Desde hace muchos años me he regido por una serie de normas morales prácticas, basadas en parte en el estoicismo, en parte en Kant, pero que vienen de raíces más antiguas. Algunos lo llaman Camino Rojo y otros Culto de Mitra. En realidad, el Camino Rojo actual ha cambiado de muchas maneras y en grupos mesoamericanos se asocia con la acción, a diferencia de los modos contemplativos.
Conocí a maestros tradicionales del camino de Mitra, y por lo mismo del Camino Rojo, allá por 1988, a los 16. Conocí a mis maestros de dos maneras. Pasados unos dos años era parte de los dos grupos de trabajo, lo que podríamos llamar el público, equivalente a los Azulejos, y el de Tapalpa, equivalente a lo que hacemos en las reuniones del segundo sábado, en otra de mis casas.
Esos grupos los coordino desde 1995. En 1992 de manera informal, con tres cambios importantes. Uno en 1995 por la muerte de mis dos maestros con tres semanas de diferencia, y otro en 2004 aproximadamente, debido igual al fallecimiento de una persona de Córdoba, Veracruz. Podemos decir que ya tenía grupo formal de lo que los gnósticos llaman primera cámara, y en caminos tradicionales se les dan nombres diferentes, equivalentes entre magia ceremonial, rosacruces, y caminos de Mitra y derivados.
Por el año 2006 hice el primer intento de crear el segundo tipo de grupo. Hubo señales de que no era el momento adecuado, y se hicieron otros intentos en 2009. Hay una razón de que se maneje un quórum de 7 para preparar una habitación, en base a lo que Guénon llama escuelas iniciáticas. Dar más detalles no viene al caso, pero en medio de la pandemia era imposible seguir haciendo salidas avanzando en lo que son caminos mesoamericanos, y se pudo reunir el grupo de siete para preparar un área, y fue muy interesante porque se pasaron ya las tres pruebas básicas. Faltan dos, pero no es el momento por otras razones.
A mí me tocó en mi segundo año para poder hacer algo, en 1989, pasar por las dos más difíciles y las otras tres el tercer año. Fueron las circunstancias.
Tenía que ver el código moral principalmente.
Uno de los temas más curiosos es el simbolismo que está en Saturno, y su equivalente. También hay otro conocimiento en temas más pesados, como el libro de Abramelin. Son palabras mayores. Pues resulta que a los 19, por una serie de cosas, era evidente que posiblemente me tuviera que enfrentar a una persona que se desvió del camino, y que tuviera que tomar el lugar de una tercera persona, que estaba en Cuernavaca con un grupo de trabajo. No hizo falta.
Hay mucho simbolismo y mucho conocimiento práctico en mitología comparada, esto va desde griega a romana, hasta lo que está detrás de Abramelin, Orfeo y los doce trabajos. Parte del camino de Mitra. Es simbólico, pero se aplica en la vida real.
Dos personas de aquella época me explicaron que hay trampas en muchos lugares, tanto en la vida real como en los símbolos. Y Abramelin tiene eso. Solo el código moral te salva de las trampas.
El caso es que en mi primer trabajo, allá por 1991, ocasionalmente llegaba a trabajar después de haber ido a Cuernavaca a ver el lobo rojo del grupo de mi maestro, al que parecía que iba a tener yo que ayudar. No hizo falta, pero en una de esas entré a mi trabajo y le pusieron un sello al libro: «supervisó protección». Recuerdo ese sello de mi primer trabajo. Se controlaban todos los bienes que metías al trabajo por robos.
Ahora, hace unos minutos, me encuentro en 24 de junio, noche de San Juan. Un conocido que se cambió de ciudad tiene problemas medianos, y para explicarle algo busqué el libro de Abramelin que tengo guardado con las precauciones del caso. Y mira lo que son las cosas. Según las tradiciones, el 24 de junio es muy importante. Y faltan diez minutos para el horario ideal.
Ya le avisé al interesado.
¿Coincidencias?
No creo. Es código moral.
La noche de San Juan, supervisado por protección.