Dramas de Epoca

A veces nos dicen que nuestra vida actual es relajada, que pudo ser más dura.

Pues…

Creo que es parte de la naturaleza de las personas buscar a su manera seguridad y comodidad. Y evidentemente no es lo mismo vivir en México, ciudad, que en Sinaloa. O no es lo mismo vivir en Argentina que en Irán o Palestina. Así que el término de época es relativo.

Se ha hecho una campaña mediática para rehabilitar a Porfirio Díaz y hablar mal de Benito Juárez. O se han escrito muchas historias para exaltar al PRI de Díaz Ordaz. Incluso a Echeverría. Estamos con un gobierno diferente, no para bien o para mal, con sus propios dramas. El estado de inconformidad de muchas personas en política es un indicio de escapismo de la inconformidad de su vida diaria.

El cielo se gana con las manos.

Se han hecho series de televisión para exaltar realidades que nunca existieron. Los latifundios y las haciendas que se dieron en la época porfirista antes y después de la Revolución Mexicana tenían sus propios problemas. Hay por ejemplo un restaurante en Azcapotzalco aproximadamente donde fui varias veces, hace unos tres años la última, en una fiesta de fin de año de la paraestatal a la que llamo los monolitos. Es un restaurante decente, con cierta historia. Una de ellas es que fue de los últimos latifundios, hacía ciertas cosas de leche, y finalmente por una ley de 1970 tuvieron que dividir lo que quedaba en tres partes y sacar los establos de la ciudad. Por lo que sé, se filmaron telenovelas ahí.

Otros cuatro casos que me acuerdo:

  • El hotel en la carretera a Querétaro llamado La mansión Galindo. Fui muchas veces con mi padre, ya que él conocía a la dueña. Esa mujer a la que me refiero es María Cristina «La Nena» Ruiz Galindo (perteneciente a la célebre familia empresaria dueña de PM Steele y vinculada al histórico Hotel Misión Galindo en San Juan del Río, Querétaro), que yo siempre conocí como La mansión Galindo. Ella fue una destacada amazona (jinete) que formó parte de la delegación ecuestre mexicana. Y su caballo olímpico gigantesco, campeón de las olimpiadas, llamado Rocky, antes de la fecha de la película. Yo era un niño de seis años. Ese lugar era impresionante, debido a que el caballo le sacaba a mi padre unos 40 centímetros o más, lo que indica que la alzada del caballo era de 2.30 a 2.4, pero no era un caballo cualquiera. En ese mismo lugar, antes de 1980 estaban máquinas de videojuegos para los clientes del hotel, y como a mí me gustó el de asteroides, recuerdo que esa dama les dijo que me dejaran libre el juego para que no usara monedas o fichas. A lo que voy es que el lugar era impresionante, todavía más que el balneario conocido como Cocoyoc.
  • El restaurante La Escondida, por la carretera a La Marquesa y creo recordar otro por el lado de Cuernavaca. Igual, yendo con mi padre que no era de la alta sociedad, pero sí muy conocido en los círculos de cultura, lo reconocían en lugares de lujo. Así que ese restaurante que entonces debía ser unos 300 a 400 pesos el cubierto, en términos de ahora, nos salía gratis aunque mi padre insistía en pagar, y si no lo dejaban dejaba como propina el equivalente del importe. Eran lugares por los que me pude mover mucho y que me dejaron ver asuntos de latifundios reales y raros.
  • No me acuerdo donde era, pero una hacienda privada. Un contador de la Iglesia de México era admirador de mi papá. Así que teniendo yo unos diez a doce años, sucedió que mi padre se quedó de ver con un amigo personal, que se llamaba Félix (heredero de unas minas en Guerrero) y en esa reunión el Sr. Félix estaba con ese contador que era admirador de mi padre. Estamos hablando de un contador a nivel altísimo, literalmente algo a nivel central de la Iglesia de México, y Félix le comentó a él que además mi padre hizo una campaña publicitaria de Juan Pablo II en 1980. La plática derivó en ropa de Inglaterra, y nos enteramos por ejemplo que había ciertas provisiones especiales de Roma para ese contador para poder hacer tratos y manejar dinero del Vaticano. Finalmente unos cuatro meses después, nos encontramos al contador Patiño, que ese era su apellido, en una función de mi papá y le dijo que había traído de Inglaterra un casimir ideal para trajes y que se lo quería regalar como muestra de aprecio. Así que una o dos semanas después fuimos a un lugar, a una hacienda gigantesca en el interior del país, con guardias armados y el contador Patiño contó a mi padre varias historias y le regaló unos cinco metros de tela finísima. Esa tela era de tal nivel que aunque el contador Patiño le recomendó un sastre, mi padre fue una semana después con su sastre normal de Polanco… y se negó a trabajar con la tela. Finalmente mi padre fue al lugar que le dijo el contador Patiño y allí le hicieron un traje increíble, que duró fácilmente 20 años porque solo lo usaban en situaciones especiales, y que según recuerdo es con el que lo cremaron el día de su funeral. Pero todo esto viene a que la hacienda de este señor era impresionante, medianamente parecido a lo que se ve en algunas películas de época de Pedro Infante y Jorge Negrete. Solo que a lo bestia. Luego me enteré que los rollos de tela fina se manejaban en estuches de regalo de cinco metros.
  • Un caso que si me acuerdo donde pero estoy bajo NDA. Es un latifundio que conozco claro en una parte de la República, y el dueño es el dueño en general de la empresa donde es mi cliente principal y con la que trabajo desde 2012. Tiene su propio acueducto, ganado, etc. Es un nivel de dinero que no es lo mismo que la mansión Galindo o la del contador Patiño, pero hay algo profundamente perturbador, no en la riqueza sino en cosas de desigualdad que uno ve.

