Uno de los principios básicos de los rosacruces y otras teorías o movimientos filosóficos es: «Solo hay una ley sagrada: la ley de la desigualdad entre los hombres». Incluso se menciona en Zanoni, de Bulwer-Lytton, y creo que en algunos libros atribuidos indistintamente a los fundadores de los rosacruces o a Eliphas Levi.
La idea parece acertada.
Hay algunas situaciones en las que pienso mientras, para variar, saco respaldos en segundo plano y sigo moviendo biofuels y municiones en EVE Online. Sin ser por orden de importancia:
Los recuerdos y la realidad no son lo mismo. He oído de personas valiosas y tranquilas, como mi suegra, una versión de eventos que no sucedió pero que ella cree sinceramente. O mi papá, que me hablaba de cuando fue a recogerme a la escuela el día del temblor del 85; pero no fue así, me regresé solo y otra historia de la familia demuestra mi dicho. Mi papá, de plano, estaba dormido ese día. Por otro lado, sobre la secta destructiva, en su momento oí dos o tres versiones diferentes del mismo evento. O en el caso del hospital que estaba viendo para el servicio social: si no le pagan a los proveedores por su tiempo y el material, no van a trabajar, y no lo digo por mí. Que se inventen otro pretexto es su asunto.
Un concepto básico de la contabilidad es lo fungible o intercambiable de un objeto. Por ejemplo, un kilo de arroz de una marca y un periodo de tiempo es intercambiable por otro similar, aunque la calidad cambie año con año. Un coche nuevo que no se ha usado es igual a otro de las mismas condiciones y colores; pero, con el paso del tiempo, son diferentes para fines legales, contables y de seguro. No solo por el dueño, sino por la memoria de lo que el coche ha pasado.
¿Por qué tantos reniegan de su memoria?
En el juego EVE Online, existen unas 500 capacidades diferentes que se aprenden en niveles (slots) del 1 al 5. A veces, aprender del nivel 4 al 5 de cada habilidad tarda desde tres días hasta dos meses. Puedo comprar y comparar las habilidades de los pilotos, pero no su experiencia. Unos la tienen y otros no. Eso me dice a veces que debo aprender para poder vender un piloto sin efectos secundarios. Un obrero regular parece igual a otro, pero, como vi desde mi trabajo en los supermercados, una jefa de cocina buena era la diferencia entre vender 500 mil mensuales o 17 mil. Sí. No le dieron aumento a esa jefa y quisieron poner a otra que además usaba latería golpeada; las ventas del departamento se fueron al demonio.
La memoria puede ser experiencia o traumas, entre otras cosas. Huir de los recuerdos malos no sirve de nada. Esperar que no pase algo de nuevo es normal, pero la prevención cuenta. Algunas cosas tienen fecha de expiración en el mundo real y otras no. A veces, la situación cambia de una manera que simplemente no puedes prever.
Por ejemplo, nadie en su sano juicio entrena ciertas cosas a Nivel 5 en EVE Online. Conocí a una persona interesada en la música con instrumentos medievales que hizo su tesis de doctorado sobre la importancia de los gatos negros en la cultura medieval; hija de un millonario, claro. Entrenar “Takmahl Technology 5” en el juego es, a veces, contraproducente. El Nivel IV es mejor, e incluso nunca he tenido que usar el nivel III. Es el equivalente al doctorado en la importancia de los gatos negros.
Otro caso que recuerdo es el de una dama que conocí: estudió Biología Marina en una escuela de paga en la Ciudad de México, pero no quería mudarse de la ciudad para ejercer. O uno de los líderes de la secta, a quien le dio por llamarse a sí mismo «Licenciado en Astrofísica Onírica» y, en otra de sus identidades, decía ser abogado especialista en Derecho Informático por la UNAM, especialidad y cédula que no existían.
