Explosión de tanque de gas en un supermercado

Disclaimer

Este texto constituye un testimonio personal y anecdótico del autor, basado en recuerdos de hechos vividos en 1991. Se centra en un suceso trágico y en la reflexión posterior sobre la indiferencia del Estado.

Debe leerse como una crónica personal, no como un registro histórico ni como un reportaje. Debido al tiempo transcurrido y a la ausencia de evidencia pública digital que respalde directamente la narración, el relato se limita a la memoria emocional y sensorial del autor.

Nota sobre los datos: Los nombres de personas, lugares o entidades han sido anonimizados o modificados para preservar la privacidad de los involucrados. Aunque debe considerarse un relato de ficción, existe un trasfondo real que inspira su contenido.

En la vida real, entre el año 1991 o, a más tardar, 1992, ocurrió una explosión silenciada en un supermercado de la Plaza Tulyehualco, una marca comercial que aún existe en 2025.

En ese tiempo yo trabajaba En supermercados y en mi área, con puesto de mando estábamos dos hombres. Juan y yo, que entonces tenía 19 años o 20. Considerando que Juan estaba presente y el se fué a otro puesto en otra tienda y cadena (donde lo pasaron como auditor después) puedo centrar la fecha sin duda en ese período de tiempo y mas probable 1991.

Esa cadena de supermercados hacía un simulacro al día, por lo menos donde yo estaba. Incendios, RC, infarto, robo, primeros auxilios… rara vez evacuación. Pero yo pertenecía como hombre con puesto de mando a la brigada de incendios. Normalmente usaba traje y como solía tener en mano llaves para apoyo en cajas (lo cual era puesto de mando) y que mi primer ascenso me lo dieron el mismo dia que me contrataron en mayo 1991, por encontrar un robo con los rollos de auditoría, pues era mas o menos conocido. No tanto como lo sería después. Me tocó ir a cursos e incendios grandes. Los de atizapán de bomberos unas seis veces. Cursos de actualización unas nueve. No solo por mi brigada sino por puesto.

Es importante destacar que una de las cosas que hacía Juan era controlar a los adolescentes empacadores(as) de la tienda. Y no era algo fácil. Eso incluía ciertos controles ante STPS. Es importante para la historia.

Una noche a eso de las ocho de la noche, por alguna razón salí temprano y me fui a mi casa. Casi siempre yo «cerraba» lo que significaba que salía a las 22:00 horas mas o menos. Un trabajo bueno, aprendí mucho del trato con la gente. Cuando sucedió esto yo tenía ya cierta fama por poder «cerrar solo» lo que significa que incluso si faltaban los supervisores/as y jefes de cajas podía arreglarmelas, y además ya estaba haciendo nóminas en Lotus 123.  Se sabía que manejaba contabilidad, computadoras y manejo de dinero y toda el área de lo que entonces llamábamos A3.

El caso es que esa noche alguien me habló, no me acuerdo si de la tienda o del corporativo para confirmar si tenía coche, y si podía ir al dia siguiente a apoyar en un problema fuerte en la tienda Tulyehualco. Que me llevara ropa que se pudiera ensuciar o romper, mi coche y que pasara por Juan (que ya había tomado cursos de incendios y era mas antiguo que yo pero estábamos en otro nivel de puestos).

Al día siguiente pasé por Juan. Yo llevaba unos jeans y una sudadera; ropa normal. Un detalle importante es que mi coche, un modelo de unos diez años, era mejor que los autos de gerencia de varias tiendas (una historia larga que encaja en el trasfondo de mi posición en la empresa y porqué estaba yo allí).

Pasé por Juan a la tienda y manejé una hora y media mas o menos en lo que llegaba al lugar y lo encontraba. Época  de las Guias ROJI. Al llegar me hicieron orillarme, donde ya se veían varias patrullas, camiones blancos tipo forense, unos cuantos reporteros, y la presencia más notoria: unos 30 a 40 guaruras dando vueltas a pie por el perímetro con walkie-talkies.

Después de unos quince minutos nos dejaron pasar, después que mostré mi credencial de empleado y la de jefe de brigada de incendios. Una vez dentro, nos acercamos  a la entrada del público y habían manchas de sangre en el piso. No pocas. Los vidrios estaban rotos, el espacio cubierto con tablas. Muchas tablas. Una de las manchas estaba por la puerta principal y parecía un brochazo de pintura o lo que pasa cuando vez picadillo en el piso pero negruzco. Una persona de allí conocía a Juan.

Máquina registradora Sweda antiga no estado - Equipamentos Para ...

