Uno de los puntos más raros de Castaneda y que hacen darse cuenta de que es una tomada de pelo es lo de borrar la historia personal. Una cosa es no decir ciertas cosas de tu pasado, y otra es huir de él. En lo personal, para no hacer preguntas incómodas a personas de los grupos de trabajo del Camino Rojo y tradiciones mesoamericanas, tanto mis maestros como yo, desde el inicio y sin que nadie nos lo explicara, no preguntamos nada ni exigimos nada, excepto la no venta de lo sagrado. Y además no sé gran cosa de nadie. Comento cosas de mi vida diaria o personal si sirve como referencia, y luego salen asuntos que «traen las personas». Pero, por ejemplo, puede salir en pláticas las estructuras con globos hechos para los monolitos, o que un hermano del Lobo Rojo anda agresivo, pero, por ejemplo, no pregunto ni sé en qué trabaja nadie de su familia o de otros del grupo.
En los dos grupos de mis maestros tradicionales era lo mismo. Nunca se habló de que alguien fuera a formar un grupo. El I Ching habla de comunidades orgánicas. En el conocimiento de Steiner y de un grupo tradicional que conozco, llamado la Hermandad Blanca (coven mexicano), se usa un término de la tradición: «El maestro debe ser buscado, no ofrecerse él». Empecé a entender esto en una fila del servicio militar, para la liberación de la cartilla; estaban metiéndose muchas personas en la fila hasta que puse un alto… y la comunidad de los de la fila se agruparon alrededor de mí.
Nunca busqué ser jefe de grupo, lo era. Modestia aparte, más inteligente y fuerte que los demás, y por lo general más cortés.
Otra de las reglas que aprendí, pero en este caso de mi maestro tradicional principal, fue: «El grupo puede seguir a un gallo sin alas, pero no a un capón».
En el año 1995 murieron mis dos maestros tradicionales, y ya se había formado un grupo alrededor de mí, después de unas pláticas que di en un auditorio de Ciudad Universitaria, después de que me invitó un maestro al oír mi plática en las Islas con los de los BBS. Así que, cuando murieron mis dos maestros tradicionales y todos nos callamos, había dos razones. No las comento aquí. Simplemente, aunque parecía que el grupo estaba unido por ellos, en realidad nos dimos cuenta de un problema real, y para cortar daños, básicamente los que no se quedaron con las casas pasamos a la opción Zero o corte de comunicaciones, salvo algunas reglas. No esperamos que se tuviera que hacer eso, pero en el año 1995, en el funeral de uno de ellos, estando con mi brazo en cabestrillo pero no enyesado, entendí varias cosas, no solo de reglas de afinidades, sino de necesidades prácticas. Había un grupo de tres o cuatro personas que quedaron aislados automáticamente… porque no se comportaban con el mismo honor que nosotros o nuestros maestros.
Y yo vivía en México. Esa fue la principal razón de la separación de hecho desde cinco años antes, y de momento, aunque sigo en contacto con algunos… viven de recuerdos. La doctora que fue mi tercera pareja pertenecía a ese grupo, y falleció hace casi 30 años. Y las veces que fue a las reuniones de los Azulejos, me hizo el comentario de que era muy parecido a lo que vivimos nosotros en Guadalajara, claro que con algunos cambios por modo, tiempo, lugar y edad.
Sin embargo, la reunión de personas no es suficiente. Yo decidí libremente con mi padre cambiarnos a este bloque de departamentos hace muchos años. No muy bonito, pero relativamente seguro. Los datos en contra de la seguridad fueron los robos contra mí por parte de la secta dirigidos, en mi casa, por mis papeles personales. No hay un grupo sólido de vecinos, tampoco desconfianza, simplemente somos eso, vecinos de fila. Curiosamente, enfrente de mi vive una persona del grupo de los Azulejos =), pero antes de él, solo el trato mínimo con vecinos, y así fue también en algunos trabajos.
No me gusta ser interrogado, y en trabajos solo me pasó a lo estúpido en el 2008 en la aseguradora en que estuve tres meses por proyecto, pero la historia personal no es relevante muchas veces. Yo escribo por dos razones, y una de ellas es que me permite verificar fechas contra un marcador externo, las entradas del blog.
