Juventud de vuelta

¿Para qué?

Oí la frase «juventud de vuelta» al ir al INE a renovar mi credencial de elector. Me llamaron por turno y ya no supe lo demás. Es una idea rara. No soy como Ivan Osokin de Ouspensky, que pensaba lo que debía cambiar y quería otra oportunidad.

Han habido en mi vida decisiones que pueden haber sido no las más eficientes, pero que eran moralmente correctas, como la que conté hace unos días. Y algunas situaciones en las que el amor propio se pudo haber sentido un poco lastimado. Pero todo parece que va a acabar bien y, dentro de muchos años, por las decisiones moralmente correctas.

Me acabo de enterar de que siguen paralizados con el cliente de los monolitos, a estas alturas ocho meses después. Me lo dijo, como era de esperarse, la dama Margarita y me reveló su fuente. Yo sigo en contacto con las tres personas valiosas de ahí; todas damas.

He estado en situaciones que pueden calificarse como malentendidos por señales contradictorias. Dos personas en especial:

  • Una es de la época de 1990, antes de venir a México desde Guadalajara. Lo último que hice casi antes de partir fue dejarla a salvo en casa de su tía (literalmente su padrastro era político y no debía ella estar ahí). Historia muuuuuy larga.

  • Otra, la dama a la que acosaban en el 2000 en las gaseras por su peso (unos 70 kg para 1.70 m), que me ayudó a resolver todo el asunto de los registros de los trabajadores de portátil y que frecuenté después. Es aquella cuyos hermanos eran soldados y de quien perdí el teléfono. En esas fechas, además de empezar bastante pesado el trabajo con lo sucedido en 2001, supe en una ida a su trabajo que la empresa ya no estaba allí.

Hay ciclos que no se cierran.

La madurez no es un accidente, sino una elección deliberada.

Pero la juventud nunca la necesité. En términos de Zanoni de Bulwer-Lytton, elegí cambiar la juventud, el amor y la esperanza por la madurez, la justicia y la certeza. Y eso fue antes de cumplir 17 años.