La Libreria de Cristal

Hubo una época en que la mayor parte de los libros en español se editaban en tres países casi de manera simultánea: México, Argentina y España. O, mejor dicho, las editoriales publicaban en esos tres mercados. Ahora solo se publican en España.

Llevo más de 20 años sin ir a Europa, pero coincidió que cuando fui a León, en España, ya habían desaparecido la mayor parte de los lugares de venta de libros en México. Por otras cuestiones, me enteré desde hace años del lanzamiento de novelas gráficas, reediciones y libros nuevos en España, pero no en Argentina y mucho menos en México.

Cuando yo era niño existía una cadena de librerías muy regular, llamada Librerías de Cristal. Me la pasaba en librerías con mi padre, de libros nuevos. Eso sí, también librería de viejo «nueva» que encontrábamos y donde mi papá y yo entrábamos a ver qué había.

Incluso en Guadalajara, en 1988, existían varias librerías medianas en Plaza del Sol. Carlos Moya vendía cosas de papelería y libros. Recuerdo haber comprado ahí varios libros, entre ellos uno de Carlos Castaneda , probablemente Viaje a Ixtlán en 1990. Sanborns tenía una sección de libros. Los de ahora son de calidad muy variada, tendiendo a mala, pero entre 1990 y 1995 empezaron a desaparecer librerías y también la Música Pop.

Mi trabajo en supermercados durante bastante tiempo implicaba levantar tiendas con problemas. Y en esos tiempos vendían libros en los supers. Casos que recuerdo: un libro de H. S. Saint que encontré en DETODO de Félix Cuevas en 5 pesos, y Su armadura, un libro muy decente de cosas corporativas, en Aurrera de Buenavista. No trabajé en esas cadenas, pero es un ejemplo. También de la escritora Nancy Springer y de Ursula K. Le Guin se vendían en supermercados. Esos sí eran de las cadenas donde yo estaba. Mucho de ciertos temas poco tradicionales de conducta humana lo aprendí en una mezcla entre libros de la casa de la exesposa de mi padre y libros de los supermercados.

Allá por 1995 hubo una recesión económica en México que coincidió con que Televisa empezara a promover la música grupera en programas con Verónica Castro y una revista llamada Furia Musical. Nunca vi el programa ni leí la revista, pero sí recuerdo que en los papeles de la agencia de publicidad se marcaba eso como un hito de lo grupero en México.

Y no es que haya desaparecido la cumbia o la salsa (que no me gustan), ni las «tocadas» de Niche, Polimarch, Sonido Condor o los sudamericanos de merengue como Jerry Rivera. Simplemente que en las calles el pop desaparecía y empezaba otra cosa menos tratable, y recuerdo los anuncios en la calles Nada de lo mencionado me gusta, pero si vamos a eso, es muy diferente si te encuentras en un lugar y tienen cumbias, no solo de Los Ángeles Azules, sino remixes y demás.

No es que me interese todo esto, pero tiene relación. Vamos a ver. En 1984 se escuchaba en las calles, donde estaban los obreros, una mezcla que parecía una canción francesa de Francis Cabrel, que después fue modificada por una Sonora (no recuerdo si la Sonora Margarita o la Santanera), y luego masivamente con una canción de la cantante de pop Kiara. Así que lo que muchos ubican ahora como música vernácula clásica por excelencia y que ya se usaba en fiestas en 1991, es un derivado de una canción francesa que luego popularizó un cantante llamado Américo. Sí, vaya nombrecito.

Y no me interesa nada de eso, solo me acuerdo y es un marco de referencia. Incluso en la agencia de publicidad luego los sacaba de onda. Por ejemplo, ellos no sabían que hubo una versión de «El hombre del piano» con una de las de Flans en su disco solista, o que Tatiana tiene una versión de «Triste canción de amor» de El Tri, y bastante decente.

Mi padre evidentemente no oía nada de eso, pero como en mi casa siempre se oía música clásica, lo que no era clásico me llamaba la atención. La canción francesa mencionada la escuché en 1981 probablemente, y para saber quién hizo los cambios, según internet es Kiara (la de «Quiero un ángel»), venezolana, pero estoy seguro de que la escuché por 1984, debido a que Kiara sacó el disco en 1989 más o menos; es un remake de alguien más. La versión de Kiara parece que se va a dormir, y la versión mas conocida es de la sonora Tropicana de 1991 segun Internet pero probablemente anterior. A final de cuentas no importa. Solo se que escuché en París eso y despues con ambiente de obreros en 1984. Y lugo lo popularizó Américo (sudamericano) y llego a fiestas por Sonora Tropicana y alguien mas.

