Existe otro mundo que coexiste con el actual. He comentado que no es nada de conspiraciones. Hay un mundo real y la mayoría pierde el tiempo fuera del mundo real. Así que al vivir en el mundo real, es algo solitario pero hermoso. Veo lo que otros no ven, no juzgo, estoy tranquilo.
La inteligencia artificial o LLM puede verse más rápida, pero es solo para ciertas cosas. No ve ciertas relaciones, y uno quisiera hacer más cosas, pero por lo general lacomputadora se cansa más. Y comete errores graves. No importa lo rápidas que son las computadoras, tienen que hacer pausas, y nos enfrentamos al problema o paradoja de Aquiles y la tortuga. Teóricamente Aquiles nunca va a sobrepasar a la tortuga, pero en la realidad son otros mundos.
Es de noche, 22:11, uno de mis perros ladra, quizá quiere más comida. Voy a ver…
De momento tengo un perro grande, que es de mi hija en realidad, y la dinámica ha cambiado mucho desde que él llegó en abril del año pasado. A estas fechas tiene dos años, y es más grande que todos los demás juntos, pero es de buen corazón, aunque de repente se pone a ladrar, no enojado a otros perros. El ladrido que oí ahorita es de otra perrita que me dice en su propio idioma: el perro grande ya se acabó la comida. Y así es.
Hace muchos años, por 2013, salvé a dos perritas que iban a ser sacrificadas y me encontré por primera vez con tres perros al mismo tiempo. La schnauzer que tengo aquí, y aquellas dos. Y lo más práctico fue dejarles comida libre. La comida sirve jerarquías, pero el plato libre con los perros actuales significa que el tragón de repente se come todo y ahí tengo que ir otra vez. Prefiero los perros tranquilos.
Ayer estuve en una de mis casas viendo un problema de internet, estuve pensando en algunas técnicas de meditación útiles para el dolor, relajación y similares. Las aprendí de grupos tradicionales y rara vez las uso, no necesito concentrarme. Una de ellas tiene que ver con visualizar un círculo en la pared, como una puerta, siguiendo ciertas reglas. Se puede obtener información de allí, calma o paciencia. No es que te interese traerlo de ese lugar, pero es una forma mental de darte órdenes tú solo.
En octubre del 2008 tenía tiempo libre y mis computadoras estaban ocupadas. Acababa de separarme definitivamente de la madre de mis hijos, y no había pena, solo alivio. Literalmente tuve que endurecerme bastante para evitar que algunas cosas pasaran a mayores. Así que me acuerdo que un día, sin perros en ese entonces, me senté en medio de mi sala. Un departamento simple de dos habitaciones, pagado, sin deudas. Empecé a centrarme en esa técnica y a oír los pasos de las afueras. Dos de la mañana. Estar despierto era necesario por los respaldos. Uno de los puntos que recuerdo bien fue que ya sentía, de manera leve, que había estado allí. Y eso me llevó a pensar en otros cinco eventos a lo largo de mi vida de ese entonces donde me sentí igual. Podemos decir que dos pensamientos dentro de dos de esos déjà-vus han sido de tal nivel, que podría jurar que no es la primera vez que vivo esta vida, no hay otra explicación. Otro momento de mi vida me encontré diciendo “no hagas esto”, lo hice y me arrepentí, no mucho.
En 2003 vi a un hombre conocido mío, destruirse. Casi el nudo en la garganta porque era un desperdicio. Solo que sabía que iba a pasar años evitando que me llenara de su basura. Supe el momento exacto que eso iba a suceder.
Eso fue un detalle del mundo real.
Tengo la suerte que no necesito crearme historias en la cabeza. Veo y actúo, sin prisas y sin miedo, es raro que un sentimiento me mueva diferente a la maravilla de estar vivo. Escribo en este momento en una computadora, 22:23, y los respaldos corren. Necesito un poco de tiempo. El mundo real es así.
