Casas y Cambios

El viernes yendo de camino de una casa a otra, pasé por la que fue mi escuela secundaria en primero y segundo año, y me acordé de algo que puede ser interesante en contexto, aunque lleva una introducción medio larga. Tiene que ver con El vals sobre las olas.

En Estados Unidos, las personas que tienen padres militares se cambian mucho de escuela. Pues yo no tengo parientes militares, pero me cambié mucho de casa y escuelas por dos razones:

  • Mi padre, de repente, tenía que trabajar en otro lado de la ciudad por un año o más en algún proyecto, así que a veces era mejor comprar una casa allí.

  • Él era muy bueno en dejar una casa preciosa, así que no era raro que visitantes ofrecieran comprar la casa, y se hacía.

Casas que recuerdo, sin ser todas ni exhaustivas:

  • Uno o dos años de edad por La Villa.

  • Como de los dos a los seis en Polanco, calle de Temístocles.

  • De los seis a los once en Anzures, Río Niágara.

  • De los once a los trece en Edomex, cerca del Toreo. 1982 a 1985, pero mi papá vendió en 1987. Fue cuando empecé a cocinarme solo mi comida, porque mi padre me enseño y el viajaba.

  • De 1986 a 1987, Guadalajara, casa en Las Águilas.

  • Una casa intermedia en la que no vivimos ni tres meses porque, al hacer una inspección, le ofrecieron mucho más de lo que nos costó.

  • 1988: unas tres casas diferentes que igual se vendieron MUY rápido. En esas no llegué a vivir más de uno o dos días por conveniencia, pero eran propias.

  • 1989-1990: la casa en Guadalajara cerca de la secundaria, del asunto del poste de luz.

  • 1990-1991: dos departamentos juntos, nuevos, en Tomás Balcázar, ya pensando en regresar a CDMX.

  • 1991: un departamento pequeño en San Cosme, Velázquez de León, propiedad de mi papá desde mucho antes.

  • 1992: nos cambiamos a los departamentos de Por Metro Panteones, debido a que eran muy seguros y a buen precio.

Así que puedo decir que en mis primeros 20 años viví en unas once casas … y seguro me olvido de alguna !.

Escuelas, parecido:

  • Kínder a tercero de primaria: una escuela en Polanco.

  • 4to primaria: Instituto Boston.

  • 5to primaria, seis meses: Xochimilco, pública, cerca de otra casa propia en la que no llegué a dormir.

  • 5to primaria, seis meses: Río Rhin, en la tarde; mucho bullying entre mis compañeros.

  • 6to primaria: Edomex.

  • 1ro y 2do de secundaria: Edomex.

  • 3ro de secundaria: Colegio Británico de Guadalajara.

Así que hice la primaria en una friolera de cinco escuelas, y viví en once casas antes de los 20… que me acuerde.

Mi padre no era en lo absoluto comerciante, pero era un artista con sentido práctico. Él me explicó desde que yo era joven que la mayoría de la gente no puede gastar mucho, gastan en cosas pequeñas, y que uno puede dar servicios simples a la gente floja que te hacen ganar dinero.

Resultado: Me Acuerdo de muchos negocios hechos de joven entre por independencia económica y crearme habilidades para subsistir:

  • Primaria: plumas, borradores, lápices, sacapuntas en mi mochila.

  • Más tarde: estampitas de álbumes famosos, pero previo permiso a los directores o subdirectores de la escuela (aunque una me jugó sucio, era muy bonito decir «la directora X me dio permiso»).

  • Más adelante, en la época de los Pitufos: una cantidad impresionante de cosas de plumas, lápices, reglas y todo de los Pitufos en quinto de primaria, Xochimilco. Nos llegaron a preguntar si tenía una papelería porque al regreso de la escuela pasaba a reponer mi stock.

  • En sexto: Una señora vendía afuera de la escuela lima real preparada con salsa Búfalo. Pero cuando la señora dejó de ir, yo empecé a llevar mis propias bolsitas, limones, limas, salsas, cuchillo, y se lo hacían de autoservicio mis compañeros.

  • Un negocio de compra-venta-renta de revistas de Novaro, desde superhéroes hasta Susy secretos del corazón.

  • 1ro y 2do de secundaria: plumas y todo lo necesario.

  • 3ro de secundaria: servicio de revisión de ortografía, redacción y poemas de amor, así como elaboración y dictado de poemas famosos.