Aquí surge un derivado interesante sobre la fungibilidad o el intercambio de las cosas. Entre 2010 y 2011, una de las identidades de la secta se inventó una historia sobre europeos de una secta en el pueblo de Chipilo que usaban walkie-talkies. Era un indicio más de locura de los de la secta, y tan poco razonable que tenía que verificarlo. Parecía ser cuento chino y lo era, por lo mismo otra identidad probable y confirmada después. ¿Para que mentir? Dio la casualidad de que en esa época yo estaba desarrollando un sistema para detectar variaciones de temperatura en camiones refrigerados que transportaban leche a una fábrica. Hice una llamada a mi cliente y me dijeron que ellos vendían a empresas artesanales de quesos; además, me invitaron a ir a Chipilo esos días.
He visitado comunidades raras en el país, principalmente en Chiapas y Oaxaca, además de algunas en Guerrero, Puebla y Yucatán, absolutamente increíbles por lo surrealistas. Pero lo que encontré en Chipilo era más parecido a las comunidades Amish de Estados Unidos: un pueblo de unos 3 a 5 mil habitantes, descendientes de italianos, que efectivamente usaban walkie-talkies, pero debido a una señal de internet que entonces era infame y porque es lo habitual en las fábricas (celulares eran caros, frágiles e inútiles) Hay que ser claros: no puedes dejar celulares demasiado tiempo en un refrigerador; no son de uso rudo. Los recibos de roaming y la pérdida de señal siguen siendo problemas vigentes.
En la plática con las personas de una fábrica local surgió la oportunidad de hacer un demo sobre el mecanismo de cambios de temperatura y sus alertas. Surgió un detalle comercial normal y, cuando comenté sobre controles de inventarios en cámaras de refrigeración, el tema se extendió. Íbamos de pasada para una visita de una hora y terminamos yéndonos a altas horas de la noche. En los meses siguientes realicé proyectos de control de merma (cuando cortas mantequillas o quesos y no sabes cuánto servirá o cuánto se irá a la basura por daño estético), pero lo más interesante fue que de ahí surgió un cliente en Puebla.
Ese cliente es el que me interesa para esta narración. Una fábrica de quesos tenía un problema de 15 toneladas (rubro que yo ya conocía por mi trabajo en la Central de Abastos en el año 2000). El problema era, literalmente, un queso pecorino del que no conocían la calidad ni estaba rotulado por lote, fruto de diversos experimentos. Ese queso se conserva bien por años, pero algún idiota a cargo del área iba almacenando por fecha y no por lote, tina, tipo de queso ni receta.
Así, tenían el 40% de los bienes de la empresa concentrados en un producto que no podían vender, del que no sabían la calidad y que no era fungible. Hice un presupuesto y un plan de recuperación con un ingeniero químico, que incluía un sistema de jueces. El problema era que los costos para cumplir con las normas sanitarias más elementales volvían incosteable cualquier control de calidad.
No sé qué hicieron al final con esas quince toneladas de queso.
Aquel queso eran 15 toneladas y el cálculo entonces era de unos 200 mil USD. Las pruebas de calidad se enfocaban en el lote actual, pero el control del inventario estaba hecho solo en kilos. Al mismo tiempo, el producto ocupaba cámaras refrigeradas que costaban dinero. Hay cosas que no puedes conservar sin pagar el precio; el queso sin refrigeración se pierde. He estado en bodegas de galletas de 150 metros cuadrados por 12 de alto, llenas de galletas de animalitos que se vendían al gobierno. Allí, el costo no era solo el almacenamiento, sino las medidas de previsión ante las ratas.
La memoria es un bien similar. Hay cuidados que se deben tener con el cerebro basándose en la observación y notas propias (por eso sirven los libros de Plutarco y similares) que, aunque puedan tener cierto sesgo o subjetividad, son lo más razonable posible. Escribo este blog desde 2004 como un «palacio de la memoria», un almacén tanto de ideas como de sucesos. Hay que refrescar la memoria con baños de realidad y observación directa.
Otro caso: hace unos cinco meses, el sistema Kehjari en EVE Online tenía en baja seguridad la única fábrica a la redonda. Hice allí en solitario el 40% de las municiones que mencioné antes. Hace una semana, aprovechando el final del evento que facilita la logística, fui a ver si olvidaba algo.
