Algo que sucede en artes marciales o defensa personal es la tendencia a hacerte un guion inicial en tu cabeza, en base a memoria física, lo que le llaman Katas o posiciones de prueba o de entrenamiento solitario. Los momentos de kumite, pelea frente a otro, no son tan comunes pero es lo que te foguea. Una cosa son las situaciones ideales y otra son los enemigos, estén ellos internamente controlados o descontrolados.
Así que una vez que tienes cierta idea del movimiento original, simplemente dejas que tu cuerpo fluya. Mi maestro de defensa personal comentaba algo llamado espejear, que era reflejar o bloquear ciertos movimientos cuando, usando un lenguaje coloquial, «no sabes qué chingados está pasando». Eso funciona uno contra uno, no puedes espejear contra dos. Y eso hacía que las demostraciones en 1988-1990 fueran más útiles.
No tiene caso practicar siempre contra personas que usan el mismo estilo que tú. Así que, como parte de nuestro proceso de obtener cintas, se hacían demos en un lugar en Jalisco, contra personas de otro estilo. Mi grupo usábamos Wing Chun y variantes de Kung Fu, aunque se veían cosas relacionadas con Kempo o Boxeo Tailandés como complemento, ahora llamado Muay Thai. Aclaro que Kenpo NO ERA LA VARIANTE PARKER.
Es absolutamente diferente enfrentarte a un Shotokan que a un Lima Lama. Y el problema básico de Tae Kwon Do son las tres posturas base previsibles, medianamente compartidas con Karate Do, y en lo personal me parecieron que los más centrados de ese tipo era Moo Duk Kwan (reconocida por el logo del puño amarillo) y la persona más capaz entre los estudiantes que vi esos años era una persona de Moo Duk Kwan. Nunca nos tocó enfrentarnos, pero sí recuerdo verlo en demostraciones de su propio grupo, y en una como atacante contra una pelirroja de mi grupo, justo la Loba Roja, que a pesar de ser nivel más bajo logró mantenerlo a raya el tiempo reglamentario.
Esto viene al caso porque a lo largo de los años en mi trabajo en supermercados mandé a varias personas a la cárcel. Literalmente unas 30 de cajas, y unas 40 de otras áreas incluyendo administrativos y compras. Aunque mi éxito mayor en ese campo fue una persona que con labia y trabajo convencí de renunciar, porque ella no sabía que no podíamos probar el robo que hacía, pero estábamos seguros. Historia larga.
El caso es que entre esos episodios siempre sabía que alguien se me podía poner agresivo. Me pasó dos veces con personal de piso, y lo único parecido fue cuando corrí a una persona por ser el un idiota, un seudo programador que no sabía buscar en Google, allá por 2010 en la empresa de comunicaciones vía satélite y se puso violento. Ya teníamos la liquidación pensada para una semana después y estuvo a milímetros de pasar a golpes, pero no pasó.
No cuento incidentes como el del tipo fierrero que hacía fraudes con los tóners allá en 2017. Aquí me refiero al hecho de que un evento periódico y natural, que era despedir gente, si se me pusieron violentos como el 3% de los que acabaron siendo detenidos, y en total como un 1% de los no carcelarios. Sí, he corrido o tenido que decir a alguien que se va por rendimiento, pero aquí lo que me importa es que son cosas periódicas. Por ejemplo, menos unos 10, todos los que corrí fueron antes de los 28 años, y menos unos seis, todos los que mandé a la cárcel fueron antes de 2006.
El caso aquí es que era un evento periódico, regular. Tú no sabes cuándo te van a atacar en la vida real, y uno de los principios que aprendí de defensa personal es que no tienes tiempo de ponerte en guardia. Y los que esperan algo deportivo y ponen una pose, es algo similar a la guardia más visible de Kenpo, con una mano en la frente, que además no bloquea patadas y se me hace muy obvio.
