He conocido gente mala

Creo que todos diríamos eso de una manera u otra.

Solo que en este caso me enteré ayer que una persona mala está algo extrañada de que en su trabajo, en el cliente de los monolitos, todos los confiables se han ido. Algunos no nos pagaron. Otros, aunque tienen plaza, no aguantan porque no tienen que aguantar. Simplemente se van o cambian de área. Ayer fue la más reciente.

Mientras escribo pienso que he visto a dos o tres personas cambiar brutalmente para mal en un año o dos. Ese caso fue algo diferente.

Sin embargo, no estoy diciendo que haya mucha gente mala. No la hay. Me he enfrentado con personas que tienen arrebatos de ira, codicia o demás. Alguna vez con personas realmente malas.

Y no se trata de defender a nadie, pero los de la secta que me acosó durante años eran idiotas codiciosos. Uno que otro fan de ellos agresivo por internet. Pero sí hay gentes peores, no necesariamente criminales.

De momento me viene a la mente uno de mis primos, el único que leía por hobby además de mí en el lado de la familia de mi mamá, y lo que le hizo a mi tía.

No es cuestión de quejarme o ser depresivo. Solo me acuerdo y me sorprendo.

Hace unos años, cuando mi hija estaba en quinto de primaria y me la acababan de regresar, me manda llamar la psicóloga de la escuela primaria. La mamá me dijo por qué.

No. No era por eso.

Por consejo de su médico (de la mamá) empezó a darles medicamentos innecesarios a mis hijos vivos. Ya sabía yo que mi hijo tiene daños irreparables en el hígado (y avisé desde 2007 que eso iba a pasar). Mi hija no se dejó y escupió todo. Llegué a la primaria acompañado de mi esposa. Y la psicóloga me dice que la mamá dice que yo digo que hay que darle a la niña equis medicamento. La llamada de la mamá que recibí era que según ella la psicóloga quería darle ese medicamento. Los psicólogos no pueden recetar. Para variar la mamá mentía.

La que se armó. De ahí directo al Ministerio Público. Y luego que al día siguiente la mamá le dijo a la psicóloga que su médico le había recetado eso (y si lo hizo era una irresponsabilidad), no me quedó de otra que ir al Ministerio Público.

Lo más ridículo del caso es que afortunadamente mi hija se había negado y guardaba la medicina en la boca y la tiraba al excusado. Por eso está viva.

Y para acabarla de amolar, ese quinto año era necesario que acabara el año en esa escuela. La psicóloga ordenó que la mamá no pudiera ir por ella (y lo hizo sin que yo lo pidiera) y la cambié a otra escuela el año siguiente. Pero para hacer un trámite tuve que hacer circo, maroma y teatro.

El problema era que yo debía demostrar un tratamiento de retiro progresivo de lo que mi hija se negó a tomar. ¿Cómo hacer un retiro progresivo de lo que no tomó?

Afortunadamente un médico del otro lado de la familia, que entonces tenía unos 75 años, me revisó bien a los dos niños cuando me los dieron de regreso ese año. Pero bien, como los médicos de antes sabían hacerlo.

Su lógica fue que si mi hija estaba bien, no había tomado esa medicina.

En el Ministerio Público estaban muy enojados con la mamá. En cuanto vieron el nombre del medicamento me vieron feo. Cuando hablaron con la psicóloga, se calmaron conmigo. Creo que de todos los Ministerios Públicos que estuvieron buscando a la madre de mis hijos, son los que más esfuerzo hicieron, pero como no abrían la puerta en casa de la mamá no pudieron hacer lo que tenían que hacer.

Finalmente acabé entregando dos recetas más de mi médico: una por la mitad de lo que el imbécil original había recetado y otra de la cuarta parte, y así pudo la psicóloga terminar los lineamientos de la SEP.

Ayer lunes en la noche me comentaron que el doctor de 75 años, ahora de unos 87-89 , de ese lado de la familia acaba de fallecer.

Descanse en paz, y gracias.