  • Preparatoria: plumas, lápices, formas contables, formatos de inscripción… suficientes para comprarme un coche. Después al mismo tiempo ventade cassetes originales nuevos sobre pedido en que ganaba yo el 40% por un descuento, pero de todos modos vendía mas barato que en el super.

  • Otro de preparatoria, y el caso de un honroso examen extraordinario al que me mandaron en Equipos Mecánicos 2, pero esa historia merece su propio capítulo. El único extraordinario al que me fui.

Desde joven, pues, me tocaba ver los resultados del trabajo bien hecho: estar cerca de donde vas a trabajar para llegar puntual, dar un servicio y avisar a las autoridades.

El segundo año de secundaria ya empezaba a tener interés en el sexo femenino, y había una papelería cercana a mi casa donde me hacían buen precio (les compraba como cinco plumas diarias). La señora era medio fea, pero tenía dos hijas medio guapas, no muy listas. Las dos estaban en tercero (y eso era porque una de las chicas no pasó) así que no eran gemelas, pero sí iban arregladas, muy bien vestidas a su manera de los 80s, y llamaban la atención.

Coincidió que en segundo año me iba de pinta a veces, después de haber hecho tareas y examen. El director se hacía de la vista gorda y yo me iba a una biblioteca cercana. Ahí es donde encontré que había tres libros de la serie de Beau Geste y que existe una segunda parte de El prisionero de Zenda llamado Ruperto de Hentzau. Como no podía tomarse mucho como irse de pinta, ir a las bibliotecas no me llamaban la atención, pero mi papá sí me regañó mucho una vez.

Esto es relevante porque afuera de la biblioteca había una parada de autobús, y me tocó ver mucho a jóvenes que ni estudiaban ni trabajaban, bien vestiditas y listas para irse de parranda. Una o dos veces, algún maestro les decía: «Regresa a la escuela, termina tu prepa», etc.

En ese segundo año fue el temblor del 85, donde mi maestra de español se tiró al piso gritando: «¡Pidan perdón a Dios por sus pecados!», y fuimos el único grupo que no pudo salir. Como derivado de eso, llegó un nuevo maestro, ya que era principio de año y se acomodaron las plazas. Ese maestro era de orientación vocacional, joven, no feo, musculoso, y muy cortés; se enfocaba, al igual que mi papá, en resolver los problemas. Ese maestro resolvía problemas. Y no creo que llegara a los 27. No daba clase bien, pero era una persona decente.

La parte interesante del asunto es que la asistencia de los alumnos del género femenino mejoró, y vi más o menos frecuente en la escuela a las hijas de la señora de la papelería.

Para fin de año se decidió hacer un espectáculo con música porque había banda de música y grupos de danza regional, y se hizo una puesta en escena de algo relacionado con El vals sobre las olas. Los que salían en ese número eran ese maestro y como ocho muchachas queriéndose ver sexys diciendo: «¿Y acaso nosotras…?» —no me acuerdo qué más.

Pero es interesante que, aunque el interés de las chicas era estar cerca del maestro, y que eran unas niñas, estaban en el mismo plano o nivel que las de afuera que dejaron de estudiar. Los directores de ambos turnos tenían problemas por el bullying, que comenté antes, y pasó que se calmó después del incidente donde me rompí los dos pulgares en defensa propia. Así que, mientras los hombres pensaban en dominar, asustar y ahogar, las muchachas solo querían cariño y belleza, y un hombre decente.

El concepto se parecía al Tao: «Tao que puede explicarse no es Tao», pero he oído acerca de subirse a las olas del Tao, y quizá es lo que hice en esos tiempos que iba a la biblioteca y veía el entorno. Salí de ahí y la gente siguió yendo mientras estuviera ese maestro, pero personas que falten a la escuela siempre va a haber. Yo iba no para aprender sino por el papelito de calificaciones porque ya me lo sabía, y por el negocio de las plumas, pero me interesaba más ir a la biblioteca y luego regresar a cocinar mi comida.

Salvando las distancias, el maestro de orientación hacía lo mismo que mi papá con su presencia: los dos eran carismáticos y honorables.

Sin embargo, tengo presente que se trata de hacer tu trabajo bien. El mío era estudiar. El secundario era dar un servicio con la venta de las plumas.

  • Los que estaban a cargo tenían el título de «directores», pero no podían controlar a sus alumnos porque dependían de otras cosas: en particular, del pago de padres de los alumnos, y en particulares de otros factores.

Gobernar es servir.

Salí de ida a Guadalajara con unos 6000 pesos de ahora ahorrados, que no estaba mal considerando las circunstancias.