Mi relacion con la musica 1/?

En la casa, ser hijo de un cantante de ópera significaba tres cosas. La primera es que, por su trabajo, salvo que estuviera con compromiso previo o ensayos, mi padre siempre estaba en casa. Segundo, que en casa se oía música solamente clásica y el 80% del tiempo. Y tercero, que luego te enterabas historias como la vez que tu papá destruyó un radio a patadas, de un tercero, que estaba oyendo música de los Beatles.

Sus razones tenía, y él lo había pagado, pero no puedes poner los Beatles cuando alguien está estudiando el Stabat Mater… para grabar en disco.

Incidentalmente, está la historia de otro tío, el banquero, que después que alguien se pasó de listo en un asunto, destruyó de dos patadas una cómoda. Sin saber artes marciales.

Yo prefiero no ser temperamental.

Crecí hasta los 14 más o menos en medio de música clásica, conciertos, misas musicales y ópera. En lo personal llegué a detestar un poco la ópera, en el sentido de que me tenía un poco saturado. Sí, se oía zarzuela, opereta y algunas cosas dependiendo de lo que mi padre fuera a cantar, que en un concierto divulgativo podía incluir dime que sí, jurame, granada, y la súper popular ojos tapatíos, que mi padre solo usaba cuando tenía que prender a la gente en un concierto y por lo general la cambiaba en lugar de otra cosa. Sí, conciertos en teatros, museos, Bellas Artes, y algunos en el interior del país, pero lo que daba de comer en la casa era la ópera, la novena sinfonía de Beethoven, y a veces alguna temporada de opereta y zarzuela.

Pero cuando tenía 13 me di cuenta que lo que a veces veían en musicales, por ejemplo, Cantando bajo la lluvia, Siete novias para siete hermanos, etc., y en una de tantas que vino una cantante de USA a México a hacer el papel del paje en la opera Baile de Máscaras, donde mi padre era Ricardo, oí algo raro que resultó ser música country de relativamente buena calidad. Recuerdo Jolene de Dolly Parton, y de Nancy Sinatra la de esas botas se hicieron para andar. Sin embargo, el año 1985 fue un poco curioso en varios aspectos contradictorios.

  • En 1985 salieron de manera casi simultánea en México dos tríos de mujeres, Pandora y Flans. Se oía su música en todas partes.
  • En un ciclo de cine, me tocó ver una película donde estaba el tango Ansiedad, de Hugo de Carril. https://www.youtube.com/watch?v=kUEDvbEsyZk
  • Y el camino a mi secundaria me tocaba oír muchas cosas en los dos o tres kilómetros que eran a la escuela. Más adelante supe que eran cantantes seudopopulares, como El Pirulí (asesinado), y otros que solo conocía de películas. Pero por donde me movía a la escuela se oía de todo. Me familiaricé sin saberlo con lo que luego se llamaría el rock urbano, que no me gusta en lo absoluto. Así que sin saberlo me encontraba pasando por lugares donde estaba oyendo música de El Tri, y lo que después sería Heavy Nopal, Tex Tex y similares. Pero al pasar por unas fábricas tenían lo que era sonido de cumbias, Sonora Santanera y demás, ni modo «accidente de tráfico» o mal necesario, y como no me podía desconectar las orejas, y entonces ya era estúpido no estar atento al ambiente, me contaminé un poco de pasada pero no más de lo necesario.
  • A una maestra de inglés le dio por poner audios en un laboratorio de inglés con audífonos y todos, y quería que cantáramos Yesterday de los Beatles. Referencia obligada:

Manolito. Beatles. Mafalda

Si bien yo estaba familiarizado con películas infumables de Vicente Fernández que a veces tenían vecinos de mi abuela, lo más que se veía en México de películas mexicanas era en casa de mi abuela en Guadalajara, y eran de Jorge Negrete, Pedro Infante y Luis Aguilar, y con mi padre solo si estábamos literalmente en un pueblo o ciudad en medio de ninguna parte, sin libro, y con demasiado calor para salir del hotel.

Por una u otra cosa mis orejas permanecieron puras. Si bien se oía en las calles cosas que después supe eran las cantantes Yuri, Marisela, e incluso Alberto Vázquez, simplemente la música no me interesaba. Por ejemplo, yo sé ahora que Flans era un grupo musical, pero durante unos diez años estaba convencido que era una marca de ropa.