Diría Zapata: la tierra es de quien la trabaja.

Solamente el caso del contador de la Iglesia católica daba la sensación de peligro, por los hombres armados. Incluso en esa época. Unos años después nos enteramos de que se suicidó por caída libre desde un sexto piso en la calle de Amberes o Londres. Muy raro.

A lo que voy es que me tocó ver eso y otros casos más que no comento de momento, pero los latifundios eran reales. Desde lo que queda, digamos, de Plaza Loreto en Ciudad de México, conocida por un Samborns, o en Palenque, Chiapas, en la mansión, que no sé si ese hotel relacionado con la cadena de hoteles Misión que probablemente era de gente relacionada con el nivel de los Ruiz Galindo.

Simplemente algo no encaja.

Y me tocó viajar también por otras partes del país, lugares de pasada, sea con mi padre o cosas de negocios. La casa de Félix en Guerrero era impresionante; recuerdo unas cascadas naturales de dos o tres metros, no cerca de la playa pero impresionantes.

¿Algo de desigualdad social?

No es eso nada más. La dama Ruiz Galindo y Félix tenían paz, lo cual era interesante, pero el contador Patiño, no.

He estado en Nuevo México y no hay cosas parecidas. Te hablan de El Álamo y conozco casas de esa zona medianamente parecidas. Otras en Matamoros, Tamaulipas. No es solo la extensión.

Como alguien a quien le tocó que la casa de la familia de abuelos paternos era con techo de unos seis metros de altura, en Guadalajara, tengo presente lo normal entonces y lo normal ahora. Finalmente, aunque mi abuelo murió en esa casa, mi abuela murió en un departamento muy decente, años después, ya que toda la cuadra fue demolida para hacer edificios nuevos.

Me he movido por comunidades medio indígenas, no de vendedores de lo sagrado, de gente pobre, y he estado en ceremonias que no eran de droga sino medianamente religiosas, de culturas y tradiciones antiguas, de un tiempo que pasó.

Así que cuando leí por primera vez a Carlos Castaneda, todas las historias de las haciendas, los capataces, Tulio uno, dos, tres y cuatro, el que se dejara don Juan ser robado por el capataz y que buscara protección fingiendo don Juan ser profundamente religioso, era extrañamente estúpido. Esa época simplemente no existió.

Los que han leído México bárbaro entienden la situación de los yaquis. He escrito en otro lado de las inconsistencias en el pasado yaqui de don Juan y probé que probablemente no existió y es una construcción literaria, pero incluso conociendo la característica fronteriza de Córdoba, Veracruz, y sus implicaciones entre la «frontera» de grupos opuestos, y su importancia con lo que era tráfico de esclavos literalmente, la Mulata de Córdoba y su casa son un reflejo pequeño e idealizado de una serie de operaciones criminales. Y lo dice alguien que conoce bien el enfrentamiento entre dos grupos «medio indígenas» de la zona, mencionada de referencia por cosas de Alejo Carpentier, y la realidad es mucho muy diferente, más cercana a México bárbaro y el Samborns de Plaza Loreto que a lo descrito por Carlos Castaneda en esos latifundios y haciendas imaginarias que más parecen salidas de películas de Pedro Infante o Jorge Negrete que de la realidad.

