En el año 1988 o 1989, el Teatro Degollado de Guadalajara puso Sansón, de Saint-Saëns, y mi padre hizo ese papel. Fue una ópera medianamente accidentada porque creo que nunca se había puesto en México y los del teatro de allá no tenían mucha idea de cómo armar una escenografía nueva. Sansón además usa unas tres o cuatro escenografías que no se parecen a nada, y hubo algunos accidentes con los diferentes escenarios que probaron con la caída del templo, y muchos del coro, y protagonistas como mi padre debían usar sandalias. Él no salió lastimado, pero sí varias personas salieron lastimadas.
Por cuestiones de la vida, me tuve que encargar una parte del tiempo de mi medio hermano, ya que la madre estaba con mi papá en los ensayos, y me volví un experto en subir y bajar escaleras eléctricas con carriola. Regresé unos meses con mi exnovia, y al estar con carriola varios pensaron que era nuestro hijo. No. Pero en los tiempos en que estaba yo haciendo tiempo, primero me di cuenta de que no tenía yo por qué estar de niñero cuando estaba normalmente en escuela y gimnasio, pero lo hice por mi padre. Cerca del lugar había muchos lugares de calle típica del centro de Guadalajara, menos polución auditiva. Noté que lugares con poco ingreso ponían más de fondo merengues, salsas y a veces cumbias. Los lugares elegantes, más bien instrumental y cero ruido.
Finalmente se dieron una serie de cosas y en 1990 a 1991 regresamos a la Ciudad de México, solo que por azares del destino y necesidades logísticas, empecé a moverme mucho tanto por Polanco como por áreas del centro. Muy diferente el ambiente en música, y eso que no pasaba yo por seudoantros ni similares, aunque de paso a un lugar que iba por la calle de Bolívar, estaban dos cabarets estilo 1950 muy cerca de la Alameda, del estilo del que había en el hotel Regis cuando se cayó.
Cuando empecé a trabajar en 1991 me vi involucrado en ambientes de trabajo no fábrica, pero donde la música era un escape y liberación y modo de atraer clientes, pero no para mí. Acompañé a varias personas a sus casas, o salí a arreglar problemas en otras sucursales. Varios del personal de mis áreas eran medio fanáticos de la salsa. Una chica con la que trabajé muy bien, subjefa de cajas, y que levantábamos varias tiendas en problemas, era medio fan de Alejandra Guzmán, que entonces estaba por el disco Flor de papel. Mis viajes a Guadalajara y algunos clientes más me salieron peor: los casetes ya iban de salida y se empezaba a usar CD.
No puedo explicar que en el ambiente laboral me movía, lo más nice que podías oír eran canciones de solistas de las exintegrantes de Garibaldi, Pilar Montenegro y Paty Manterola, así como Laura Flores, que tuvo uno o dos canciones decentes. En el caso de la cantante Lucero, una o dos canciones se oían, pero nada más. Iban desapareciendo éxitos de pop venezolano, como Karina, que oían mis vecinos, o Kiara, que anunciaban en televisión y que tenía una canción muy decente llamada Quiero un ángel.
Por cuestiones de trabajo tenía que estar cerca de áreas de televisores todo el día, así que oí muchos comerciales. Canciones de Sergio Dalma, Nek y algunos similares en comerciales. Laura Pausini quizá, uno que otro de Raffaella Carrà. Personas de un solo éxito como Franco de Toda la vida, del año 1986 más o menos, dejaron de oírse y el ambiente en general estaba hecho de tres corrientes: salsa, con cumbia como opción decente. Sonidos como Cóndor, Polymarch o Menitche que le encantaban a mi personal, y en otros lugares diversas sonoras.
Sí, había música clásica, pero solo en casa de mi papá; yo ya vivía solo, y Bellas Artes nunca se recuperó de los horrores de la década anterior.
