Situaciones Extremas y paciencia

He comentado anteriormente que en casa contratamos, hace uno o dos años, un sistema de streaming llamado Viki.com. Pagamos unos 150 pesos al mes y cuenta con varias series decentes. La razón original para contratarlo fue ver una serie que me recomendaron: Descendientes del sol. Esta recomendación vino de la misma persona que antes me sugirió ver Porque esta es mi primera vida, la cual, por lo que sé, está disponible tanto en Netflix como en Viki y sigue siendo de mis series preferidas.

Seguimos con este servicio de streaming principalmente porque, por suerte, las dos primeras series que vi eran de muy alta calidad. Hasta el momento, creo que solo una serie ( entre terror y thriller ) ha sido la única que no terminé de ver. El precio es bueno y, aunque contratamos Netflix ocasionalmente, no lo tenemos de forma fija; no por un tema de dinero, sino porque realmente no hay muchas novedades que nos atraigan.

Así que, mientras trabajo, puedo ver «por el rabillo del ojo» lo que ven aquí. Pasaba lo mismo con las series de Netflix, con excepción de una que otra que sí vale la pena ver con el 100% de atención, como Viajeros (Travelers), que es probablemente la mejor serie de ciencia ficción que se ha hecho jamás. Supera incluso a Battle Star Galactica. (versión Edward james Olmos y eso es poner la vara muy muy alta)

Hoy avisé a varios conocidos del asunto del registro de Telcel. Me comentó la dama Margarita de una enfermedad: a una persona cercana le diagnosticaron una condición hereditaria de lípidos en la sangre y estará en observación por seis meses. Situación extrema uno, y según yo, provocada por no hacer caso a ciertos conceptos de alimentación.

Situación extrema dos: tuve que recoger un desastre hecho por uno de los perros, que literalmente destruyó un bote de basura cuando yo estaba a punto de salir a la calle. Unos quince minutos muy desagradables.

Sin embargo, en la vida real sí he estado en situaciones extremas de otro tipo; he comentado algunas por aquí. A veces sabes que puede haber problemas, pero no te esperas la autodestrucción, la violencia o las temperaturas extremas. Ejemplos que me vienen a la mente:

  • Cobranza en Santa María la Ribera (principios del milenio): Un amigo abogado me pidió acompañarlo a una gestión de cobranza de una empresa de desinfección. Un cliente pidió 500 trampas, se le entregaron y no las pagó. El entorno era difícil y escaló a una de las situaciones más salvajes en las que he estado: una de las personas usó un bóxer (nudilleras de hierro). Terminé declarando ante el MP en el hospital mientras revisaban a mi amigo. Yo estaba cubierto de sangre, aunque no era mía. En la pelea, hasta un lavadero de piedra terminó roto.

  • Cobranza en laboratorios: Con ese mismo amigo abogado, algo salió mal a pesar de que teníamos un actuario afuera. Escaló a violencia física y solo mi capacidad de soportar olores extremos nos sacó de allí. Resultó que el agresor estaba cometiendo fraude a esa empresa y tenía antecedentes penales. No pude ir directo a mi casa; me fui a un hotel porque necesitaba, literalmente, meterme en un jacuzzi y estar bajo el agua mucho tiempo.

  • Monclova, Coahuila (verano, aprox. 1979): Viajé con mi padre por su trabajo; yo tenía unos siete años. El calor era realmente extremo: 41 grados a la sombra. El tren tenía problemas y salir de ahí era casi imposible. Nos quedamos cuatro días atrapados por el retraso de las presentaciones y las fallas del tren. Creo que eran unos conciertos con Cristina Ortega, pero no me acuerdo de nadie más.