Y evidentemente no soy francés ni fui obrero, pero recuerdo lo que pasaba al caminar a la escuela o en otras ciudades del país.

Esa capacidad de observación se vio bastante sorprendida por 1995. Algunos hechos para mí evidentes tenían que ver con momentos históricos, no lo que diría mi hija «momentos canónicos», porque no me gusta nada de esa música, pero sí recuerdo en el tiempo perfectamente la música de ciertos lugares. Ahora no existen las librerías de entonces. La Librería de Cristal tenía sus microfilms, que evidentemente ya no existen. Las librerías de Guadalajara, la última vez que fui, solo Sanborns y Gandhi.

En México, la calidad de la librería El Péndulo siempre fue muy regular, y en el caso de El Rebusque y Gandhi, eran por temporadas. Llevo eso sí unos años de no pasar por Gandhi. Las dos o tres últimas veces que fui, era para localizar unos libros de un lenguaje de programación en especial, que ya no había, y sí me llevé sorpresas porque la cantidad de libros que llega a México es mucho menor.

Si bien en 1991 compré libros buenos de computación, todavía para los estándares modernos en Sanborns, recuerdo muy bien que al ser contratado en las gaseras querían algo muy raro. Y me la pasé unos días por agosto-septiembre de 1995 revisando todos los Sanborns de Ciudad de México, y compré unos nueve libros DECENTES sobre el lenguaje de programación que estaba usando. Después empezamos a ser invadidos por libros muy malos de PC Plus o algo así, casi todos los de Alfaguara, y Pearson y O’Really que son literalmente muy variables. Algunos buenos y otros un desastre.

Más o menos en 2017 me di cuenta de que había un problema con lo que estaba pasando a largo plazo. Me encontraba con mi esposa en el metro y una persona tenía Neuromante, quizá la mejor novela de Gibson, con etiqueta de Gandhi. Nunca lo vi en Gandhi. Otro momento importante para mí fue cuando muchos años antes, en 1997 probablemente, me encontré a pie por Viaducto y Circuito, donde está la fábrica de papelería Baco, más o menos por la altura de Tacubaya aunque salvando las distancias. Y me acuerdo de Viaducto porque me di cuenta de que lo mejor que podía hacer era caminar unos kilómetros justamente hacia Circuito, desde Viaducto, y me encontré con una librería de remates que vendía El bastón rúnico de Moorcock, que leí primero en inglés.

Con el paso de los años, lo que quedaba de librerías se fue desplazando a muestras editoriales en el Paseo del Libro. En su momento, entre los robos de la madre de mis hijos y luego el pago de gastos por mi hija, más el exceso de trabajo, hicieron que no fuera durante unos años a Gandhi.

Actualmente, la calidad de los libros que llegan a México es baja. Literalmente estamos yendo a paso rápido hacia Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Por lo que se en España, aún sigue teniendo una cantidad impresionante de librerías y lo veo en sitios que leo. Algo igual que en Francia, que entiendo pero no hablo, y la situación en México es peor que en otros países, aunque por lo que he visto, mejor que en Argentina.

Parte del problema tiene que ver con la pirámide de Maslow. Yo tengo problemas DE TIEMPO, no de dinero, por lo que ya no voy a Gandhi, ya que la posibilidad de encontrar libros decentes es relativamente baja. Y muchos no compran libros porque No puedes comprar libros si tienes problemas para comer. Y en mi caso el problema es que no puedo ir a Gandhi seguido si tengo que estar cerca de computadoras porque mi diferenciador en soporte a clientes es estar disponible 24 horas siete días a la semana.

De momento van quedando en mi memoria algunos hechos aislados, como la citada música de Kiara que es remake de algo más, o lo que pasó en 1995. Solo sé que algo no se ve bien. En México hubo una época en que anunciaban libros chafas por comerciales de televisión en los 80, por ejemplo, La clave está en RebecaEl vitral, y el único decente era La fortaleza de la saga del adversario. Pero fuera de eso había comerciales de cosas peores como Los renglones torcidos de DiosMamita querida y otros churros infumables.

En su momento, allá por 1990 a 1994, caminaba mucho por el centro y me tocó ver lugares de remates de libros españoles a 5 pesos, donde conseguí un montón de libros de Jack Vance, Brunner y otros. Incluso un tendido de Bellas Artes, donde compré varios de series argentinas y españolas sobre otros temas. Pero ya no existe el tiempo en que Martínez Roca publicaba en tres países. Y literalmente durante muchos años, casi de 2005 a 2018, lo único decente que llegaba a México eran ediciones B en una o dos librerías del Paseo del Libro. La Feria del Libro suele ser una basura absoluta, con uno o dos libros decentes aquí y allá.