A veces pienso un poco en el futuro. Es muy probable que solo tenga uno o dos perros después de los 65. Pero trataré de explicar por qué. Mi padre hacía mucho ejercicio cuando yo tenía unos ocho o diez años, pero ejercicio de un tipo mezcla de yoga, tensión dinámica, pesas y remar. Su entrenamiento diario para su trabajo incluía correr diariamente unos cinco kilómetros en Chapultepec, y yo me quedaba muchas veces en el coche o en un banco viéndolo correr. Con él iba nuestra maltesa, una perrita blanca. Mi padre se detenía, la perrita también. Él hacía un ejercicio especial de cuello que no tengo que describir, pero que le daba reflejos y rapidez, y luego de esa pausa seguía corriendo. La perrita se le quedaba viendo y seguía. Si bien mi padre tenía entonces unos 43 a 50 años, y yo no voy a correr 5 km diarios, sí necesitaré un perro que no tenga problemas cuando me ponga a pensar y a oír el mundo real.
No tengo problemas si el perro me lame. Pero es probable que mientras más suba mi edad, empiece a sonreír más. Personas conocidas de mi vida me han dicho que sonría más. ¿Para qué?, pienso yo. Me acuerdo mucho de los comentarios de una analista en los monolitos, que pensaba que era mi consentida, y de la misma Dama Margarita. Soy serio.
A lo largo de los años he visto caer a muchas personas de una manera u otra. Espero superar la edad de mis padres, y de momento voy más tranquilo que ellos, aunque todavía me falta. Creo que en salud voy mejor, y en paz mental y emocional, igual mejor.
En ocasiones he pasado horas con los ejercicios de visualización. Algunos de ellos tenían que ver con mandar un mensaje a uno mismo. Me he preguntado si esos déjà-vus son mensajes inconscientes mandados del futuro, para una repetición de lo que llaman los orientales las vueltas de la rueda. Un poco como si te dijeras “acuérdate de esto”, y miles de años después, en otra vuelta de la rueda, sea esa la causa de un déjà-vu. Aunque se supone que los déjà-vus son causados por estrés o cansancio, ninguno de mis recuerdos principales tenía que ver con estrés o cansancio. Incluso estaba en mejores momentos que otros. El de 1995 tuvo una explicación cuando conocí a mi esposa más de diez años después. Ella había estado en ese mismo lugar por unas semanas. Así que el hecho de que yo me preguntara quién es “equis” no tenía razón de ser. Solo que mi esposa es apodada “equis” en su familia y la conocí diez años después. Eso no es estrés ni nada. Dato curioso: por esas mismas fechas, una semana después conocí a una persona de ese nombre (se llamaba como el apodo). La persona vino a México, se metió en un problema en Oaxaca y al ayudarla acabé con las heridas de mi brazo que casi me cuestan la vida y la movilidad.
Sí, seguramente en un futuro, meditando cerca de una pared que ya tengo lista en una casa, pueda provocar yo ese recuerdo para que no se pierdan ciertos eventos en repeticiones posteriores si la vida se repite, que no lo sé.
Sin embargo…
Hay otros eventos que merecerían ser recordados para un déjà-vu posterior. En 2002 hice una pregunta a unas personas, y el derivado de esa pregunta fue muchos años después el nacimiento de mis tres hijos, los dos vivos y la difunta. Puedo decir que la difunta era mejor persona que los dos vivos, pero tratar de alterar eso dándome señal de no hacer la pregunta no sería buena idea y podría tener otras consecuencias desastrosas. Sobreviví, así que no hay nada que corregir.
