Al llegar a Guadalajara una de las cosas que mi padre quería que hiciera era pesas, ya que él comentaba la importancia de hacer ejercicio en serio, sea para fuerza o volumen, antes de los 19. Así que cuando llegué a Guadalajara, en tercero de secundaria a escuela particular, además me inscribió en un gimnasio muy cercano a la escuela. Literalmente había una plaza con gimnasio en la esquina de enfrente.
En el gimnasio ignoré casi siempre la música; estaba más al pendiente de mis respiraciones, de cuerpo, de contar repeticiones. En ese ambiente, sin embargo, sí se oía de repente algo de pop y balada, pero cosa muy rara. En la escuela estábamos separados en salones diferentes, hombres de mujeres, y los hombres de la escuela de paga lo que oían era en parte pop… y The Police, Bon Jovi y algunos Megadeth e Iron Maiden. Yo sabía que existían varias vertientes de rock por las películas de Elvis Presley y la clásica Heavy Metal de 1980. Probablemente ya había visto Breakdance. Ese ambiente no se oía en mi escuela.
En ese año ya tenía novia, clase media, que estaba en la misma escuela que yo y que estaba evidentemente en el grupo en el que no la veía sino a la entrada o a la salida, amiga de la familia. La madre de ella fue bailarina de ballet clásico y luego folclórico, e incluso sale unos momentos en una película de Pedro Infante en un ballet folclórico. Mi papá y su mamá se conocían de cuando ella era bailarina de ballet clásico y de alguna forma conoció a mi padre en la ópera; nunca pregunté.
En la casa de esta dama la música era más o menos rara. Vivían en dos departamentos normales, no de lujo, junto a Plaza del Sol. En uno de ellos estaban las tres hermanas y la abuelita, y en el otro los papás. Como a la abuelita le gustaba Jorge Muñiz y similares, era algo que a veces se oía, pero la música estándar ahí era Lara y Monárrez, unos compositores de balada, y algunas cantantes femeninas. La hermana menor, Rosy, era fanática de Tatiana, y tenían todos los discos. También una vez vi todos los discos de vinilo. Muchos eran de música clásica, pero de colecciones divulgativas, y tendrían unos 40 de pop que no recuerdo, pero principalmente intérpretes femeninas, nada de hombres. No eran fans en lo absoluto de Menudo, Luis Miguel o algo así. Así que la música incluso en ese ambiente era controlada: Lara y Monárrez, y el ambiente pop de Tatiana, que la verdad era de muy buena calidad. En un momento dado apareció el disco negro/rojo de Sasha Sokol, que era una referencia de moda para todas las adolescentes pudientes de la época. Mi novia no era rubia ni estilizada, sino físico de deportista y morena con cabello negro, así que Sasha no le interesaba en lo absoluto.
En mi casa mi padre ya se había casado y mi madrastra oía música clásica y tangos de Argentina. Yo conocía a Susana Rinaldi, Hugo del Carril y Carlos Gardel desde antes, y una de las discusiones más fuertes que me tocó oírles a mi padre y a ella fue justamente sobre Susana Rinaldi. En esa época el punto medio era oír en casa ellos dos algo de lo que iba a hacer mi padre, mientras él pensaba y oía, y dibujaba un poco; ella, acuarela. No tenía necesidad de trabajar en lo absoluto, y vivíamos en una casa de cinco recámaras en Guadalajara.
Pero algo pasó con la música.
No discusiones por la música, sino que pláticas de repente de mi padre explicándole parvulitos uno, aunque ella fue directora de Opus 710, me parece que antes de ser Opus 94. Así que mi padre la conoció cuando ella era directora de la estación de música clásica; ella lo entrevistó en las funciones de La viuda alegre, donde él era Danilo, y dos años después o menos estaban casados. Según mis cálculos mi padre tenía unos 47 y ella unos 29, rubia y de ojos azules, de Universidad Anáhuac.
Debería de ser el asunto como peces en el agua, pero no. Tampoco es que hubieran pleitos. Empecé a notar lo que se llama buzzwords o pantallas de marketing. Sí, ella conocía palabras de marketing y lo que era una sonata y una sinfonía, pero era mecánico. No lo sentía. Así que a pesar de ser todo música, él y acostumbrado a oír música clásica con su mamá desde niño, habían ciertos roces. Para mi padre la música clásica era respirar, no era el trabajo.