Es similar a lo que comentaba en otro momento: que en combate real callejero o parecido, salvo ciertas excepciones, se evitan patadas debido a que quedas expuesto a una cuchillada que te puede matar casi de inmediato, y en los tiempos de mi amiga Policía me decía que no era raro, antes de tanta arma de fuego, que los pleitos a navajazos acabaran con alguien de defensa personal muerto por usar patadas contra navaja.
Claro que las situaciones cambian.
Otro caso fue que allá por el 2001, en ratos medio libres, apoyé a un conocido, que era abogado, a ir cobrar dinero por facturas. Creo que fuimos unas 20 veces, quizá 30. Sobre todo íbamos por parte de su despacho con clientes que ya se les iba a notificar, y por lo general se manejaba unos dos días antes de quincena, y a veces dos casos el mismo día. Lo que yo hacía era acompañar a esta persona y por lógica fueron máximo 24 veces por las 24 quincenas, y unas ocho o nueve veces dos eventos el mismo día. Dos de ellos acabaron en pelea de la manera más inesperada posible. Íbamos a cobrar, y por lo general el actuario era nuestro testigo afuera del lugar, y nosotros al salir éramos testigos del actuario.
Pero dos veces, usando el vocabulario, se salió de madre.
Una fue en una empresa que vendía productos químicos, por un cliente que debía de trampas para plagas /ratones, y el que les recibió no tramitó el pago, mejor dicho lo tramitó y no nos pagó. Falsificó firma y nos atacó dentro. Eso no te lo esperas. Literalmente fue una sorpresa mayúscula que te ataquen dentro de una fábrica, el de mantenimiento con sus ayudantes, y todo el entorno era peligroso. El asunto acabó con la policía en el lugar, mi amigo inconsciente por los vapores de algo que se rompió, y yo intacto, pero se necesitó ambulancia y no para mí.
El segundo fue una de las situaciones más violentas en que he estado. Unas personas llegaron a un arreglo por documentos de un coche al que chocaron, y luego se cambiaron de casa. Así que, para poder deducirlo de impuestos como incobrable, era necesario una notificación con actuario. El lugar era una casa particular de esas casonas antiguas, en buen estado, un poco vecindad pero más bien eran casas de 1910 a 1920 como las que se ven por Santa María la Ribera, con lavaderos de piedra en el área común. Al entrar a cobrar, dos hermanos nos amenazaron, uno con cuchillo y el otro con boxer. Y estaban drogados. Igualmente salí ileso de ese lugar, pero cubierto en sangre. Igual llegó la policía y ambulancia y nos tuvimos que quedar en lo que se hizo una revisión de la casa de estas personas. Una mujer iba a agarrar una navaja de esas medio curveadas y el policía la pisó a la mujer que estaba agarrándola, luego pateó el arma y luego a la mujer, no con salvajismo pero sí era necesario. En ese momento los tres policias que estaban literalmente usaron el arma larga que suelen traer en la patrulla o por lo menos en esa época del 2001. Y Fue algo raro esperar, viendo a cuatro personas esposadas, dos de ellas sangrando y tres policias con arma larga apuntando al piso.
Así que en ese giro un 10% de episodios acabó en una escalada de violencia.
Lo que me llama la atención de momento es que no puedes tú espejear un acto autodestructivo y lo que puedes hacer es dejar que se den en la torre solos por el transcurso del tiempo. Nadie está preparado para enfrentarse con locura de cierto nivel.
Actualmente lo que veo son episodios de estupidez. Literalmente mucho movimiento lateral. De cierto modo, no esperas violencia pero si cruzas la calle con los ojos cerrados te va mal, y es lo que muchas personas estan haciendo con sus vidas.
No me muevo si no tengo que hacerlo. No puedo espejear la autodestrucción ni la estupidez.
Aunque mi trabajo sí implica detectar robos o fraudes, desde 2012, tiempos del presidente Peña Nieto, he visto problemas más serios para que encarcelen a alguien, incluso sin reparación del daño, y casi siempre es necesario el equivalente a actuario o papeles de carpetas de investigación para que mi cliente pueda deducir.