Hay dudas sobre si la felicidad es una palabra real. Aristóteles usaba un término diferente y la idea de felicidad es de 500 años para acá. Por lo general me siento completo, lo que sería ser feliz. A veces un poco cansado, pero siempre en paz. No soy una persona que se entusiasme o que, como Stendhal, quede maravillado de la belleza de algo. Sí, lo reconozco, he visto cosas muy bonitas estéticamente hablando. Por ejemplo, en varias series veo de repente una combinación de colores preciosa, que incluso me alimenta. Pero hay una sensación diferente cuando tienes el pecho lleno de aire y otra cuando soltaste el aire: ese pequeño vacío, diferencia entre ying y yang, es natural.
Curiosamente me he encontrado en dos momentos y medio donde me he sentido agradecido con la vida y que, de todos modos, por una razón u otra acabé con tres fotografías de momentos. Una fue en 1987. Otra en 1999. La tercera, el año pasado.
Voy a tratar de explicarme. Leí en un lugar de un rey, creo que de Francia, que sus últimas palabras fueron “Gracias”. Qué noble y qué sincero. No es que trate de ser noble, pero lo soy. Recordar esos momentos en ocasiones es inevitable. Como en el sueño de ayer, bastante raro, que me acordé en el sueño de una de esas tres imágenes.
Imprimir la primera imagen no viene al caso. Sería difícil de explicar. Las otras dos también, pero menos. Algunos dirían que es creepy. Tengo entonces dentro de mí una memoria que conserva ciertas cosas con agradecimiento, más allá de mi hija perdida. La vida es bella aunque suene a película cursi.
Pero pienso que puede valer la pena en un momento dado usar momentos de meditación, en un futuro, para conservar y concentrar mi atención en esos tres pequeños eventos, para que si me encuentro otra vez en ellos en otra vuelta de la rueda, decir… Gracias.
Es lo correcto.
De momento no necesito imprimir las imágenes que están en mi memoria. Tendría que hacerlo si se dan ciertas circunstancias, y solo si se dan, pero para los que manejen mi cadáver sería bastante raro si me encuentran viendo una imagen en la pared. No por un tiempo feliz que pasó, sino por algo que es más que un anhelo. Es la necesidad de nobleza que obliga, dar gracias no al ambiente sino a la fuerza de la naturaleza que me puso allí. Quizá así se generan los déjà-vu. No sería necesario ni ridículo que me cremaran con esas dos fotos.
Lo que tengo en mi cabeza es muy amplio. Momentos de dolor, de sorpresa. Hay fotografías que puedo llamar a mi mente de cosas que viví. Con mi padre, o en el mar. Enterrado vivo en una ceremonia mesoamericana en 1994. Sorpresa al enterarme de la muerte de una dama. Pero la mayor parte de mi vida ha estado basada en certezas y no en esperanzas, y momentos como esos tres que menciono son los que me llevan a la certeza. No es solo una esperanza. Creo en un mundo mejor. No sé cuándo sea, pero el mundo ha sido bueno conmigo y estoy agradecido de cosas que he visto.
Y aunque los últimos años de la vida están lejos y deben usarse en prepararse, pues si necesitamos regresar después, porque el trabajo interior no se pierde, puede parecer loco que pase tiempo en un futuro viendo la pared y meditando. Para recordar lo que hice y lo que debo hacer, y gracias por aquello que me tocó contemplar. Hay situaciones como el sueño de ayer que son awkward.
No son malentendidos. No son escapismos. El sueño sí era raro, pero así como el sueño del huracán de emociones o el de los cielos rojos son reales, son símbolos de esas imágenes. Y tengo que ser agradecido, tratar de mandar un mensaje a mi yo del pasado, o a mi yo de otra vuelta de la rueda, es honorable. Doy gracias por lo que he visto y espero poder verlo de nuevo en carne y hueso. Pero si no es así, tengo mi memoria y esas imágenes que se encuentran con capas de seguridad, de una escena normal pero que fueron un momento de ver las estrellas. De momento, aunque vengan momentos iguales, en un futuro ver la pared y meditar puede ser lo más honorable, además de entrenarme y no perder el tiempo. Así ha sido mi vida, pero el momento de dar gracias siempre ha estado en mi mente.