En la universidad, en que hice LSCA, mis compañeras estaban entre algunas canciones de Laura Pausini, de Alejandra Guzmán y pará de contar. Y no conviví con ellas gran cosa; con la que iba a tomar café no íbamos a fiestas. Las fiestas de clase media de jóvenes eran raras, porque por alguna razón les dio por empezar a poner soda ester, Fabulosos Cadillacs, y fui al mínimo de fiestas necesarias por trabajo. Sí tuve que bailar varias veces por trabajo, pero siempre cumbias, por razones que expliqué antes.
En 1995 me encontré en un nuevo trabajo, y se oía por todas partes lo que se llamaba Grupo Límite, de Alicia Villarreal, y en algunos entornos de supermercados, entre norteño y buenas noches, Bronco y grupos similares. La música, como siempre, seguía sin importarme. Hice unos cuantos negocios más de ventas masivas de discos; cuando se enteraron en 1995 que ya tenía descuento grande, organizamos una megacompra de 150 discos por catálogo, y lo que entregaron estuvo mal en un 30% o más. En el ambiente de 1995 se empezó a oír mucho, en muchísimos lugares, canciones de la recién asesinada Selena Quintanilla, y algo de Ana Bárbara. Al no haber más negocios de discos, solo estuve alerta a cosas de música, y el acompañar a mi padre a Tower Records y Mixup me enteré de varias cosas escuchando. Recuerdo que una de las cosas que empezamos a notar en un círculo de conocidos, relacionado con reuniones de listas de correo, es que una cantante que en su momento fue muy popular, Alaska, de Alaska y Dinarama, tuvo un resurgimiento y empezaron a oírse de 1994 a 1997 muchas canciones del disco de Dinarama. Eran antiguas, pero se oían mucho.
Muy poco tiempo después empecé una relación con la coctelera del grupo mesoamericano, casi por accidente. Ella en su casa solía tener siempre algo de fondo de buen gusto, en inglés. Podía ser Gil Scott-Heron, que luego se volvió Las Hijas del Destino o Destiny’s Child, de donde creo que salió Beyoncé. O podía ser Eurythmics o Mahler. Por cuestiones de su seguridad y el marido del que se estaba divorciando, tuvo que convivir un poco con su entorno de hospital donde subordinados oían salsa, Jerry Rivera y demás. Nosotros, igual, sin música.
Empecé a tomar la costumbre, cuando iba a haber sobrecarga de trabajo, de usar el segundo para piano de Rachmaninov como ruido de fondo mientras programaba, pero siempre atento al entorno. Noté que empezaron a promocionar más cosas gruperas, y en 1997 a 1998, no recuerdo el año, me cayó el negocio de ayudar a una agencia de publicidad que tenía varios problemas con equipos antiguos y que necesitaban un sistema complicado. Fue un proyecto como de año y medio. Ahí básicamente era pop/rock. Estoy seguro de que en la del Valle por esa época se empezaba a oír la onda Vaselina, el grupo con nuevo nombre OV7, pero hubo un resurgimiento de girlie grupos, como Fandango en sus tres discos, Flans y las mismas Pandora. Casi todo lo que era del Valle eran jóvenes con pop, rara vez rock, y rara vez música clásica.
Cuando con la muerte de la doctora dejé de frecuentar la del Valle, que ella iba por trabajo aunque vivía en Insurgentes Inn, lo que se oía era balada italiana medio rara. Desde canciones italianas usadas por Magneto, un grupo de hombres, hasta otros temas con Luis Miguel y algunas que me acuerdo como la cantante Antonella Arancio.
En 1999 me vi obligado por trabajo a ir a bodas en cantidades industriales. Calculo que fui entre 1999 y principios del 2000 a unas 40 bodas o más. Clase media tirando a baja, pero baja a veces con más ingreso que la media. Cosas como El Símbolo, Límite, Selena, y cosas como Los Ángeles Azules, cumbias lo más sano.
Sin interés, en realidad, por la música. Mi trabajo con la agencia de publicidad seguía siendo pop y rock lo que más se movía, pero la clase pudiente con ingresos se iba ya a cantantes en inglés: Celine Dion, Ray Conniff, quizá Britney Spears, cosas así.
Y yo, cuando hacía falta hacer algo, regresaba a Rachmaninov.
Continuará.