Oh, oh… problemas. Había de 40 a 60 personas. Tres días seguidos en un sistema que comúnmente estaba vacío y no tiene nada especial. No hay registro de muertes de naves o NPC. ¿Qué estaban haciendo allí? Los índices industriales eran buenos, pero no estaban construyendo. Daré un vistazo más en dos semanas y otro en un mes y medio. La memoria me dice que es un buen lugar; la visibilidad me dice que hay peligro. Si ves a un vago en motocicleta a 15 metros delante de ti, no es paranoia: es el simple hecho de que nadie en su sano juicio hace tiempo en esa zona en una moto.
La memoria no es un bien tal cual. Debe ser tratada como un sistema de auditoría continua. Verificación de primera segunda y tercera mano, que además es necesaria para planes de contingencia. Si sabes lo que ganas no te compras un Iphone 25 que no necesitas ni te vas de vacaciones a Europa cuatro meses y te asustas con las tarejtas de crédito después. Son casos de problemas de memoria. La memoria y la realidad, simplemente son y alterarlas no sirve de nada.
Se conectan la termodinámica (el queso que se pudre), la seguridad física (el vago en la moto) y la inteligencia militar en EVE (el sistema Kehjari) en una sola lección de supervivencia.
La mayoría de los problemas de memoria que he visto vienen de personas que quieren sentirse muy listas y piensan que pueden mentirse sobre sus propios recursos. Se mienten sobre sentirse amados o sobre el uso eficiente de su tiempo. Crean historias falsas que ellos mismos terminan creyendo, pero que no resisten la menor verificación. Allí es donde aparecen las vidas desperdiciadas y las 15 toneladas de queso. Y los recibos de tarjeta de crédito o del internet que no pueden pagar por falta de previsión.
Mucho de mi razonamiento se basa en Santo Tomás: «ver para creer». Uso la observación directa y digital. En los juegos, consulto sitios de terceros para ver estadísticas de muertes y precios; eso me da una idea, pero la memoria debe ser verificada. A veces, simplemente debes contar.
Ahora mismo interactúo con cinco alianzas y tres personajes solitarios con reglas especiales. Son ocho grupos de personajes diferentes sin contacto entre sí. Tienen memoria, sus valores te llevan a la memoria y sus reglas también. Estoy en medio de asuntos similares al mundo real, donde la «memoria RAM» subió de precio: varios clientes del juego piden a mis industriales ciertas cosas. Se viene una guerra. La memoria no es intercambiable.
En los 90, hubo una serie de Punisher llamada War Zone (Diario de Guerra), escrita por Chuck Dixon. La idea de las entradas era similar a esto. A diferencia de otras personas, yo mantengo la realidad muy a la mano, aunque separada. La gente del trabajo debe saber de la secta en ocasiones, pero no tienen por qué saber otras cosas. Como cuando un tipo le levantó la mano a una cajera y acabó en el hospital porque yo lo mandé allí; él vivía con la «memoria» de que no pasaba nada. Para la cajera y para mí era obvio que su propia madre y su exnovio eran tóxicos, pero ellos tenían su propio manejo de la realidad.
Es un asunto de organización. De ahí viene la idea de la realidad sin concesiones. Tengo cosas pequeñas que hacer en el mundo real, pero crear planes de contingencia para la producción en tres alianzas a la vez y realizar el inventario de materiales es muy parecido a mi trabajo de sistemas y a mi formación contable.
Lo que importa es lo que haces, no lo que hiciste o lo que dices que hiciste. En este caso, lo que me toca es verificar mis inventarios y prepararme para la guerra. Al igual que las notas de Punisher War Zone tomaban sentido después, lo mismo pasó en Chipilo. Es exactamente lo que no hicieron aquellos que terminaron con 15 toneladas de queso inútil.
La solución pragmática erasimple. Anotar lo sucedido como era. Al igual que lo pragmático era entonces usar walkie-talkies en lugar de celulares. Y probablemente sigue siendo igual.