De la época de Banco Union y un maestro

Este es un tema de dinero y de bancos, aunque no lo parezca. Si sale a relucir que mi padre era cantante de ópera, es porque es relevante para el tema. Él inauguró la Sala Nezahualcóyotl en México, y siempre fue de papeles primarios en Bellas Artes.

En el tiempo que trabajé en las gaseras, me encontré varias veces con una situación un tanto particular. Me contrataron para trabajar en Polanco, pero me la pasé unos tres años de los cinco yendo a las sucursales. Pero cuando tenía que ir a Tecámac en particular, me resultaba mejor tomar autobús que irme en coche. No acabo de entender por qué la contralora se enojaba conmigo, después de que ella me dio dos aumentos de sueldo por hacer muy bien mi trabajo en el mismo año que entré, pero después esperaba que yo estuviera a las 9 en Tecámac. Imposible.

Supe que fui el único sobreviviente a ciertas llamadas de atención: me tuvo que dar la razón y, como yo no me iba a comer y no me iba temprano o a mi hora, se compensaba. Y la verdad todo funcionó muy bien cuando me tocaba ir allá, que fue una temporada de ocho meses, y quizá una vez cada quince días.

La parte que me interesa más de momento es que, después de la crisis financiera de 1995, que a mí me tocó más o menos normal, aunque fue un año duro, tomé la costumbre de comprar el periódico «El Financiero» siempre que iba a Tecámac y comparar detalles de tasas brutas y netas mientras iba de camino. Me acuerdo especialmente del malabarismo mental: unos bancos decían tasas brutas, otros netas. Banco Unión daba buenas tasas pero era muy reciente (involucrado después en situaciones dudosas), y su manejo dudoso no se notaba por los números bastante claros. Me sorprendió siempre un poco la estructura del banco BITAL, mismo que estaba relacionado con mi familia, ya que uno de mis tíos, banquero, tuvo que ver con su formación bastante. Él venía de BCH de inicio, y el camino bancario parecía ser lo mío, aunque mi padre me causó problemas con el extravío de algunos papeles y una que otra piedrita en el camino. Básicamente me independicé de mi padre antes de los 20 debido a que yo veía un problema entre moral y financiero para mí. Yo no iba a tener sus ingresos, y siempre he sido más directo en todo que lo que fue él.

Sin embargo, aunque no me daba cuenta en su momento de que las tasas bancarias brutas eran excesivas de 20%, era importante en varios aspectos en ese momento de mi vida ver las tasas. Otro de mis negocios secundarios en 1997 estaba relacionado con esos indicadores, y mi ingreso era de tres partes: unas máquinas de refrescos que coordiné en otro lugar después de que falló el proveedor original, mi sueldo de la gasera y, al final, el sueldo de la agencia de publicidad y otros clientes pequeños.

Y un día me encontré a un maestro de matemáticas en el mismo banco que yo.

Pero el asunto del maestro es un poco raro. Pero raro en relación a qué.

Mi padre rara vez manejó estados altos de cuenta bancarios hasta 1988, empezar a manejarlos altos fue un error porque facilitó lo que pasó después y eso que no hubo una devaluación. Pero mucho de lo que vi antes del 1988 era el manejo de inmuebles, un colchón de seguridad, y lo que él hacía era tener varias cuentas de plazo fijo en las cuales podía sacar dinero cualquier día, porque eran de diferentes días de la semana. Pero sin contrato, su ingreso era de unos 3000 USD por concierto, y el precio de las funciones en Bellas Artes variaba en base a la función que fuera, así que en una semana de dos funciones podía ganar 6000 a 8000 USD. Por ejemplo, no se hizo El trovador en Bellas Artes porque querían solo pagar el doble del acordado estándar, pero como es muy peligrosa en todos los aspectos, la costumbre internacional en aquella época era que se pagara por lo menos al triple. Y en México era un lío negociar obras difíciles como Aida, que además no se ponía mucho, aunque esa llegaba a 1.5 la tarifa y necesitaba muchos costos de escenografía. A ellos les convenía el trato, en Bellas Artes, ya que mi padre era lo que llaman tenor spinto, y se le daban naturales los papeles como Calaf, Pinkerton, Cavaradossi.

Si bien en los años 90 se popularizó más Tosca y Carmen, porque ya no había cantante mujer para Butterfly (no estaba ya en sus mejores momentos Guillermina Higareda, y de Judith Sierra no supe nada de ella, y la maestra Irma González se retiró desde los 80s), mi padre hacía una serie de cosas que, en términos de los 90s, ya no con buenos ingresos por los nefastos cambios de 1982/1985. Esos ingresos ya disminuidos debían estar entre 10 mil y 20 mil USD mensuales ocho meses del año, y eso sin contar lo de los conciertos aislados y las recurrentes Novenas de Beethoven, que se hicieron más populares de 1980 a 1990 por la casi desaparición absoluta de Bellas Artes.

