Incidencias de los 40s

Uno de los chistes de Mafalda que siempre me ha gustado es cuando encuentra una frase que dice: «La vida empieza a los 40», y ella se pregunta: pero, ¿empieza a qué?

Escribo esto en casa. Tuve que regresar de urgencia a la CDMX para cobrarle a un cliente, pero salgo en media hora y estoy usando el tiempo; lo publicaré unos dos días después.

Mis hábitos no cambiaron gran cosa en los 40. Sigo levantándome temprano y acostándome a las 11. Sigo leyendo.

Puedo comentar que, en cuanto al número de trabajos, sí fue una década rara. Desde 2012 (o sea, mis 40) tengo un SOLO cliente principal y varios secundarios, pero casi no facturo como persona física, sino por razones sociales de las que soy socio, o por factura de persona física en el caso de la paraestatal.

En ingresos han sido cosas raras. Ese cliente principal sobrevivió de milagro a la pandemia y me quedó debiendo como 240 a 260 mil pesos de aquella época; sigue pagando, es ingreso estable hoy. Después de la pandemia, casi de inmediato me tocó que me buscaran de la función pública y el asunto de la paraestatal, a la que llamo los monolitos. Pero eso ya fue después de los 50, así que no entra en esta década.

En la pandemia, mis ingresos se redujeron al 28% de lo normal. Actualmente estoy como al 52-55% de lo normal desde mayo del año pasado, sin problemas. Y eso no va a seguir así eternamente; los planes de jubilación se acercan, igual como lo pensé a los 20. Pero repito: lo de la pandemia fue a los 48-49, ya casi al borde de los 50, así que no es un tema de edad, sino circunstancial.

Familiarmente, pues muchas sorpresas por lo bipolar de la madre de mis hijos, incluyendo el literal secuestro de mi hija viva (que no aplica porque ella era menor de edad y la secuestradora era la mamá), pero que le hizo perder un año de escuela preparatoria. No hubo un cambio de rumbo vital.

Creo que lo más destacable en ciertas cosas es que, desde 2012, una tercera parte de mi tiempo laboral se vio enfocada a resolver problemas legales de clientes, no por juicios orales o similares. No soy abogado ni gestor, pero como conozco bien el sistema legal, con una carta poder he solucionado mucho y me han agradecido más personas que por desarrollo de sistemas.

A los 40 murió mi mamá, y por cosas del trabajo viajé mucho por el interior del país, entre CDMX, la ciudad de mi mamá y asuntos de clientes, al mismo tiempo que veía lo del cliente principal. Viajes cortos, porque también, después de uno o dos meses de la muerte de mi mamá, apareció la perrita schnauzer allá, cortesía de KOTAS y una larga historia.

Los de la secta hicieron dos estupideces significativas: una en 2012 con ataques en un sitio desaparecido / foro, donde tenían a veces cinco identidades del mismo tipo, desde la misma IP, de las que no se hacían una, y que les borraran como resultado en Facebook como 30 perfiles, cuando otro de los fundadores decía de arrancar mi corazón y echarlo a los perros. En el caso del otro incidente fueron las amenazas de 2017 por el fundador uruguayo que la PGR llamó el loco del balneario.

Tuve que hacer dos o tres compraventas de casas, y de 2017 a 2020 estuve más atareado poniendo en orden la vida de mis dos hijos (en la medida de lo posible) que en otros asuntos.

Hay dos detalles interesantes.

  1. Eran los 45 y me tocó estar bateando propuestas idiotas que les hacían internamente sus propios contadores a clientes. El principal cliente tenía cuatro indeseables; uno era el contralor que usó «buenastareas.com« para un escrito del SAT basándose en República Dominicana con leyes diferentes.
    Literalmente una gran parte del año me la pasé siendo enlace entre la PGR y una fiscalía por cosas de mis hijos y su mamá, incluso antes de los robos que mencioné del 2018. Puedo decir sin exagerar que 30% de mi tiempo era eso; otro 40% con el cliente: «no, no pueden hacer notas de crédito por anticipo, se llaman facturas y es entrada de dinero, no salida»… y una idea «genial» de esas cada quince días.
    Solo me quedaba el 20% restante de mi tiempo y fue enderezar en lo que cabe a mis hijos.
    Curiosamente mi papá se pasó en algo similar a sus 45 años.

Algo que no se puede escribir mucho es sobre el trato humano esos años. Muchas de las personas que traté de 2014 a 2020, menos los clientes directamente, eran criminales, flojos o no rebuznaban porque Dios es grande. En 2018 hubo una desbandada con ese cliente y en 2019 empecé a enderezarle su estructura operativa, pero en 2020 nos cayó la pandemia y el trato humano se redujo.

Luego escribiré más sobre el trato humano en la pandemia, pero no es relativo a mi edad; literalmente mi edad fue circunstancial. La pandemia empezó a los 48. Hubo ajustes de 49 por pandemia, pero eso merece un post aparte y no es de edad.

Emocionalmente, pues se sabe que no hablo de mi vida actual para proteger a mi pareja, pero el tiempo de los monolitos resulta más indicativo de otras cosas en trato humano; caí en cuenta que allí entré a los 50, así que no entra.

Es raro.

Viendo a la distancia, no hubo ningún cambio de rumbo importante en mi vida, excepto más basura en calles e internet. No puedo limpiar Chernóbil. Hay una degradación tremenda en el material disponible de muchos temas, a pesar de la inteligencia artificial (que llevo documentando desde 2013 con la factura electrónica), y muchos problemas grandes de compliance por React y Node.

En el fondo no cambió nada.

Qué raro. Puedo decir que mis 40 fueron igual que los 20, con el detalle de que, además de estar en paz, estuve resolviendo asuntos legales de clientes, algunos derivados de los ataques de la secta, y de los actos criminales de la mamá de mis hijos contra ellos.

Pues no, literalmente la vida no empieza a los 40 para mí. Fue una continuación de los 20.