Normalmente no le pedí nada a mi padre a lo largo de mi vida, pero por esas fechas, unos 14 años, le pedí un walkman de Sony y fuimos a comprarlo a Plaza del Sol, que estaba cerca también. Y lo que mi padre me grabó en cassettes fueron conciertos de piano. Aunque había oído varias veces a Rachmaninov, Debussy y Grieg, Schumann para mí fue un mundo diferente de paz. Y oír el segundo de piano de Rachmaninov de Richter todavía es parte de mi música preferida. Así que a veces, para no ir un poco de mundo real, y como ruido blanco por las situaciones en la casa, el walkman solo lo usaba en la casa. Salir con él a la calle era ridículo porque causaba problemas en el entorno. Y como muchas veces mi padre y su esposa viajaban, no era raro que yo me quedara solo o casi solo durante tres a cuatro semanas al hilo. Ya sabía cocinarme yo solo, y a partir de los 16 empecé a manejar, así que iba también al súper.
Un día por alguna razón llevé el walkman a la escuela, y me enteré que varios compañeros y compañeras uno, estaban interesados en la revista Eres, y dos, que estaban interesados en la preparatoria sobre todo en música pop, con los que yo me juntaba. Mi mente sumó dos más dos, y como mi padre compraba discos por mayoreo, pues tenía descuento, así que empecé un negocio de casetes sobre pedido, con 10 a 15% de descuento del precio de los súpers, pero me dejaba cada uno unos 60 a 70 pesos de ahorita, y vender diez o doce al día era muy buen negocio.
Incluso con mi novia mencionada tuvimos que investigar quién era David Bowie; vimos ella en su escuela y yo en la mía que nadie se interesaba por Miguel Bosé, y estaba sonando mucho la música de Alaska y Dinarama, más una canción de un dueto mexicano llamado Domino, pero literalmente tanto ella como yo no sabíamos absolutamente nada de música rock o algo fuera de eso.
Se empezaron a volver populares algunas canciones del grupo mexicano Timbiriche, la hermana de mi novia se volvió fan de la cantante María del Sol, y se consiguió varios discos antiguos con letras muy decentes, así que era pop en ese ambiente. Luego me di cuenta que canciones que yo pensaba eran de Pandora, eran de Flans, pero como no tenían el primer disco de Flans, pensaba que No controles era un comercial. Y como el segundo disco Veinte millas tenía canciones de Lara y Monárrez, mi conclusión era que Pandora estaba cantando a Lara y Monárrez, no que eran dos grupos diferentes.
Así que en resumen, hice negocio vendiendo cassettes originales sobre pedido de cantantes mujeres (Ana Gabriel, Thalía, Tatiana, Sasha, Alejandra Guzmán, María del Sol) y se empezaba a oír mucho del disco de Timbiriche que tenía Besos de ceniza y similares.
En el gimnasio las cosas cambiaron. Me di cuenta que debía terminar mi relación con mi novia y todavía asocio la época de mi levantamiento de pesas en serio y tener 120 centímetros de pecho con la música de Besos de ceniza. En la preparatoria, en una de las tres escuelas a las que tenía que ir, había un semi estadio muy cerca, así que durante una temporada me tocó mucho oír a Bon Jovi en vivo mientras estaba en clases de contabilidad. Conocí a una chica que se llamaba igual que mi novia, pero estudiante de derecho, y con ella a cada rato se oía en el ambiente las canciones de Dominó y de Alaska, principalmente Vértigo. Alaska es confuso y no se vendía, por muchos estilos diferentes y agrupaciones diferentes, así que solo puedo decir que eran canciones como Vértigo y A quién le importa, junto a una o dos más, desconocidas. También se oía mucho Basta de María del Sol, la de Un nuevo amor.
Pero la música no me interesaba.
Por una serie de asuntos, sucedieron dos cosas no relacionadas pero que cambiaron mi vida.