Allá por 1994, ya con casa propia de mi propio dinero, tuve un detalle con el banco que usaba en ese momento. No recuerdo bien si era Mercantil de México o del Atlántico, que luego se volvieron BBVA. En ese momento estaba yo con un ingreso mediano, pero literalmente no tenía tiempo libre. Notaba yo algo muy raro con el dinero en general en ese momento en el país, y habiendo vivido el desabasto del 79 y la devaluación del 82, el dinero líquido me parecía un riesgo. Yo tenía toda la razón porque en 1995 vino otra devaluación fortísima. Mi padre salió ileso por no tener más de uno, cinco o seis meses de ingreso en el banco, pero a partir de 1992 sus gastos subieron y eso me parecía peligroso.

Pero el punto que da mejor ejemplo de esto es que en 1994 me encontré un día en el Banco BBVA o como se llamara entonces, a mi maestro de matemáticas de la universidad, donde estudié LSCA. Sé que se oye presuntuoso, y aunque no era mucho dinero siempre se daban trato especial. En ese tiempo tener una cuenta con más de 5000 USD o su equivalente no era común, y me encontraba yo revisando qué había pasado con uno de mis plazos fijos. Así que estaba esperando a que vieran por qué se cambió de 7 a 28 días, cuando vi entrar a mi maestro de matemáticas, de escuela privada.

Ese maestro era un señor de unos 50 a 60 años mal llevados, con un suéter barato, lentes, mal físico. Me acuerdo que pensé que era muy difícil ejercer la profesión de matemáticas. Y oí su saldo. Tenía X cantidad en su cuenta de ahorros, le dijeron. Era la cuarta o quinta parte del que yo tenía en esos plazos fijos.

No soy hijo de papi. He comentado que mi padre me dio muy poco dinero (menos de mil pesos), e incluso me causó a mí problemas financieros. Si me dejó dinero al morir, pero en esa época yo estaba ahorrando una parte mediana de mi sueldo, pero al mismo tiempo no pagaba renta. Era muy consciente que no todos ganaban lo que ganaba mi papá, de manera honesta. Y si bien por cuestiones de familia conocí a dos o tres personas con mucho dinero, fuera de la familia, mi padre y su hermano banquero eran los dos de los seis hermanos en mejor situación económica. Al lado de la familia de mi madre no los trataba, pero uno era fundador y dueño de la universidad La Salle de su ciudad, otro cirujano de presidentes, y una de mis tías se casó con el hijo de Carlos Pellicer. Si bien no traté a casi nadie de esa familia, de mi padre aprendí la cortesía y de libros una lógica fundamental.

Las personas no se miden en dinero, pero sí en paz mental y fuerza física.

Hay un concepto que se llama «IRE: Ingreso Regular Eterno» que no es marketing sino sentido común. No eres rico por lo que tienes sino por tu ingreso regular. El nivel de dinero de mi padre no era en lo absoluto como el de mis tíos de la familia materna, pero sus ingresos eran bastante buenos.

A lo que voy es que tener ahorros no es malo, incluso es necesario. Pero yo sabía que las tasas de interés eran ridículas, y lo que necesitaba del banco era seguridad, es decir, que fuera difícil tomar el dinero, y al mismo tiempo accesibilidad, por eso tenía varios plazos fijos.

Ahora en mis cincuenta y cuatro años de vida, oigo a varias personas que confunden su ingreso regular con que sea eterno. Así que sí, por lo menos según ellos, sé de varios de sistemas que no son muy listos, que hablan inglés mejor que yo (supuestamente) y que presumen de sueldos muy altos. Pero si le quitas lo que pagan de celular y del coche y los divorcios, ganan bastante menos, y no es eterno. Tengo un vecino que tuvo un puesto alto en la Reforma Agraria, es presuntuoso a más no poder, comete errores de parvulitos en los contratos que redacta (el otro día leí uno que hizo), y está divorciado y ya no gana lo que ganaba antes, según su madre perdió la casa que tenía, supongo que por las UDIs.

Y de repente leo en Reddit, los que me llegan por correo, «México Financiero», que no leo. ¿Por qué?

