Finales del Evento

Tengo gustos simples.

Ayer tuvimos una reunión en una de mis casas con personas de «Ojos Alerta» (el grupo de los Azulejos). En la plática salieron varios temas sobre indicadores y, para explicar un punto, puse un ejemplo.

El 2001 fue para mí un año complicado. Una de las cosas que comenté es que, en ese entonces, una pizzería vendía pizzas tradicionales simples (nada de «dos por uno») la hawaiana grande costaba 50 pesos de aquel tiempo. Ayer, mientras comíamos unas pizzas cuadradas que venden unos vecinos a 330 pesos (éramos seis y compramos dos, así que fueron 660 pesos), pensaba que esos 16 USD realmente valen la pena por su calidad. La pizza de 4 USD no era mala tampoco.

Sin embargo, como parte de un experimento, cuando pasé a comprar papel higiénico a un Bodega Aurrerá sobre la carretera, vi una pizza de caja de pepperoni simple en 79 pesos. La compré y nos la comimos; no estaba mal. Pero hay tres detalles curiosos que comenté:

  1. Podemos decir que la calidad de la pizza de $50 de 2001 y la de $79 de 2026 es similar.

  2. Empecé a trabajar en 1991. Mi casa, donde fue la reunión, se construyó también en 1991. Aunque la compré hace menos de diez años, en su momento hice cuentas sobre cuántos meses de mi sueldo inicial se necesitaban para comprar esa casa (en su estado original, sin mejoras).

  3. Mi hija empezó a trabajar el año pasado. Da la casualidad de que, si proyectamos su sueldo por el número de meses del cálculo anterior, le bastaría para comprarse una casa simple en Atizapán u otras partes del Estado de México.

Mi hija, como muchos jóvenes, desperdicia su dinero. Yo conseguí un ascenso en mi trabajo el primer día y, para fines prácticos, al final de ese primer año (entre bonos y otras cosas) ganaba el triple o quizá el cuádruple. Además, hice trabajos adicionales en mi tiempo libre. El primer proyecto fuerte de sistemas que realicé fue en 1991: organizar una red Lantastic para una migración de SAT 92 y escaneos para discos láser. Éramos ocho personas; yo no estaba a cargo, pero ese dinero me sirvió para generar reservas.

Terminé ese año con casi dos años de mi sueldo original ahorrados, sumado a la venta de mi camioneta Ram Charger al llegar a México (comprada en Guadalajara con mi propio dinero). Mis fondos de reserva equivalían a tres años de sueldo original. Lo interesante es que, con poco más de eso y una diferencia de 1,000 USD (un mes de sueldo actual de entonces), me compré mi primera casa.

A lo que voy es que la situación de mi hija es similar. En aquella época de 1991 las pizzas no eran populares; se conocían, pero se popularizaron más o menos cuando abrió el Pizza Hut pequeño en Polanco, a la altura de París Londres. El uso de los recursos generacionales es diferente, pero incluso en 2001, cuando todo salió mal, había una equivalencia. Realmente las pizzas de $50 y la de $79 tenían buen sabor, aunque ahora, como adultos, podamos comprar las cuadradas de $330 (así como yo compraba Pizza Hut para mí solo en 1996 y 2002).

El fin y el principio

¿Qué tiene que ver esto con el final del evento? El I Ching tiene dos hexagramas, el 63 y el 64, que hablan de «después de la consumación» y «antes de la consumación». Como dice el libro, muchas veces hay que considerar las cosas como un nuevo principio. La mayoría de las personas caen en la trampa de esperar para «darse un premio». Yo raramente lo hago. Los regalos que doy a mi familia o parejas nunca son excesivos (ocasionalmente sí), pero son decentes; en cambio, mis autorregalos suelen costar una quinta parte de eso. Mi padre se regalaba libros; yo, por ejemplo, este fin de año regalé unos 2,500 a 3,000 pesos en la casa y mi autorregalo fueron algo de 400 pesos(el precio de venta al transferir / vender un personaje de eve online) y dos objetos útiles de 100.