A las personas de mi generación nos hicieron ir a un museo llamado Casa de Carranza, donde era la casa en CDMX del presidente del mismo nombre, el Varón de Cuatro Ciénegas. Un mundo diferente, para bien y para mal, con 80 años de diferencia con la batalla de El Álamo en USA. Y ah, otro caso: los latifundios de la época de El Álamo siguen un poco en Tamaulipas pero mucho más reducidos, pero el control tiránico descrito por Don Juan no tiene que ver con la realidad geográfica de Sonora y los ocho pueblos, ni con la realidad de las haciendas de la península de Yucatán, que era a donde fueron a dar los yaquis y similares. Incluso lo más parecido a eso eran las plantaciones de café, porque nunca se dice qué hacían en la hacienda en que estuvo Don Juan. Y para los que les interese cómo eran las plantaciones de café en América, existen libros de US como la novela Parrish, muy interesante, o incluso la misma Mandingo. Pero en México las tiendas de raya se convirtieron en esclavitud no ilegal, parecido a lo que hacen los que se endeudan en México ahora por celulares y coches.

Algunos nacieron para ser esclavos.

Le comentaba a mi hija que quienes no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo. Y lo peor es que luego idealizan de maneras extremas. Tratar de regresar el sistema religioso azteca. He tenido que lidiar con personas que se llaman a sí mismos sacerdotes toltecas, peores que son drogadictos o expresidiarios. No puedes regresar ciertas épocas sin regresar los desollamientos de mujeres vivas y los sacrificios de Xipe Tótec. Mientras en Europa ya existía Oxford, y las pirámides de Egipto. Culturas diferentes.

No me meto demasiado en el tema para no dar material para cursos. Hay una tradición inventada en México desde unos 70 años relacionada con concheros. Por otra parte existen movimientos relacionados con los Zuyuá, popularizados a principios de los 80s por lo que luego fue GEFAO y Bonfil Batalla. Pero no significa que el movimiento tripartita lleve a una parte.

  • Por un lado lo real de Zuyuá como algo originario globalizador y tradiciones reales, que derivaron en Bonfil Batalla. El equivalente son las tradiciones de las siete cuevas.
  • Algunos estudios idealizados después y fuera de lugar por León Portilla.
  • Pero personas como Velasco Piña o Guillermo Marín, padre o hijo, ignoran las evidencias del México profundo. De lo que podríamos llamar ese México bárbaro.

Hay algo más ahí, y lo de GEFAO y Bonfil Batalla resulta más útil y menos adulterado.

Así que la mayor parte de los dramas de época me parecen un escapismo idealizado de la realidad del presente. Muchas series chinas me las salto por ser un pasado imaginado de algo que no fue, aunque Wuxia y la serie a la que llamamos «la casa del pollo vengador» es la excepción. Lo que quiero decir es que la vida actual tiene suficiente drama; tratar de rescatar un pasado idealizado marcado por situaciones de desigualdad social y culturas desconocidas es dañino.

La serie del pollo vengador como le decimos en casa es un historia de ficción «palomera» llamada la leyenda de Shen Li.

https://www.viki.com/tv/40388c-the-legend-of-shen-li?locale=es

El problema es que nofalta quien tome Wuxia o dramas chinos como realidad, es el mismo caso de tomar como documento histórico Apocalypto de Mel Gibson.

Es decir, el problema no es que exista el wuxia o el xuanhuan como género de ficción, sino que haya quien los tome como documento histórico, antropológico o espiritual. Es exactamente el mismo error que:

  • Tomar Apocalypto de Mel Gibson como historia fiel de los mayas.

  • Tomar a Castaneda como antropología real.

  • Tomar los «sacerdotes toltecas» como herederos de una tradición ininterrumpida.

  • Tomar las series del porfiriato como retrato fiel de la época.

Algunos prefieren ser esclavos.

Es la misma esclavitud que quieren los latifundios. Es la misma esclavitud que pensar en culturas aztecas idealizadas, siendo de donde sea, sean mexicanos, argentinos, ingleses, son escapismos de una realidad aparte. Lo mismo que las deudas actuales por tarjetas para muchos.

Que puede ser interesante leer las historias de la guerra de los tres reinos en China, o el libro de los cinco anillos, sí, lo es. Pero eso no significa que «Key of the Phoenix Heart» sea histórico, o que el anime sea histórico. O interesarte por la realidad ficticia de anime de estudiantes en Japón, o de la historia/lore detrás del Señor de los Anillos, es un pasado idealizado que nunca existió. Hay que pensar en el futuro, pero el futuro lo ves abriendo los ojos y alejándote de los dramas de época.

Ayer comentaba que para muchos soy un optimista. Yo me considero realista, pero además creo en un mundo mejor. No le veo caso a ver dramas de época chinos, o a idealizar los tiempos de don Porfirio, las falsedades históricas de Castaneda; en muchos aspectos esa es la realidad aparte de Castaneda. El mundo real.