He notado demasiados números mentales no apegados a la realidad en las finanzas de la gente, que piensan que las condiciones siempre van a mejorar. Cuando me casé, mi esposa tenía tarjeta American Express. Una de las primeras cosas que hicimos fue cancelarla, el beneficio es bajo y al ser tarjeta de servicios y no de crédito son condiciones diferentes. Actualmente personas con las que trato de buen nivel económico, o que me entero seguido, es justamente un hermano de ella, un señor ya de 50, que habla japonés y cuyos ingresos deben estar en 95 a 100 mil por lo menos.

Pero hizo ciertos cambios en su vida, sus hijos tienen aspiraciones y usan lentes por demasiado tiempo de tablets, y no creo que le resulte fácil a él pagar dos secundarias particulares y después licenciatura particular. Él es del IPN, no de escuela privada. Patrimonio no creo que sea alto. Más que el mío, sí, pero menos fuerza física y paz mental. Ventaja: los años de 30 a 40 no tuvo que lidiar con una esposa bipolar como me pasó a mí (la anterior).

Otro caso que conozco es un cliente que vive por Legaria. Hijos en universidad particular. Él trae chofer y camioneta de donde trabaja. Mi edad más dos o tres años, pero maestría y doctorado. Pero nadie lo sigue. Se le aprecia, pero está solo en muchos aspectos por su forma de tratar a la gente. Yo no soy cálido pero trato a la gente y le dedico tiempo. Y creo que su esposa actual es la cuarta.

En muchos trabajos he visto personas que les falta cortesía y prudencia. Mi padre era cortés, y prudente casi siempre. Por el número de Dunbar, las 150 personas uno trata más, sé que ese cuñado y ese cliente son las personas más ricas que conozco en realidad de momento en trato normal.

Pero el primero está continuamente al borde del precipicio. Me entero cosas. El cliente tiene una situación financiera complicada y cuentas embargadas e inmuebles en los que fue aval, embargados. Si se detienen por un momento, uy, otro covid, todo les estalla. Hay una necesidad que se está empezando a volver resignación.

Lo mismo que mi maestro de matemáticas. Dar clases de matemáticas no es algo que él esperaba. Y en lo personal, ahora que tengo su edad, estaría muy preocupado y si supiera una profesión inútil, sin fuerza física, y sin ingreso regular.

Y lo más extraño es que muchos confunden la cantidad de ingreso recibida en ese momento o lo que tienen como realidad. La realidad es lo que recibes regularmente. En ese aspecto las plazas de gobierno no son malas en lo absoluto.

Pero varios funcionarios que conozco de nivel de ingreso como el mío, en lo que llamo el cliente de los monolitos, nadie los aguanta y se tiene que humillar demasiado. Y nadie los aguanta por muy buenas razones. Hay excepciones, sí.

Y eso pasaba también en Semarnat donde traté con subsecretarios, o en entornos corporativos altos de supermercados o gaseras. El nivel de los verdaderos ejecutivos senior es muy desconectado. Pero el ingreso regular no es de ellos, sino por alguien de la familia.

Y regreso a mis bases contables, la primacía de la realidad. La mayoría de las personas no tienen paz, porque no está basado en la realidad, viven en la esperanza.

Financieramente me preocupa un poco no los aranceles, sino que por lo que he leído las personas con pequeños negocios están pasando problemas como los de la pandemia, los precios suben, sus gastos fijos también. Mis gastos fijos casi no suben.

Sí, hay que tener algo de dinero en el banco, porque ayuda a la paz, pero el entorno no está para la paz. Y no lo digo por mi edad. Solo que el ambiente financiero se está empezando a ver mal por la IA, deseos imposibles de terceros, sumado a problemas de escasez de algunas cosas. Viví el desabasto en 1979, viví varias devaluaciones. Se necesita algo sólido, y eso no son necesariamente inversiones.

Pero la mayoría de las personas se sabotean solos. Incluso teniendo sueldo con prestaciones de ley, que no tengo (no estoy en el IMSS ahora), la situación no se ve buena para muchos. Yo sabía que no iba a acabar como el maestro de matemáticas.

Tengo claridad mental y fuerza. Al rato tengo que ir a hacer dos compras, vi un aparato para hacer abdominales en el que sí quepo (problemas del 1.80) y necesito otro disco duro externo. También tengo que comprar boletos de avión para el viaje de mi titulación.

No son problema del maestro de matemáticas. Sigo produciendo, con paz y fuerza física.

Eso conecta directamente con todo el tema: no eres rico por lo que tienes, sino por tu ingreso regular; y la paz mental no viene de presumir, sino de tener bases reales. El contraste con el maestro de matemáticas y con los ejecutivos desconectados siempre ha sido así.