Tres momentos

Poco más de la una de la mañana. Me siento raro cuando escribo a esta hora sin que sea por respaldar un proyecto en marcha.

Hoy saqué todos los respaldos de clientes de hospedaje, y tuve algunas complicaciones por permisos de cuenta. Ya quedó arreglado. Sé cómo hacerlo. Un Linux aquí, descargar con GetRight… en total fueron unos 150 GB lo que descargué.

Momento Uno

Buscando información de un correo que mandé hace años, apareció un correo de 2002 con un nombre que no me acordaba, de una empresa en la que estuve y de la que me fui cuando bajaron el sueldo a todos a la mitad, menos a sus consentidos. Lo que querían era que yo hiciera gratis el trabajo de tres meses para conservar mi sueldo. Como le hicieron algo parecido a la recepcionista, yo estaba preparado. Tenía junto a mi máquina dos CD con el respaldo de toda la información hecha hasta el día que salieron con esa vacilada, y un archivo de proceso por lotes BAT que borraba mis archivos de trabajo mas reciente.  Usaba Doskey, que por opciones me preguntaba primero antes de borrar.

Unas semanas antes, con engaños, sacaron de su lugar a la de marketing (que si se merecía salir) y yo respaldé su máquina en ese momento. No sé por qué no quisieron que la respaldara una tarde o noche. Me dieron las gracias y seguí trabajando. Los dos nombres que no me acordaba eran de una auxiliar contable y de una contadora. Lo único que encontré de esa contadora 25 años después es que en esa época se acababa de titular, y que en 2024 compró un curso en Emagister. Nada más.

Por malos tratamientos y robos de sus propias auxiliares hubo en un momento dado un problema con los que instalaban la red cableada. Les echaron la culpa del robo de ellas.

Así que tenían un caso de auxiliares ladrones, contadora déspota y director déspota. Él se murió de COVID en 2020.

Así que regresando a la época… cuando me llamaron un momento yo sabía que era salida porque me negué a hacer gratis el trabajo de tres meses. Y ejecuté adios.bat, que hacía rename y >> de los archivos, para finalmente borrarse a sí mismo. >> es una orden que sobreescribía el archivo y grababa lo del otro lado. Un chr(13).

Sí, saliendo de allí me acompañaron de mal modo a mi lugar. Por lo menos fue la chica guapa de la oficina. Tomé mis dos CDs y me dijo: ‘No puedes tocar la computadora’. Le dije: ‘¿Para qué? Aquí está el respaldo de lo que hice’. Y me dice: ‘Dámelo’. Le digo: ‘No. Uno es para el dueño y otro es para la de recursos humanos que ustedes no soportan’.

El momento uno fue cuando di enter a la orden adios.bat. Era previsible. He salido de lugares de autosabotaje peores. En este caso especial lo que borré eran mis notas para un nuevo proyecto que me habían encargado, pero los papeles de trabajo en el área de sistemas casi nunca se conservan. Son confidenciales. En ese momento tenía unos 31 o 32 años.

Momento Dos

El segundo momento que recuerdo fue cuando ayudé a Clariant a recuperar su dinero después de un asunto de unas licencias de SQL Server. Creo que fue un poco antes del primero, pero así es la memoria. Dos años antes quizá.

Esa sensación, platicando con la de control de calidad, de que me iba en dos horas, era un alivio monumental. Fue muy complicado recuperar el dinero. O mejor dicho, preparar para que pudieran recuperar el dinero. Se abrió la puerta y salí. Un aire frío en mi espalda en el estacionamiento de la planta. Iba a estar bien. Momento dos: mirar al cielo despejado. Mis cálculos son unos 29 años.

Momento Tres

El momento tres fue uno indefinible, pero que tiene más equivalentes recientes. En 1989 o 1990, máximo, vivía yo en Guadalajara. Acababa de mandar a mi novia muy lejos unos meses antes y me enfrentaba a una serie de situaciones complicadas. He comentado que unos vecinos se metieron a la casa a robar en la época que volvimos ella y yo, como dos semanas, y ella estaba en la casa conmigo, así que el asunto acabó en hospital y heridos graves. No yo.

Después la corté por otra cosa (básicamente fue a una fiesta con otra persona después que ya me había hecho unos dos o tres desplantes). Coincidió con que nos cambiamos de casa. Yo me fui de momento a vivir con mi abuela y mi papá y su esposa a la calle de Berilo, cerca de Plaza del Sol. Era un arreglo temporal. Creo que fueron unos 20 días antes que nos entregaran los dos departamentos a los que nos cambiamos después. Mi antigua novia se fue a la casa que estaban terminando de construir sus papás, en lo que ahora se llama El Colli Urbano.

Sin embargo, era un poco raro el caso, porque fui a ver a mi papá dos o tres veces en la calle de Berilo, y pasaba yo por el balcón donde estuve mucho tiempo sentado con aquella dama. Creo que entre ese balcón y la casa temporal eran seis o siete cuadras.

Una noche me pasó que iba caminando a Berilo, y una camioneta se me paró junto y me preguntaron cómo llego a la calle de Berilo. Le di los datos. No entendió, así que le dije: ‘Voy para allá, si me da aventón’. Así que me subí a la camioneta con el señor y su esposa. Yo llevaba manos libres, por lo mismo calculo que era un sábado. Ya que llegaron a la esquina pedí que me bajaran y me quedé pensando unos minutos.

Mi padre me había enseñado muchos años antes que no era buena idea estar fuera de la casa después de las diez. En la época de aquella dama, por hablar con ella, sí a veces llegué más tarde, pero porque me tenía que ir caminando de Plaza del Sol a Las Águilas, unos 30 minutos a buen paso, porque no eran fiables los autobuses.

Así que esa noche, afuera de ese lugar, me encontré pensando en una frase que dice: ‘No importa el lugar donde vives, sino lo que vive en ti’. Momento tres. 17 o 18 años.

La situación era simple. Hay personas que no tienen nada dentro, solo vacío y soledad, y tratan de pasarse de listos con los demás. Eso hundió la empresa uno. No fui el primero en saltar, porque más o menos me salieron con la vacilada una semana después de que trataron de aplicársela a otros.

En Clariant, algo por el estilo. Avisé que iba a saltar y lo que tenían que hacer para recuperar el dinero.

El caso tres: mis pies firmes en el piso y la mirada en las estrellas.

Hoy jueves me encontré afuera de mi casa después de las once por algo de mi hija. Cosa rara. En ese momento estaba solo, pero me quedé mirando las estrellas.

Las estrellas no son un sueño, son reales. Pero la mayoría no puede decirle adiós a los reflejos en el agua sucia del piso.

Prefiero levantar los ojos al cielo y sonreír.