  • Villahermosa, Tabasco (¿1981?): Una serie de 12 conciertos, me parece, con la soprano Angélica Dorantes y el barítono Arturo Nieto; probablemente unas dos semanas. No había hoteles disponibles, así que terminamos en uno de tres estrellas cuya única salvación era un lugar enfrente, con aire acondicionado, donde vendían agua de horchata. Solo puedo datarlo porque la gente estaba muy emocionada en el lugar del agua de horchata por una pelea de lucha libre televisada, con el Dardo Aguilar, que es después de El Santo probablemente el mejor luchador aéreo de esa época.

  • Oaxaca (2001): Un viaje a Hierve el Agua que salió mal. A mi acompañante le dio insolación y, de repente, me encontré con una dama desmayada en medio de la nada, a una hora de la zona turística.

  • El Chico, Hidalgo (1997): En invierno, después de estar dos noches allí, el coche de un desconocido se descompuso y dejó bloqueado el auto de mi pareja. Tuvimos que darnos calor humano porque estábamos bajo cero, sin comida y atrapados por la falla mecánica de un tercero.

  • Guadalajara-Colima (1990): Como parte de una prueba de defensa personal, tuve que caminar prácticamente en ropa interior durante tres horas en paralelo a la carretera. Descalzo de noche y a oscuras. Mi cuerpo sabe lo que es algo extremo.

Así que, habiendo estado en situaciones como esas, a veces escucho quejas actuales y me pregunto…

¿Qué nos está pasando como civilización? ¿Qué está pasando con la educación académica en México?

Me explico.

La serie que empezamos a ver ayer no tiene muy buenas críticas, pero no está mal: se llama «Derritiéndome suavemente» (Melting Me Softly). Trata de dos personas que despiertan después de un sueño criogénico; se suponía que estarían congelados solo un día y terminaron pasando 20 años. Por lo que veo, no es del estilo de Forever Young de Mel Gibson.

Sin embargo, para mí la autoconciencia de mi cuerpo y de mi entorno es algo natural. Recuerdo otro ejercicio donde aprendí defensa personal: consistía en dormir cinco días en un lugar común y, de repente, nos despertaban a las tres de la mañana. Lo que les interesaba medir era el tiempo de reacción. De 12 personas, solo dos estábamos de pie y listos al instante; yo era uno de ellos. Los demás, no.

Ese tiempo de reacción y esa autoconciencia me hacen pensar: ¿qué haría yo en una situación así? Ya sea en una trama tipo serie o como en el folclore de EE. UU. con Rip Van Winkle, quien duerme 20 años en una cueva.

Despertar en un mundo que no reconoces, pero con la mente lista para reaccionar.

Creo que también le sucede al Capitán América en la versión del UCM.

A lo que voy es que me resulta muy raro no estar consciente del día. Me sorprende cuando alguien llega tarde; mi padre decía que uno de los indicadores tempranos de que alguien «se está yendo al carajo» (o dicho elegantemente, cayendo en conductas autodestructivas ) es cuando sus horarios se vuelven un desastre.

El sol es confiable. En base a él se han construido las civilizaciones.

Yo confío en mi cuerpo y estoy tranquilo, pero veo a muchas personas que no hacen nada con su tiempo; no solo lo desperdician, sino que literalmente están «matando el tiempo». En un libro leí una frase que dice: «Puedes conocer a un hombre por los problemas que le gusta resolver». Esta semana, por mi parte, hice una revisión a tres peritajes, generé un documento de 38 hojas y unapresentación de 99 diapositivas sobre una acta rara, realicé dos análisis de probabilidad, hice el trámite en Telcel para mi teléfono y di un «jalón de orejas» necesario a mi hija.

No me gustan los problemas, así que trato de resolver las cosas desde antes. Al final, uno acaba llegando a una de las ideas de Gurdjieff: «un hombre es lo que hace con lo que come».

Mañana tengo un trámite de gobierno relacionado con la CURP biométrica y el viernes iré al Ministerio Público para dar seguimiento a lo del «cliente de los monolitos». Probablemente van a archivar una de las dos carpetas porque el OIC dijo que no ve nada raro, pero ya estoy cubierto.