Uno, que mi papá y su esposa tuvieron problemas con unos vecinos mientras yo tenía novia todavía, no nos querían a los del DF, y como mi novia y la esposa de mi papá eran de buen ver, pues les dio por mostrar a los jóvenes su masculinidad con el coche Cougar del año, y la cantante Karina a todo volumen (Ay amor, Se acabó, etc., y Hombres G). Los Hombres G era un grupo que se oía mucho entre los chavos tanto de mi escuela como esos vecinos. Yo sin interés en ellos, mis clientes eran casi todos mujeres, y nadie me pidió discos de hombres salvo una que otra que me pidió discos de Luis Miguel, en versión cassette, pero creo que no vendí nada más. Una de mis compañeras, la chica de los ojos verdes, era fan de serio de Miguel Bosé, así que me enteré de canciones como Amante bandido y El hijo del capitán trueno, aunque lo raro es que mis compañeros de preparatoria no sabían quién era el capitán trueno, un «tebeo» o cómic español de bastante buena calidad, de la misma época que El corsario de hierro, y que estaba relacionado también con El Jabato.
Como resultado del pleito con los vecinos, le pedí a mi padre permiso de aprender defensa personal y me dijo que sí, y dejé de hacer pesas por eso, pero no nos adelantemos.
Allá por 1988 conocí a la dama que ya mencioné que se llamaba igual que mi novia. Es una historia que ya he contado: evité que la atropellaran, el atropellado fui yo, y me salvó un curandero famoso, que después me invitó con ella a ir a su casa, y ya recuperado fuimos. Ese señor manejaba grupos de tradición mesoamericana y lo que se llamaría escuela esotérica, y yo era muy apreciado por mi voluntad de acción y mi interés en los demás, que quedó evidenciado por mis acciones para salvar a la dama.
Como parte de ese grupo conocía varias personas; para fines prácticos eran dos o tres grupos, uno relativamente reciente de seis personas, otro de unas nueve de años anteriores. En ese grupo había una chica con la que hice buena amistad, sobre todo porque después de un incidente en la montaña donde alguien salió lastimado, fue evidente que solo ella, el maestro y yo teníamos idea de primeros auxilios. Ella es la doctora que más adelante fue mi segunda pareja, unos siete años después. En esa época ella estaba terminando medicina. Sus padres tenían una tienda de ropa en Plaza del Sol, y como ella también leía, luego nos quedábamos a ver en hamburguesas Búfalo u otros lugares, sobre todo para hablar de libros como La dama blanca, de Robert Graves, La decadencia de Occidente, y Gurdjieff, Ouspensky y Guénon. Fuera de mi padre y dos amigos suyos, es la única persona que conocía metida en eso. Y nos llevábamos muy bien aunque ella me llevaba unos cuatro años o cinco.
En la tienda de sus padres la mamá era fan de música buena de rock tranquilo de Estados Unidos. Así que allí supe que era Bananarama, y Eurythmics, Annie Lennox, Bonnie Tyler… y también escuchaban conciertos de piano.
Cuando decidí dejar las pesas comenté en el grupo de tradiciones mesoamericanas si alguien sabía de defensa personal, y mi maestro me recomendó el lugar a donde fui, donde el «lobo café» de su grupo, que enseñaba pero solo sobre recomendación. Dentro de la simbología de los grupos mesoamericanos se usa la figura de lobos, por características químicas, relacionada con la gente lobo de los huicholes. Así que nos inscribimos varios de nosotros y solo seguimos yendo la chica a la que doy el seudónimo de «la loba roja» y yo. Así fue durante unos tres años.
Ese maestro de defensa personal era muy pero muy estricto en un tema. No oír música a menos que fuera realmente necesario porque distraía, abría puertas y atontaba nuestros sentidos. Mi maestro tradicional estuvo de acuerdo, así que a partir de ese momento dejé de oír música, aunque se tenía que hacer en la casa por la carrera de mi papá, y lo que oías en la calle. Pero sí, de vez en cuando oía el segundo para piano de Rachmaninov o algunas sinfonías, pero mi consumo de música, que era bajo, se redujo durante mucho a casi cero. La doctora igual.
Una vez me contó ella que se dio cuenta que la música abría puertas, cuando fue a ver la película de Dirty Dancing de Patrick Swayze y Jennifer Grey, y me comentó de Calles de fuego, que yo no vi hasta muchos años después. Pero sí, entendí que I Need a Hero de Bonnie Tyler es un himno.
Yo me acuerdo de haber visto La Novicia rebelde, Flashdance y Sobreviviendo con Travolta, y sabía que muchos les parecía muy buena película Amor sin barreras, que yo no había visto todavía.
Esta historia continuará, pero estamos en 1989 más o menos.