos mismos cerrar. No fue tan duro como lo del 2001. La pandemia para fines prácticos duró dos años, y yo pensaba que iban a ser tres por lo menos.
Era probable Un año extra de pandemia. Muchas cosas hubieran cambiado, no necesariamente para mal, no necesariamente para bien. La educación en México yo creo que sigue resentida por lo que pasó a los jóvenes. Mi hija estaba en secundaria y creo que es la única vez que ha habido televisión abierta en mi casa desde mis 20, o sea desde 1992.
Dentro de los grupos de camino rojo, o tradiciones mesoamericanas, se formó un grupo que ha ido cambiando con el tiempo, desde 1992. En 2015 se dieron las cosas de tal modo que empezamos a hacer más salidas, preparándolos para algunas de las cosas que me pasaron a mí en la sierra, de las que prefiero no hablar mucho para que nadie diera cursos. La pandemia me obligó a usar uno de los planes de contingencia, y probablemente las pruebas de ciertas cosas se pierdan. No puedo hablar de lo perdido, porque sería dar pie a vender cursos. Si bien en 2015 todavía era posible salir a carretera a pesar de la criminalidad, después de la pandemia se volvió más riesgoso, casi suicida.
Por lo mismo, el plan de contingencia de los existentes fue cambiar más a otra parte que se hablaba en mis tiempos en la casa de Tapalpa, con mi maestro tradicional que fue Marino, aunque las salidas al bosque y cuevas se dejaron de hacer por la pandemia.
Como dato curioso: en el año 2017 más o menos llegó la última persona «estable»; dos personas que aparecieron en 2020 más o menos se desaparecieron por pandemia, y hay una persona que lleva menos de un año. Incluso mi hija, después de ciertos asuntos en 2023, no tiene contacto con varias personas de mi vida por inestabilidad provocada por su señora madre.
Uno tiene que trabajar sobre lo que ha sido dañado, tratando de mejorar un poco cada día, y sobre todo aprender algo real. Eso se puede hacer aún con pandemia. Pero, por ejemplo, si bien no es pandemia, de momento llevo seis días sin internet en esta casa. Salí rápido para cobrar a un cliente, pero fue con un propósito determinado. Con Pandemia no hubiera sido mayor diferencia excepto más reservas de comida aquí. En efectivo aquí tengo el equivalente del ingreso de dos meses. Algo en bancos y algo mas en otra casa. Hay ideas pero usarlo de momento no es sensato.
Cuando no es necesario pelear, cuando uno está a la espera y no es necesario entrenar, se descansa.
Me falta aquí una computadora más poderosa y más libros, pero mientras tanto descanso. Puedo darme el lujo de estar una semana o dos de «vacaciones» forzosas esperando al técnico. Si tuviera perro aquí sería un problema porque tendría que sacarlo y correr el riesgo de no estar cuando viniera el técnico; poner un letrero de «salí a pasear al perro» podría no ser suficiente, y si hay perros que sacas dos veces al día porque si no hacen sus gracias dentro. Por otra parte no hay técnicos que vayan a casa después de 18 horas.
Debido a la falta de la computadora de mi esposa en noviembre 2015 empecé a usar Eve Online. No pasa nada si no doy seguimiento a eso nunca más, aunque me hace pensar: estar aquí no me molesta, y como es Eve Online, no es «offline», no hay gran cosa que pueda hacer. Llegando a la casa si checo unas cosas rápidas, porque hoy tengo que regresar a pagar unos servidores que no quiero pagar desde una PC diferente a la mía.
Algunas personas me han dicho que estar conmigo es como estar de vacaciones. Será porque no tengo prisa ni ambiciones. Sí, hago cosas que debo hacer pero siempre con tiempo. Antes de la pandemia estuve resolviendo varios asuntos medianos de clientes en el interior del país, pero con la pandemia no es que eso se acabó, sino que los clientes de mis clientes se apagaron.
La pandemia me hizo darme cuenta que me salvé por observador, de las reglas y de la realidad.
Ayer martes pasé muy rápido por un tianguis de tres cuadras que hay aquí en el Edomex, y solo vi un puesto de pollo, que por otra parte compro en el súper. Uno con muy poca ropa de bebé. Un letrero de carnitas o algo así que decía «transferencias a Uber Aguaje», unos dos puestos de cosas de fundas para celular. Muy poca comida real. Jitomates no vi. Será poder adquisitivo o algo más, no lo sé, pero sí vale la pena destacarlo.
Yo de comida ayer no comí avena, pero pasé rápido mientras alguien estaba en casa, a un puesto de tortas de carnitas que están a unas cuatro cuadras de mi casa: desayuné y cené carnitas y un yogur líquido. En caso de quedarme aquí sí tendría que ponerme más variedad de alimentos, pero son proyecciones suficientes y tengo reservas; de momento no tengo hambre.