En Guadalajara, por 1988, hubo una serie de problemas con tres o cuatro vecinos por culpa de mi papá. Después de un enfrentamiento pequeño por algo, invitó a comer, creo, a los vecinos de junto, que tenían dos hijos vandálicos, uno mayor de edad y otro no. Vieron el equipo de sonido secundario de mi padre; no sé qué habrían hecho si vieran el principal. Mi padre tenía una pareja rubia de buen ver, y yo una morena. Y eso hizo enojar a los vecinos, y acabó con los dos jóvenes, un primo suyo y otros dos idiotas en el hospital. Tuve que resolver solo el problema de bola de nieve causado por mi papá. La razón era, como dije, cortesía y prudencia. A veces no puedes tener las dos; mi padre hizo algo cortés pero no prudente, y yo resolví el problema cuando se metieron en la casa a robar, siendo prudente pero no cortés. Filosofando a martillazos, diría Nietzsche.
He comentado que conocí a mis maestros de dos maneras: la más conocida es que, evitando que atropellaran a una dama, el atropellado fui yo y mi maestro iba pasando. La segunda es que, ya siendo parte de ese grupo, un día una compañera de la preparatoria me dijo de ir a un lugar. Y era justamente la casa a la que yo llevaba yendo dos o tres meses, una o dos veces al mes.
Uno de los conceptos que se trataban en ese lugar es lo que Castaneda llama «la sombra del guerrero» o «el guerrero de la sombra», pero en tradiciones mesoamericanas significa no solo aquello que sale de la cabeza en caso de peligro, sino un modo de moverse para entender y cambiar las realidades. Hay algo parecido en dos libros: Los nueve príncipes de Ámbar, de Zelazny, y de manera extraña en La ciudad en el fin del mundo, de Greg Bear, que es un libro que tiene buena la primera mitad y luego se vuelve basura. Hay personas que tratan de tomar ventaja ( ventajistas, los llama la Real Academia Española ) y otros que cambian el lugar a donde van, quizá soy de esos.
He estado trabajando en lugares que los cambios para bien los ofenden. Me han regañado principalmente por no hacer cosas imposibles, como cuando me pidieron enviar un archivo por GPS, pero principalmente hacer las cosas me ha vuelto blanco de otros intereses. Hago en lugar de soñar. No solamente los cientos de miles de líneas de código hechas en estos treinta años.
A veces uno no tiene historia personal de lo que les interesa. Nunca le he ido a un equipo de fútbol; si supe que ganó México ayer y por combate corporativo lo comenté, así como a una persona le digo «¡eso!» cada vez que gana el Cruz Azul, pero no me interesa en lo más mínimo el fútbol ni el Cruz Azul.
En mi caso, manejar cosas de manera pública me ha ayudado y en realidad perjudicado muy poco.
En el juego Eve Online hay muchas rivalidades entre grupos. De manera similar he sido parte de varios grupos; recuerdo mucho la época de Fubar, una alianza que literalmente desapareció de la noche a la mañana como Pandemic Horde, y cómo fui a dar allí. Curiosamente, un piloto del juego que es mi proyecto a largo plazo por su capacidad para usar una nave y skins relativas, estaba buscando casa entre sus pendientes, ya que en el juego muchos grupos son paranoicos. Había pensado en tres grupos principales. Y uno de ellos me invitó hoy cuando iba pasando por su cuartel, por mera casualidad. Lo malo es que esto implica no hacer nada de comercio externo por tres meses, en lo que se borran mis historiales de la API, ya que puede espantar que tenga 120 b, o unos tres años de juego en bienes, de un grupo que es inicialmente para inexpertos. Pero la nave que me interesa usar es en Null, un Draugur… que justamente tiene como bono poder dar saltos pequeños con varias naves ayudantes.
Ahora estoy en una situación que me hace pensar en esto, pero por Eve Online.
Literalmente algunas personas arriesgan mucho. Muchísimo. Yo no busco adrenalina y me conformo con logros medianos y constantes. Solo que la buena suerte de este piloto me va a obligar a preparar cambios, y literalmente no busqué. Y de momento ya es parte de un grupo, y la nave que pienso usar es mediana. Vamos a ver que sucede.