Como para ver a mi novia en el 1986 pasaba por una tienda Suburbia por dentro porque era más rápido, vi la marca de ropa Flans, y estaba convencido que era una marca de ropa. Incluso a una compañera que se vestía así le decían Flans, y yo pensaba que era por la ropa. Incluso nunca entendí porque en la secundaria y algunos grupos de preparatoria donde yo no estaba, hacían tablas gimnásticas con el comercial de Choco Roles, que era bastante largo.

Años después me enteré que era «No controles» de Flans. No un comercial de «Choco Roles» de Marinela.

Mi padre se volvió a casar en 1985 o 1986, después de una temporada de por lo menos 30 funciones de La viuda alegre, en el teatro de la ciudad, donde claro que era el conde Danilo. Un resultado de lo mismo fue que como no bailaban demasiado bien las dos vocalistas, en lo que se necesitaba, mi padre les enseñó o pulió sus habilidades de baile. El vals ya lo sabía yo bailar y lo había visto desde algunas giras de 1978-1980 con cosas de Strauss. Pero sí me acuerdo que mi padre fue el que les explicó cosas a varias de las mujeres de la obra, en vez del director de escena, que era Luis Gimeno. Era de esperarse y lo más seguro es que ellas se sintieran agradecidas porque alguien pudiera explicar polkas, mazurca y demás, además de ser bastante guapo, y mi padre cumplía los requisitos.

Solo que empiezas a ver una diferencia de la princesa Princesa de las Czardas que en su momento ponía mucho Cristina Ortega. Por lo general mi padre estaba en Bellas Artes o en la novena sinfonía, pero dos o tres veces tuvimos que viajar de urgencia por problemas y ayudar a Cristina Ortega, así que si mal no recuerdo, mi padre encontró varias veces giras cortas de 8 a 10 funciones con La princesa de las Czardas, completa a veces, y el que estaba normalmente era según yo un barítono que según yo se llamaba Salvador, y es posible, pero no lo afirmo, que fuera el tenor Salvador Novoa, que era más o menos de la edad de mi papá.

Me llamó la atención el contraste entre La viuda alegre y el personaje de Silvia en La princesa de las czardas. En el primero es un ensemble coral a veces desde el septimino, mucho movimiento, pero la música de La princesa de las czardas no pegaba tanto a la gente y sobre todo era por lucimiento de la protagonista, por lo cual supongo que la ponía la maestra Cristina Ortega. Pero sí, eran dos ambientes diferentes. Uno se veía alguien que no era aceptado en un medio social, el personaje de Silvia, y el otro era un conde, el personaje de La viuda alegre, que desciende al mundo normal por cuestiones sociopolíticas y económicas, pero las personas preferían mucho más ver El país de las sonrisas, La viuda alegre, o incluso Luisa Fernanda y El soldado de chocolate. Eso se vio mucho en Bellas Artes y el Teatro Hidalgo en 1982 a 1985, cuando el desastre de la nueva administración de Bellas Artes, la UNCO ( un mal intento de integrar a los cantantes de ópera a los grupos artísticos de Bellas Artes, la «Unión Nacional de Cantantes de Ópera» ) y corregir el mega problema del que nunca se recuperó de la ópera en México.

Sin embargo, a pesar que vi cómo la gente respondía a una serie de «cuadros» o conciertos escenificados en el Teatro Hidalgo en 1984 más que a la ópera, ver a mi padre haciendo el personaje de Rafael en las arias de La Dolorosa, con aquella cruz y el traje de monje, o la canción húngara de la zarzuela Alma de Dios, una zarzuela desconocida.

Ausensi :

El ambiente es un poco pesado en esa obra. ¡Los españoles estaban prendidos! El personaje es un vagabundo que pasa por la entrada de la ciudad. No aparece más en la obra.

Recuerdo cómo se ponía la gente. Y la forma en que se ligaron las cosas. Lo que se hizo en el Teatro Hidalgo eran números de zarzuela y opereta ligados, con vestuario real de la obra pero con escenografía al mínimo. En la canción húngara iba mi padre en ropa de civil, en el escenario, pareciendo que iba al monasterio de La Dolorosa. Después, la romanza y el dúo con La Dolorosa. 

Las personas buscaban eso, no la ópera en bellas artes de la pésima administración del 1982 al 1988.

Sí, la música puede ser ambiente, esperanza y dolor.

Pero también combustible.

Así que cuando me fui a vivir a Guadalajara las cosas me agarraron de sorpresa.

Ya no estaba en Kansas, Toto.

Esta historia continuará.