He comprado celulares y computadoras nuevas, pero siempre como instrumentos de trabajo, no como premios. En 2017 armé una computadora estándar para estándares de EE. UU., pero comprada aquí en México por unos 1,500 USD. Sigue siendo mi «caballito de batalla» nueve años después. La compré porque preveía un aumento en el precio de la memoria RAM y armar un equipo con 32 GB en ese entonces era una buena idea. Hace tres semanas, por el mismo motivo, le añadí 8 GB extra por 600 MXN (para un total de 16 GB Kingston Fury) a una PC secundaria con cuatro monitores. No fue un premio, fue una inversión previendo un aumento. No fue un fin de ciclo, ni miedo.

Capacidad de trabajo, deseo de trabajo y previsión.

Movimientos en el vacío.

Mientras escribo esto, con la otra mano acaricio un perro y estoy volando en Eve Online. Son las 19:04 y llevo «Nanite Repair Paste», un producto especializado que fabrico en un lado del universo para llevarlo al otro. Tengo otros dos pilotos en automático. Hoy es el último día del evento de fin de año y la última oportunidad para realizar ciertas evacuaciones seguras (si sabes lo que haces) hasta finales de año. Ya saqué y vendí las naves que mencioné en otros posts (las Thorax y Cormorant). Saqué las municiones de lugar seguro, pero concentrarlas me tomará semanas. No tengo prisa. Eso me pasa por transformar casi un año de materiales / minerales en dos años de municiones, ambos a valor de venta. Al regresar de la venta de Nanite usaré el viaje de regreso para hacer un pequeño paso de la concentración de municiones para no moverme en blanco. Aprovechar el tiempo en la medida de lo posible, por previsión. En unos meses las municiones se habrán ordenado solas en apariencia.

Mi nave de transporte simple, una Occator, espera mi siguiente movimiento; tengo menos de un minuto para decidir. No grabo la imagen porque mi monitor de 25 pulgadas (modelo 2015) generaría un archivo de más de 3 MB, demasiado grande para los estándares de WordPress.

Voy haciendo aproximaciones sucesivas. Realizo pequeños movimientos con la nave, como en un coche: aunque tenga la vista en la pantalla o en la carretera, la memoria corporal y la inercia mueven tanto la nave como la vida de varias personas.

Me explico: el año pasado, el «cliente de los monolitos» no me pagó durante cinco meses. Pero yo no vivía de ese dinero; para mí era un extra equivalente a unos diez meses del sueldo inicial de mi hija, pero un ingreso secundario al fin. No me muevo por codicia ni por la falacia del «costo hundido». Me muevo por honor, valores y, a veces, por previsión razonable.

Por ejemplo, llevo semanas con una presentación y levantando servidores secundarios para un cliente eventual, lo cual me impidió dedicar tiempo a lo que quería hacer en Eve Online. Tengo un personaje donde concentro industria y recursos, pero tenía pertenencias en cuatro lugares muy peligrosos y unos veinte medianamente peligrosos. El lugar más crítico ahora es donde se mueven los restos de Pandemic Horde. Moverme allí no tiene sentido; no porque sean enemigos, sino porque si vas a hacer algo que requiere 80 viajes en silencio y vale unos cinco meses de suscripción, no lo puedes hacer en sistema donde hay 200 pilotos en promedio, mitad amigos mitad enemigos con cualquiera de mis personajes, así que no hay prisa, me haya pagado el cliente o no.

En otro de los lugares peligrosos decidí no hacer nada por la logística de este cliente y dejé ahí el equivalente a una semana de suscripción. Haré preparativos y lo sacaré el próximo año. Aun así, todos los objetivos pequeños se cumplieron, mantuve mi mente en paz y logré el 85% de lo que quería hacer.

Sí, el fin de año es un nuevo principio. Pero no me preocupo. Es, como comentaba ayer, un túnel que es a la vez presente, pasado y futuro, guiado siempre por los mismos valores.

Capacidad de trabajo, deseo de trabajo y previsión.