Ejemplo familiar:
Comenté que en una ocasión, dentro de mi casa, cargando a mi hijo de un año, la mamá me abrió el brazo donde lo estaba agarrando y el niño salió directo al piso desde la altura de mi cadera. Alcancé a agarrarlo con la otra mano, y la mamá se puso a gritar por la estupidez que hizo, como si yo fuera el culpable. En otra ocasión igual, apenas evité que lo atropellaran por un descuido de la mamá, teniéndolo como un año y medio. Estuvo a milímetros y su respuesta de ella fue mentarle la madre al conductor (el niño, sin supervisión, se fue directo al centro de una avenida con tráfico de cientos de coches) y después a mí. Independientemente de la estupidez, y de que eran inicio de brotes psicóticos, en la imaginación de ella el culpable era yo.
Una de mis hijas murió por descuidos similares, desde antes del nacimiento y porque, ya nacida, la madre no quiso seguir las instrucciones de los médicos de cardiopediatría de La Raza. Le dijeron «Señora, su hija se salva si no la saca de la casa».
Contexto: La niña Nació con una condición grave de corazón y los médicos dijeron que, si sobrevivía los primeros dos años, se le podría intentar algo con 95% de sobrevivencia. La condición era no sacarla de la casa. Mientras yo trabajaba, la mamá empezó a llevarla con un homeópata y otro médico igualmente desubicado, varias veces por semana.
¿Puede corregirse con dinero?
No.
Mi hijo mencionado tiene quemaduras químicas en el estómago por el medicamento que le recetó, siendo menor de edad, el médico desubicado mencionado, y que no lo necesitaba y que jamás debe darse a menores de diez años. Y mi hija murió.
La respuesta de la madre no fue reconocer el fallo sino buscar culpable afuera.
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Mi hija falleció porque había una condición médica concreta, un margen de supervivencia concreto y una acción repetida varias veces por semana durante dos años que iba en contra de esa condición. En vez de dejarla en casa, la sacaron constantemente y de manera innecesaria. No fue un descuido puntual: fue una decisión sostenida en el tiempo.
Pérdida aceptable ?
No.
El agua de Guadalajara:
Viví en Guadalajara de 1986 a 1991, pasando una buena parte de 1991 en viajes entre Ciudad de México y Guadalajara. Cuando llegué allá, literalmente no se podía beber agua de la llave, ni cuando te bañabas. Y viviendo en una zona muy similar a Providencia. Mis conocidos de Chapalita y Santa Anita tenían el mismo problema. La solución de mi padre fue empezar a comprar refresco Peñafiel por caja, poner un filtro de porcelana muy caro en las cocinas de las casas donde vivimos, y comprar garrafones de agua de 20 litros más gotas de plata coloidal.
Se pudo mitigar, pero a un costo que no debería ser necesario». Hay pérdidas evitables que se vuelven «aceptables» por costumbre o corrupción. Cuando la pérdida no se corrige, no es solo incomodidad, es enfermedad.
¿Es aceptable el agua tan sucia que en 1986 a 1990 parecía de tamarindo?
No.
¿Es una pérdida aceptable?
No.
Me hizo preguntarme qué hacíamos allí. No es un caso tan extremo como el de Tula, Hidalgo, donde hay muchos desechos químicos en agua y cultivos, así que varios que conozco de Tula o esa zona desarrollaron lupus o cáncer. Estadísticamente, como el 80% de los que conozco de la zona.
Por algo hay protestas actualmente en Guadalajara 2026 por el derecho al agua limpia. Solo sé que lo que hicimos funcionó, aunque dejamos de tomar Peñafiel por otras razones. No tomé refrescos durante unos 10 años hasta el 2000. Pero diría el I Ching: «uno no bebe el lodo del pozo». En 2017, es decir unos tres años antes de la pandemia, pensé la posibilidad de poner una sucursal allá, acordarme del agua de tamarindo por sucia fue suficiente razón para descartar la ciudad. Probablemente muchas personas emigraron de la ciudad o decidieron no ir allá por eso mismo.
Conclusiones:
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Muchas personas no se dan cuenta de los efectos a largo plazo de decisiones pequeñas
Un ejemplo pertinente es que llevo un mes sin que me den la calificación de la última materia de la licenciatura, con una maestra malísima y que usó trabajos súper pesados.
El caso de la madre de mis hijos, de echar la culpa a otros, lo he visto mucho en diversas personas, no solo yo. Divorcios, renuncias… cosas así. Aunque la corrupción permite cosas como lo de la paraestatal, y la incompetencia, desidia o «valemadrismo» de la escuela en que terminé la licenciatura, son así.
Muchas personas no se dan cuenta de los efectos a largo plazo de decisiones pequeñas. Salvé a mi hijo dos veces de daños graves o muerte, pero no pude evitar que le dieran un medicamento que desde el 2005 dije que no debía darse a menores de diez años. Hay cosas que son razonables e instintivas. Usando el ejemplo del juego, una pérdida con efecto de 20 a 40 pesos es mínima. Es un gasto.
Tengo 54 años y casi cero molestias físicas. Ayer caminé unas cinco horas y hoy haré lo mismo. Mi padre, a mi edad, tenía más fuerza y algunos problemas físicos medianamente graves, pero que no eran necesarios. Mi padre hacía gran esfuerzo físico con su trabajo y siempre le pidió demasiado a su cuerpo.
Hay un momento donde… no es aceptable.
Hoy, por ejemplo, un retraso de 5 a 10 minutos me provocó una pérdida de 20 pesos. El acumulado de esa operación no llega a sesenta. Pero creo que el ser humano debe poder evaluar escenarios pesimistas, realistas y optimistas, y ser realista.
Con el hecho de los expedientes de ciudadanos, no fue culpa mía, pero salieron perjudicadas de manera tangible, probablemente unas 20 u 80 personas, con lo del proceso mensual que no se hizo.
Y me acuerdo de una frase de Estados Unidos que dice: «juega juegos idiotas, gana premios idiotas». Beber agua contaminada no es buena idea. Te quitas de en medio. Las pérdidas son aceptables, pero que un niño salga corriendo a media avenida es culpa de la madre, que estaba cerca y lo bajó del coche sin agarrarlo, no del conductor que casi lo atropella ni del papá que estaba a 15 metros, o sea yo.
- Muchas personas no se dan cuenta de los efectos a largo plazo de decisiones pequeñas