Dinero vs valor y nada de deseos provocados

Uno de los temas que se mencionan en reuniones que vengo haciendo desde 1992 es la gran diferencia entre los deseos provocados (por ejemplo, por comerciales) y los deseos espontáneos o naturales. Por ejemplo, si vas por la calle y te da sed, no es por ver un anuncio.

Eso lo entendí desde los 13 años al ver cómo manejaba mi papá sus satisfactores, y el grupo de trabajo mesoamericano tradicional que conocí en 1988 (a los 16) se refería a eso con una que otra metáfora. También he visto eso en algunas publicaciones de los 90s no newage sino de esoterismo oriental. Llamaban al problema «El doctor deseo».

Hoy viernes ya estoy en casa y no tengo casi necesidades. Sí, la principal es pasear a los perros… pero puede esperar. Mientras no se resuelvan ciertas cosas, me creo un problema sacándolos de paseo de lunes a sábado, porque lo que le vendo a los clientes es justamente el estar disponible 24/7.

Ayer me tocó oír a dos mujeres como de 24, oficinistas del Edomex (no del gobierno), y estaban hablando sobre qué harían si se sacaran el premio de una rifa de 20 mil. Uy.

De 20 a 200 mil no cambiarían nada para mí.

Con dos millones… quizá compraría una casa pequeña en el Edomex, cerca de la otra, pero con dos accesos de internet.

¿Necesidades?

Pues como dije, no. Ni siquiera quiero una tarjeta de video buena para IA o juegos en mi casa. No quiero consolas, viajes… Un coche serviría, pero no lo necesito en absoluto y me crearía otro problema de logística, por razones varias.

Uno de los libros de Alan Watts (creo que El Gran Mandala) habla de la diferencia entre precio y valor. Desde hace unos 30 años miro el precio de manera incidental. Sí, los conozco, pero no es lo que me importa. El valor… pues prefiero tener asuntos resueltos que colchón psicológico. No acumulo dinero, pero no lo desperdicio. Por eso justamente no compraría una tarjeta de video nueva (aunque a lo mejor sea lo más conveniente por unos cobros anuales que hago en diciembre para deducir de impuestos), pero eso es falta de necesidades, y eso que desde los 19 viví solo.

Podría hacer arreglos para que mi familia (perros e hija) esté más cómoda, esta aquí y el refri lleno. Pero al mismo tiempo, no están mal. Mi hija tiene muchísima más ropa que yo. Tengo pares de zapatos nuevos esperando por mí, guardados. Si tengo que ir a trabajar presencial otra vez, los uso, pero los que tengo los compré en Tlaxcala, hace como dos años, y ni siquiera son caros: unos Flexi cómodos que se ven bien y me permiten correr.

Tuve en la preparatoria materias socialistas de las que ya he comentado, y se mencionaban las ventajas y la falsa seguridad de la clase media. Según los esquemas normales, entro en clase media o media alta, pero por trabajo he viajado tanto que no me interesa viajar, y he aprendido que la ropa buena puede humillar a mandos medios de paraestatales y a uno que otro director de empresa privada. Me visto acorde.

Mi físico, pues tengo 54 años, capaz de cargar sin problemas un costal de 18 kg de comida, o con reflejos más rápidos que jóvenes. No voy actualmente al gimnasio por lo mismo de disponibilidad al cliente, pero la última vez que fui fue porque me lastimé el hombro en una situación ridícula, y me aventé como un año o dos  con ejercicios de rehabilitación que aprendí cuando hacía pesas… que hice como cuatro años de joven.

¿Comida?

Como lo que quiero y que no me hace daño. Con un ingreso del doble, quizá iría una o dos veces al mes a la Parrilla Leonesa y al Café Ventura, que no me quedan cerca, pero literalmente tendría el mismo detalle de disponibilidad a clientes, y para de contar.

Aprendí en la vida real el «combate corporativo», como lo llama William E. Peacock, La descripción dice «adapta los principios, tácticas y estrategias militares clásicas al entorno de la competencia comercial y la administración de negocios». Hay otro libro llamado I Ching 2, que es similar. En varios aspectos, mi vida profesional se ha orientado al principio de ser «recto como una flecha y duro como el metal», y usar más bien los principios de Sun Tzu que los de Maquiavelo, y tratar de ser, sobre todo, cortés y prudente.

Incluso en juegos de video.

Uno de los puntos en contra de World of Warcraft son los cambios de especialización o clase sin motivos, y encuentros específicos donde es sobre todo memoria, haciendo lo que se llama la «rotación» o la danza. Y en la siguiente temporada, casi casi los objetos nuevos de principiante son del nivel máximo que los de la temporada pasada. Lo más eficiente para obtener equipo bueno es jugar una expansión atrás.

En 2015 tuve un incidente con la computadora de mi esposa que me hizo iniciar a jugar Eve Online. Lo vi como un problema de logística, aunque es más bien como un ajedrez multidimensional en varios tableros, debido a que mis clientes de las gasolineras (que es estable ahora) tenían muchísimos detalles de logística y capacitación que a la vez tenían relación con Eve Online.

Pero…

Por ejemplo, tuve coche del año a los 28. No lo necesitaba, me deshice de él. En Eve Online tuve en 2019 un Titan, preferí esperar a lo que estaba pasando y lo vendí en 2020 con la expansión que trajo Scarcity.

No hay nada RAZONABLE en el mundo real ni virtual que me interese comprar. Sí, un poco más de tiempo para hablar con algunas personas puede ser, pero les crearía problemas. Básicamente, la pirámide de Maslow me dice que mis necesidades están resueltas, pero las de muchas personas no, y quitarles tiempo sería egoísta. Incluso por lo que hice de empezar a trabajar a los 19, cuando me toque jubilarme en unos 10 años ya tengo los años de cotización, así que ni de eso me tengo que preocupar, y de salud no conozco a nadie más sano que yo de mi edad o superior.

Así que mi vida no cambiaría gran cosa, incluso con una entrada de dinero de única vez de dos millones, que tampoco es imposible… pero no lo necesito ni lo deseo.

La gran diferencia la hace pensar en el valor y no en el dinero.