Estoy bien. Tampoco es algo que haya hecho hoy.
Voy a contar dos incidentes que no cubren los seguros.
Me encontraba hoy sentado en Eje Central. 18:20 de la tarde, siguiendo un protocolo de auditoría. Vientos fuertes. Casi me movían al caminar.
Me siento y una señora estaba sentada a mi izquierda. El viento hace chocar con ella un vaso de esos de refrescos preparados. Me acuerdo de una Navidad o Año Nuevo por 2011 en Veracruz, Veracruz, por San Juan Ulúa. El viento allí sí me levantaba dos centímetros del puente.
La señora se va.
Siento un golpe en la parte superior de la cabeza, volteo y algo como un balón me pasa por encima, volando… y es una ave. Chocó conmigo y sigue volando espontánea. Me llevo las manos a la cabeza y no hay sangre.
Me acuerdo de unos incidentes de hace unos años, y un momento donde una persona fue a un aeropuerto a recoger información de auditoría para entregar a unos periodistas. Esa persona me decía que se sentía como el elefagente secreto de Hanna Barbera.
https://www.youtube.com/watch?v=GVriHotEx3c
Ahora, casi 30 años después, es algo parecido.
Una persona me está ayudando a hacer protocolos de auditoría. Solo puedo esperar. Pasan unos 20 a 30 minutos y empiezo a recibir las fotos por WhatsApp. Todo bien.
Hace unos años, cuando se vendió una de mis casas por 2017, lo mejor era que otra persona hiciera la entrega y no yo.
Me regresó la memoria al incidente del brazo roto.
Del año 1980 al 1985 era una época en que compraba con mi padre libros de cómics o novelas gráficas de Grijalbo, Dargaud. Valerian, Blueberry, Iznogud, Mac Coy, Alpha, Mazinger Z. Creo que Blueberry y Valerian eran algo fuera de serie. Así que mientras mi padre hacía compras yo iba a un Sanborns cercano, casi siempre en Plaza Satélite, y lo esperaba.
Uno de los inconvenientes que tuve de vivir con mi padre eran problemas de atracción del sexo femenino. Cuando mi padre estaba preparándose para ópera, hacía pesas y sus respiraciones normales eran profundas. Resultado: tenía más aire en los pulmones relajados que la mayoría de las personas en sus mejores días, y eso o algo más provocaba que en época de funciones las damas lo miraran. Y eso derivaba a veces en ataques de celos de acompañantes de ellas, o de la pareja en turno de mi papá.
Yo ya me había acostumbrado.
En esa ocasión mi padre caminaba hacia mí, con un conjunto deportivo que usaba para correr. Así que asumo que de ahí íbamos a Chapultepec donde corría una hora o dos. Casi llegando a mí, un tipo lo jala del brazo, mi padre se voltea, con el brazo derecho lo agarra del antebrazo, presiona y el tipo cae al piso revolcándose. Se acercan unos policías que entonces estaban en Sanborns. Yo digo la verdad, que el señor empujó a mi papá. Mi padre dice: no tengo idea por qué. Pues parece que es una escena de celos del señor hacia mi papá. Dice que mi padre le rompió el brazo. Mi padre dice: por el ángulo es imposible, por el hueso puede ser que se dislocara el hombro, pero no tiene nada roto. Le dice uno de los policías, que es médico. Y mi papá responde: estudié medicina pero no ejerzo.
El sujeto se levanta la camisa o lo que sea, y tiene completamente morado el brazo. No entienden los policías cómo pasó. La pareja del agresor dice que el señor es celoso, los policías nos dicen váyanse. Y nos vamos. Mi padre solo dice primero: si el señor me sigue temo por mi vida, así que deténganlo unos minutos. Uno de los policías solo se ríe.
Mi padre no está enojado, pero ya lo veo calculando puntos débiles. Los policías llevan a la mujer y al hombre a otro lado, y mi papá y yo esperamos unos minutos antes de irnos.
Se supone que no puedes apoyarte en los demás.
A veces debes hacerlo.
Si hay cosas que no debo hacer personalmente, como la revisión de hoy,