En pandemia siempre tuve la mente funcionando. Explico algo más por contexto.
La primera vez que fui a Guadalajara de visita en 1985 (ya había ido antes pero nunca me subí antes a un microbus) me subí con una tía y yo era tan iluso que pensaba que los micro buses no se movían hasta que uno se sentara. Pues no: casi salgo volando. Ya en el 1986 viviendo allí, sí a veces había que tomar autobús de una de las tres infames compañías de autobuses de Guadalajara: los naranjas, los verdes o los infames blancos y trolebuses. Pero tomé la costumbre, incluso desde antes de aprender defensa personal, de catalogar a los que encontraba en el transporte como peligrosos, no peligrosos, etcétera. La idea era un poco de qué pasaría si nos quedáramos aislados de la civilización; seguro alguno de ustedes lectores ha pensado lo mismo en el metro. Por lo general mi conclusión es que de la mayoría no se hacía uno; a veces las damas de 41 eran más centradas que las de 20, o un señor ya mayor era el único confiable, mientras que los demás se veían distraídos, enojados, presas de emociones… pero intuías. Y no peligrosos.
Por épocas de leer libros sobre cómo algunas personas sobrevivieron a campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial, la estrategia mental que yo tenía pre-hecha es: en lugares cerrados, personas desconocidas, mantenerme al margen. Eso me dio un poco el papel de observador desinteresado e independiente. Vi varios bravucones con más años que coeficiente intelectual. Uno o dos casos medianamente estables y civilizados, pero como diría Wilt: a lo largo de los años he visto mucha exposición a la barbarie.
Ayer hubo tres ejemplos que me parecieron curiosos de mi vida cotidiana. El lunes antes de salir me llegó una notificación de un conocido opinando de La Casa de los Famosos en Facebook, lo cual creo que es un reality. Punto en contra y distracción, vivir vida por lo que hacen otros.
Ayer al revisar mi celular antes de constestar vi que un conocido que se rompió la cadera hace como cinco meses, que fue jefe de departamento de la paraestatal, tiene la imagen de Darth Vader en su contacto, y un estado anunciando algo referente a un negocio secundario que aprendió a hacer en la paraestatal. No sé si ya pudo regresar, pero es rara la coexistencia de tres cosas: menos de 50 y cadera rota por su peso, identificarse con Darth Vader, y el negocio secundario. En la pandemia no me imagino cómo le iría.
El segundo caso fue un hombre «joven», a finales de sus 30, casado, al que me he referido antes como «Mateo» en escritos de 2024. Él sigue en la paraestatal por lo que sé, pero ganando la mitad; no es mala persona pero no es buena persona, tiene la voluntad y consistencia del papel mojado. La foto que puso ayer se le ve cargando a su hijo de dos años, y se le ven… arrugas en el cuello, patas de gallo a los lados de los lentes, y unos brazos tipo espárragos. ¿Algún tipo de enfermedad? Quizás cáncer, comía lo que no debe comer. No lo alimentaba.
Pero hay cosas que no tienen explicación. El espejo me devuelve una barba gris, sí, pero no tengo patas de gallo ni arrugas en el cuello. A pesar de que no hago ejercicio, mis brazos se ven como los de alguien en sus 20s; mi antebrazo y bíceps están cubiertos de pelo negro y se nota la fuerza.
Tengo 54.
¿Qué les pasó? No lo sé. Lo que es que la pandemia sirvió de pretexto a muchos para dejar de analizarse, y la enfermedad como la de la cadera, o la suya, puede llevar a distracciones y descuido físico. De 2017 a 2026 tuve que resolver muchísimas situaciones como padre que mi padre no tuvo que resolver conmigo, y no por eso tengo 140 kilos, cadera rota, brazos delgadísimos, patas de gallo o arrugas en el cuello.
Tengo el aspecto de unos 40 años en físico, menos por la barba, claro.
No he visto cosas de la universidad (licenciatura) desde el domingo; no serviría de nada preocuparme si hubo algo por hacer ayer. Cerca de aquí no hay donde cargar tiempo aire al teléfono, ni cibercafés. Por lo general los trabajos son para domingo o miércoles, por eso hoy pienso salir de aquí a las 18 horas para ir a la casa, principalmente a el pago del servidor… o si hay algo que entregar de esas últimas materias.
No estoy desconectado por gusto, y tampoco necesito estar conectado.
Al igual que en el microbus, observo. Y sí, noto una baja en la calidad de los productos y la voluntad de acción, no de mi parte sino de los demás; era quizás por la mala alimentación tanto física como mental de otros. Ver un solo puesto de pollo en el tianguis me llamó la atención.
De momento tengo uno o dos textos más que escribir, pero la puerta de la casa está abierta esperando a que llegue el técnico, y lo mejor que puedo hacer es dejar de escribir y con un libro observar la puerta, así como en el metro observaba a los compañeros de viaje.