Son poco más de las cinco de la mañana, domingo. Durante un año y medio, más o menos, debí bajar mi consumo de proteínas, por razones varias. No verme agresivo ante clientes, y empezó por no verme agresivo ante mi jefa y funcionarios varios que estaban cometiendo errores en el cliente al que llamo «los monolitos». A ojo de buen cubero, esto debe ser desde abril o mayo de 2025.
Sí como proteínas, pero no a mi ritmo normal. Incluso puedo decir que es la época en que menos proteínas he comido desde que soy adulto. A veces sí, necesario, y la avena pues tiene proteínas estándar.
Y lo que es baja proteínas para mí es más de lo que come mucha gente.
Ya comenté algunas cosas de carne y el evento al día siguiente de salir, cuando el director de esa dirección de la paraestatal me dijo: «Yo que usted estará muy enojado». Y yo le dije: «¿Por qué? Les dije que iban a tener un problema, ofrecí solucionarlo, mi jefa me hizo una grosería, ¿por qué me voy a enojar?»
Cuando acabó el mes, a él lo corrieron.
Me di cuenta ayer en la mañana de que, trabajando de lunes a sábado, no me iba a ser posible ir al lugar al que suelo ir a desayunar los sábados, así que fui con mi esposa y cambié un poco de menú. Ya había desayunado avena.
En el restaurante comí un desayuno de hotcakes, huevo, jamón, jugo de naranja y aparte un plato de frijoles negros y una pechuga cordón bleu. Unas horas después, en la reunión mensual, había un paquete de milanesa de pollo de muy buena calidad. No era proteína de primera, pero sí como unos 200 a 300 gramos de carne de pollo de buena calidad.
Ya estaba avisado en la casa que, una vez que regresara con cliente de tiempo completo, iba a cambiar mi alimentación. Mi estándar son 100 a 200 gramos de carne diario.
Parte de la razón de mi fuerza. Los 54 años me piden estar atento al entorno y no mostrar debilidad alguna. Y algo que se nota en un entorno de hombres es quién es el más fuerte. En el caso de los monolitos, era evidente, por ejemplo, mover con una sola mano un garrafón de 20 litros sin quejarme, o mover cosas que nadie podía mover; yo lo hacía con una palanca humana. Es un tipo de autoridad, y lo que menos debo permitir es verme débil. La autoridad tecnológica la tengo, la cortesía la tengo, y la fuerza controlada es una tercera autoridad. Ya a mediados de mes revisaré la lista de las nueve autoridades posibles, según un libro específico, para ver cuál tengo. Mi ranking solía ser 7 de 9. Con la titulación en diciembre, serán ocho.
Por lo general no me enojo ni me molesto, aunque haya imprevistos. Por ejemplo, hoy me desperté a las 04:50 y no pude sacar el piloto en Eve Online porque había dos pilotos peligrosos cerca. No me afecta. No emociones. Un retraso de un día no me detiene.
Hoy tengo que hacer varias cosas, no es por orden de importancia:
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Imprimir y escanear la documentación que llevaré mañana.
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Imprimir y preparar mi acordeón de software Debian y Gitea, y dos funciones que uso mucho de PHP.
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Preparar mi ropa, cuaderno y las plumas que compré ayer.
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Hacer la lista de lo que debo llevar.
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Revisar con la hoja impresa de pagos pendientes del cliente fuerte los gastos de este mes, porque mi esposa va a tener que explicarle qué y por qué debe pagar para que no le suspendan servicios, en el penthouse de la Condesa donde he ido a cobrar el último año, siempre con ella.
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Y por último, ir al lugar donde voy a trabajar para estar seguro de que sé cómo llegar.
Son las 05:12. No fue posible despegar ya que los jugadores agresivos en Eve Online están conectados. Así que reviso la ortografía de este texto, lo publico y me vuelvo a acostar. Hoy dormiré más que de costumbre.