Versión que nos dieron:

  • En el piso de abajo , debajo de las cajas registradoras había un cuarto de mantenimiento. Mantenimiento metió un tanque de gas de 45 kilos y explotó a eso de las 20.45
  • La explosión provocó problema en el cuarto de junto, pero un chorro de gas o la onda de choque pasó por una manguera de respiración e hizo volar toda la línea de cajas, que era una de Marca SWEDA de color crema que nosotros conocíamos, de esas de corte X y Z y del lado izquierdo dos rollos de ticket para clientes y auditoría. No encontré una foto exacta pero si una muy parecida. Está arriba. Reacción en cadena de estallido de cajas probablemente es lo que  voló los vidrios exteriores.
  • Historia extraoficial:
    • Varios muertos irreconocibles en área de cajas
    • El gerente que solía estar en cajas fue a contestar el teléfono a Gerencia (del otro lado completamente), por llamada de su esposa y no estaba cuando voló toda la línea.
    • Las cajas estallaron
    • Un supervisor desfigurado, le brincó la registradora en que estaba haciendo una cancelación. Plástico y metal fundido.
    • Un policía bancario decapitado por el estallido de los vidrios de entrada
    • Una muchacha perdió las dos piernas.
    • Una chica de venta de lotería instantánea (habían stands) se salvó con lesiones menores de milagro. Iba caminando y La onda de choque la lanzó tres metros adelante a través del vidrio de caja general, pero alcanzó a meter las manos, Se lastimó de la caída y cortes. Iba a cubrir a otra esa día.
    • Una cajera se le cayó una moneda y se agachó justo cuando fue la explosión que la lanzó contra la otra caja, su cliente murió y el que estaba en la otra fila le cayó a ella el brazo encima y unas cervezas que estaba pagando. En esa época se vendían caguamas. Ilesa pero en shock.

Nosotros no entramos a la tienda. Nos pidieron que diéramos vueltas al perímetro, por donde habían unas jardineras (macetas externas) y ver si encontrábamos vales de despensa, rollos de cajas registradoras o algo. Estuvimos allí unas tres o o cuatro horas. Yo encontré tres rollos de auditoría, el equivalente de 1000 a 2000 USD de entonces en vales de despensa (efectivale  o uno de esos) quemados , todo desperdigado.

Y un dedo.

Juan encontró algo gelatinoso a unos metros de donde estaba la mancha del piso , ese algo estaba lleno de moscas y parecía ostiones. Un ojo ?

Oficialmente no pasó nada. Jamas existió

Juan si entró a la tienda para ir al baño, y le confirmaron de la explosión de cajas.  me dijo que había mucha sangre dentro.

Y que tenían un lio fenomenal. La chica que perdió las dos piernas, era una empacadora de quince años en su primer día de trabajo. Que entre todo el desastre no aparecían sus papeles y el área donde solía estar el supervisor, por la caja de panamericano, estaba destruida y saqueada.

Así que había una muchacha en el hospital que nadie sabía quien era.

Dos días después, ya en nuestra tienda, Juan me preguntó qué podíamos hacer. La oficina ya le había preguntado por la empacadora de quince años. Ya estaba identificada y con sus familiares; lo del supervisor desfigurado y la chica de lotería también se había confirmado. Yo había ayudado a Juan con los trámites de la STPS (Secretaría del Trabajo y Previsión Social) antes, y sabía que el proceso era sencillo: al inicio de cada mes, se llevaba a la STPS en Pino Suárez una lista de empacadores, con nombre y edad, para que la foliaran manualmente.

Le dije a Juan mi idea y él consultó con la oficina. Nos dieron luz verde para actuar con discreción.

Al día siguiente, alguien fue a la STPS de siempre, llevando unas Coca-Colas frías y algo de dinero. Dijeron que se  habían olvidado poner el nombre de una empacadora en la lista, y pidieron ayuda para cambiar la fecha del foliador manual para incluirla. Accedieron sin problemas y rechazaron las Coca-Colas, por lo que sé

Ya con la hoja foliada la llevaron a no sé dónde. El estado no revisa los papeles. Me di cuenta de que si pasan cosas malas a la gente buena, el sistema no está diseñado para protegerlos, sino para gestionar la burocracia mínima.

Esta indiferencia no fue solo estatal. Durante la semana siguiente, directivos en grupos de tres camiones blindados de Panamericano vinieron diariamente a nuestra tienda (y a otras, me consta) a llevarse el dinero en efectivo, asegurando el activo de la empresa mientras el horror se barría bajo la alfombra. El dinero era , en esencia, para comprar silencio de alguien.

Oficialmente nunca pasó nada. Jamás existió.

Pero hubo varios muertos, clientes, sin identificar.